el acceso a la primera fila de los desfiles de moda

Las 'celebrities' han invadido todas las áreas de la moda y la pasarela ya no le importa a nadie: ahora todas las cámaras apuntan a la primera fila de los desfiles. En i-D investigamos sobre el drama que se genera en torno a los asientos más cotizados...

|
17 marzo 2015, 11:53am

Photo by Dimitrios Kambouris/Getty Images for adidas

¿En qué lugar del mundo podemos encontrar a Kanye sentado con Anna Wintour, a Katy Perry charlando con Kris Jenner o a Cara Delevingne cuchicheando con Kate Moss? La respuesta es muy sencilla: las primeras filas de los desfiles se han convertido en el centro neurálgico de las semanas de la moda. Una reunión de famosos y blogueros de influencia que comparten asiento -que más que para sentarse, es para dejarse ver- en un orden casi estamental. Solo hay que recordar la primera fila de los premios de la moda de Los Angeles: Miley Cyrus, Rihanna, Jeremy Scott, Katy Perry y Kanye West vestidos en perfecta sintonía y acaparando -literalmente- todos los flashes de la sala.

Pero no siempre ha sido así. Años atrás, el front row era aquella fila a pie de pasarela en el que la gente iba a ver el desfile. Es cierto que siempre ha sido un símbolo de estatus social, pero también un lugar donde gozar de unas vistas privilegiada de la ropa. Aunque esta temporada ha estado un poco menos saturada de famosos, no hemos podido evitar hacernos la misma pregunta los minutos previos al desfile: "Quién será el que colapse la entrada de fotógrafos esta vez?".

Fotografía Reg Lancaster/Getty Images

Al igual que la moda y las pasarelas, la primera fila también tiene su historia. En la primera mitad del siglo XX, las maisons parisinas celebraban sus shows en salones para exponer sus colecciones a los compradores y a las it-girls de la época. Después, algunos grandes almacenes americanos como Ehrich Brothers empezaron a hacer sus propios desfiles para sus clientes pero a mayor escala y, poco a poco, las actrices de Hollywood fueron apareciendo por las semanas de la moda -como una maravillosa Barbra Streisand vestida de leopardo en el desfile de Chanel de 1966-. La tendencia fue creciendo a lo largo de los 70 y los 80 pero la aparición de las supermodelos de los 90 fue el súmmum de este nuevo fenómeno: de Debbie Harry [Blondie] a Madonna. Los 2000 fueron la década de los blogueros y ahora todo se ha reducido a la santísima trinidad: Kim, Kanye y Rihanna.

Soon-Yi Previn, Woody Allen, Dorthea Hurley, Bon Jovi, Elizabeth Hurley y Hugh Grant en Versace, 1996. © Patrick McMullan

"Siempre ha habido un 'invitado de honor' a la primera fila de los desfiles -ese alguien importante en la vida personal del diseñador- pero lo cierto es que solía ser su madre o su hermana. Creo que con Halston y Warhol en los 70 la cosa empezó a cambiar y la lista de invitados se empezó a poner interesante", asegura Patrick McMullan -el famoso fotógrafo de los famosos en los 90-. En los 70 y los 80 eran un evento puramente profesional para clientes y periodistas con sus libretas echando humo: "era la única forma de grabar todo lo que estabas viendo en la pasarela. Es un arte que se ha perdido.", nos cuenta Stephanie Solomon -la vicepresidenta de los grandes almacenes Lord & Taylor-. "Cuando tenías que anotar comentarios sobre las prendas, prestabas atención y diseccionabas la colección. Ahora, con los móviles, la gente ni siquiera mira directamente a la pasarela: lo hacen a través del objetivo de la cámara". 

Antes de la aparición de las estrellas del street style y de esta nueva horda de famosos como los reyes de la primera fila, la moda tenía sus normas. El estilo estaba mucho más sometido: el negro era riguroso y el buen gusto abundaba en la sala. La primera fila se volvió interesante porque los medios de comunicación empezaron a interesarse en esa zona del desfile y a crear contenidos sobre el tema. "Cuando empecé a hacer fotos en los 90, me iba directo a la primera fila. Me fascinaba retratar todo lo que hacía la gente mientras esperaba a que las chicas se acabaran de vestir pero en aquella época no había forma de vender esas fotos porque no había ningún medio al que le interesasen" nos confiesa McMullan.

Durante esos años, McMullan empezó a trabajar con el fotógrafo francés Gauthier Gallet -que captó la esencia de los 90 y de principios de los 2000 a través de su objetivo-. Aunque Gallet murió en un trágico accidente de moto en 2003, su obra seguirá viva siempre en sus libros de culto. Retrató la primera fila y el backstage de casi todos los desfiles durante más de una década y nos proporcionó un pase VIP a los rincones más exclusivos de la industria. Capturó algunos de los momentos más emblemáticos de la historia de la moda pero en su legado nos dejó una idea mucho más importante: la gente en la que hay que fijarse no desfila en la pasarela.

En los años de máximo esplendor de McMullan y Gallet, el fenómeno de los famosos en la moda empezó a convertirse en algo real. "A finales de los 90, los relaciones públicas me decían: 'asegúrate de que esta chica sale en las fotos'. Normalmente, intentan sentar a las famosas en grupos de tres por la sinergia que se crea entre ellas", nos cuenta McMullan.

Sean P. Diddy Combs y Nicky y Paris Hilton en el desfile de Luca Luca, 2002 © Patrick McMullan

A principios de los 2000, blogueros de la talla de Susie Lau y Bryanboy llenaban el cupo de la primera fila. Fueron toda una revolución en las semanas de la moda" asegura Alessandro Garofalo -el fotógrafo de los front rows de style.com-. "Nunca repiten modelito y tienen una imagen muy potente: a veces más estrambótica y otras más minimalista pero siempre consiguen atraer todas las miradas". Tavi Gevinson en el desfile de alta costura de Dior en 2010 es el mejor ejemplo: su gigantesco lazo fue mucho más comentado que toda la colección [sí, esa que no pudieron ver los que estaban sentados detrás del lazo]. Esa prenda era toda una declaración de intenciones: los blogueros no son siempre caras conocidas pero su afán de protagonismo es mucho mayor. Cuando tus cuentas en las redes sociales alcanzan ciertas cifras [Susie tiene 254.000 seguidores en Twitter y Bryanboy, 569.000], a las firmas se les nubla la vista y empiezan a ver el símbolo del euro por todas partes.

Si nos paramos a mirar las fotos de Gallet, solo vemos a gente camuflada de negro y -de vez en cuando- el vestido ceñido con estampado de leopardo de Paris Hilton: la primera fila no era un escenario. Siempre ha sido tradición llevar ropa del diseñador del desfile al que vas a asistir pero ahora casi parece una norma impuesta por las agencias de relaciones públicas. Ahora las famosas cobran por sentarse a ver las propuestas de los diseñadores y por lucir vestidos que las firmas les regalan: Kate Hudson estaba muy mona con ese vestido de flores en Michael Kors y Katy Perry -supuestamente- acertó con su "baby hair" en Givenchy. La gente se está dando cuenta de que es un tremendo error no aprovecharse de la repercusión que da sentarse en una primera fila.

Por tanto, ¿qué futuro le espera al front row? Hace poco pudimos ver las imágenes de unas cámaras grabando desde el aire las calles de Nueva York en la semana de la moda, ¿por que no hacer lo mismo dentro del recinto? Justin Bieber apareció con un par de adidas Yeezy al desfile de la colección de Kanye West: puede que algún día los diseños los lleven los invitados importantes en lugar de las modelos.

La temporada pasada pudimos ver a la esposa del alcalde de Nueva York en el desfile de Ralph Lauren… ¿podría ser Michelle Obama la próxima en acaparar todos los flashes en Alexander Wang? La moda no tiene límites y es un universo en el que el poder se mide a través del teléfono móvil.

No te pierdas:
*¿Deberíamos excluir a los blogueros de los desfiles de moda?
*Los editores de moda son los nuevos blogueros

Recomendados


Texto Austen Leah Rosenfeld