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Internet, música, fama con St Vincent

Annie Clark es tan ambigua e hipnótica como sus canciones.

por Wendy Syfret
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23 Febrero 2015, 10:05am

Photo by Ben Thomson

Desde su debut en 2007 con el álbum Marry Me, Annie Clark, St Vicent ha demostrado su habilidad para cambiar de tema con facilidad; en sus trabajos sus reflexiones transitan de un extremo a otro mientras su voz te acompaña a través de todo el viaje. En su álbum St Vincent, fue Annie Clark en su versión más visceral. Nos advirtió sobre falsos profetas, mesías digitales y sobre esas personas que nos romperán el corazón. Contó historias y dio su opinión, pero nunca con la intención de sermonear a nadie. Intentó dar lo mejor de sí como artista y permitir que los fans tuvierann todo el protagonismo.

Tus shows son hipnóticos e intensos, ¿es difícil mantenerte física y emocionalmente así para cada actuación?
Lo mejor de estar de gira es que tienes una oportunidad para descargar toda esa energía, ya sea emocional o física. De hecho resulta mucho más difícil estar parada.

Supongo que cuando no estás de gira tienes que encontrar otras formas de expulsar esa energía.
Sí, tengo que hacerlo. Lo hago de muchas maneras.

¿Qué es lo que haces?
Cosas de las que no hablo.

¿Te cansas de tus propias canciones?
No, en absoluto. Siempre me emociona pensar en el trabajo creativo que está por venir. Tengo un ojo en el futuro constantemente. Mis canciones son divertidas: la clave es convertir mi música en una experiencia en la que el público pueda interactura, y toda esta labor me mantiene ocupada. 

¿Cuál fue la última actuación que te marcó como espectadora?
Swans, verlos fue una experiencia intensa. Tienen un directo espeluznante y un compromiso con la música elevado a otra nivel. No sólo es la actuación, sino que ponen un esfuerzo físico al tocar realmente increíble.

Cuando ves un concierto como ese, ¿puedes desconectar o piensas en tus propias actuaciones?
Estoy totalmente sumergida, me recarga las pilas. Aumenta mi adrenalina y mi agresividad, y me dan más ganas de tocar. Es como un exorcismo, cuando me sucede resulta verdaderamente gratificante.

¿Cuándo tocas descargas tu energía interna o reacciones según el público?
Varía según la actuación. He tenido la oportunidad de estar en el escenario y sentirme súper presente emocionalmente, sentir a la gente de verdad. Es algo intuitivo, difícil de explicar. Termina sonando muy new age cuando lo cuentas...

¿Definirías tu conexión con el público en esos momentos como confesional?
Creo que, a veces, la gente describe la música como confesional solo para relacionarlo con artistas femeninas. No suelo escucharlo en relación a los hombres. Y creo que hay algo ligeramente peyorativo acerca del término "confesional". Lo que hace es que da por sentado de una manera sexista esta idea tan arraigada en la cultura, sobre que a las mujeres les falta imaginación para escribir sobre otra cosa que no sea una narrativa exacta y literal de sus vidas. Y eso no es cierto.

En pleno tour de prensa y entrevistas debes estar escuchando muchas reflexiones distintas acerca de tu música. ¿Escuchas alguna que sea bastante recurrente y que realmente te afecte?
Todos estamos en una situación donde vemos nuestro reflejo en versión digital. Todo el mundo -no importa a qué te dediques- tiene que lidiar con eso. A menos que estés fuera de Internet, tienes que aprender a lidiar con esa versión de realidad alternativa de uno mismo.

Al ser músico, parte de mi vocación es estar frente a la gente, frente a los medios, y ser en esencia la portavoz de mi música. Me siento bien con eso; no me siento incómoda en absoluto con ello. No me siento diferente a cualquier otra persona al entrar a ese cuarto digital de espejos distorsionados. Creo que lo que al final importa, y por lo que me siento más afortunada, es que he realizado una serie de álbumes que me han convertido en lo que soy hoy en día. Cuando leo algo que no refleja lo que soy no me importa. No me afecta. Sé quién soy y lo que soy capaz de hacer. No me importa lo que otra gente piense de mí.

Y esto se aplica también a la música. Cuando la gente pone tu álbum escucha lo que quiere escuchar. Es tanto una reflexión personal de sí misma como una reflexión del artista. Eso es lo milagroso: comienza de una manera y puede terminar de muchas otras. Realmente no hay un punto final, porque te estás involucrando en la vida y deseos de otras personas. Es bastante cómico y reafirmante.

Y supongo que con la música sucede lo mismo, cuando la gente escucha tu álbum lo hace porque es lo que quieren escuchar. Es como tu bien has dicho una reafirmación de sí misma.
Quiero decir con esto lo milagroso que resulta: algo comienza con una persona y finaliza en muchos otros puntos. O no finaliza, porque está continuamente reavivándose con muchas otras personas con vidas y conciencias diferentes. Es una bella y cómica forma de ver la vida.

¿Qué es lo que te gustaría que la gente te preguntara?
Hay un par de cosas importantes. Por una parte, honestamente preferiría hablar de la vida de otra persona que de la mía. Pero me di cuenta de que esa no es la cuestión: no es por eso por lo que estamos hablando ahora mismo. Y eso resulta molesto. Bueno, no es molesto, es genial que quieras hablar conmigo. Aunque no me gusta demasiado hablar sobre mí, tampoco soy tan arrogante como para quejarme por ello. (Risas) Mucha gente trabaja a destajo a diario por estar en mi situación, así que soy feliz por tener la oportunidad de hablar sobre lo que hago.

Me gusta eso. Creo que es una manera muy abierta de verlo.
Sí, muchos artistas jóvenes con los que hablo piensan y sienten que la prensa les daña. A veces me apetece sentarme frente a ellos y decirles: ¿Quieres una carrera musical o no la quieres? Porque si quieres una carrera, entonces deberías empezar a contestar el teléfono.

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Texto Wendy Syfret
Fotografía Ben Thomson
Agradecimientos a Melbourne Museum