j.w. anderson es el diseñador de toda una generación

La firma líder del lujo español nombró a Jonathan Anderson director creativo en 2013 y, desde entonces, su visión conceptual de la moda le ha convertido en la última superestrella de la industria. En i-D hemos hablado con el diseñador británico...

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abr. 23 2015, 10:00am

Parece que 2015 va a ser el año de J.W. Anderson. Desde que el equipo de Loewe le nombrara director creativo en 2013, su vida ha estado repleta de reuniones, vuelos, hoteles y colecciones, pero nos confiesa que le encanta su ritmo de vida. Vestido con unos vaqueros y unas Converse de toda la vida, Jonathan nos recibe en su estudio: un soleado almacén reformado de tres plantas en Hackney, al este de Londres. A medida que vamos hablando, descubrimos lo mucho que le ha aportado estar al cargo de dos de las firmas con más éxito del momento. "Poco a poco, he ido adquiriendo disciplina. Como un atleta. Aunque todavía no me he librado del tabaco, me levanto cada día a las 6 de la mañana, voy al gimnasio y he aprendido que comer chocolate y beber litros de café no es la solución para estar activo a todas horas", nos confiesa el diseñador británico.

"A todas horas" es probablemente la frase que mejor describe a Jonathan. Desde que debutara en la industria de la moda en 2008 con su propia firma masculina, ha trabajado sin descanso para convertirse en el nuevo referente de la moda. Las colecciones de J.W.Anderson son las más esperadas de la semana de la moda de Londres, su trabajo en Loewe -aunque no ha hecho más que empezar- ha vuelto a poner a la firma de lujo española en el mapa y el diseñador británico se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales de la industria.

Ahora, Jonathan vive a caballo entre Londres -donde trabaja en su propia marca- y París, que es donde se encuentra la nueva sede de Loewe. "Los diseñadores no podemos tener un mal día. Tienes que estar siempre al 100% con todos los equipos y en todas las reuniones. Hay que ser positivo porque, cuando estás al cargo de una firma de esta envergadura necesitas tener mucha disciplina", nos cuenta. Al frente de dos marcas (que ofrecen una línea masculina y otra femenina) y contando las propuestas pretemporada y las líneas crucero, Jonathan diseña un total de 10 -maravillosas- colecciones al año. Algo que haría entrar en pánico a cualquiera, pero no al nuevo niño mimado de la moda. "No puedo soportar el aburrimiento. Desde muy pequeño, me encanta la adrenalina. Puede que en 10 años no me guste tanto, pero de momento estoy disfrutando mucho. Me encantan los retos y mi cerebro no para de crecer y crecer. ¡Es genial!", explica Anderson.

Como ya nos tiene acostumbrados, su entrada a Loewe como director creativo se convirtió en una apuesta al "todo o nada". "Estudié las estrategias que había adoptado Loewe en el pasado al mando de otros diseñador y llegué a la conclusión de que el cambio tenía que ser mucho más radical. Incluso cambié el logo para devolverle a la marca su esencia. Sí, Loewe es una casa que se dedica a la piel, pero no se puede sostener únicamente a base de cuero", nos confiesa.
Para cambiar el rumbo de la firma, Anderson acudió a los directores de arte Augustyniak y Michael Amzalag de M/M (Paris). Lo primero que reconstruyeron fue el logo inspirándose en una tipografía creada por el alemán Berthold Wolpe. Su nueva imagen es moderna e igual de emblemática sin perder un ápice de su alma española. Un trabajo brillante: "Impacta. Es fresco y moderno, pero no demasiado: intentamos crear un equilibrio".

Una vez acabada la nueva imagen corporativa, Jonathan empezó a modificar el resto de la marca. Trasladó su sede de operaciones de Madrid a París, reclutó a todo un ejercito de nuevos diseñadores y se pasó semanas investigando el archivo de la marca para entender su verdadera identidad. "Quería incluir a mucha gente nueva y tenía a muchos diseñadores en mi lista de favoritos. Fue genial contactar con ellos y decirles: ¡Vamos! ¡A por el dream team! Confío en Loewe al mil por ciento. Sabía desde el principio donde quería que estuviese en cinco años y creo que lo estamos consiguiendo.

La espíritu de Jonathan se refleja a la perfección en el imaginario que ha creado para la firma. Desde las campañas publicitarias a los lookbooks, en algo más de un año, ha construido una identidad un hombre y una mujer Loewe totalmente nuevos y diferentes el uno del otro, ¡y nos ha dejado impresionados! Para su primera campaña, Jonathan quiso recuperar una sesión de fotos de Steven Meisel de 1997 para Vogue Italia (que incluía tops como Amber Valletta y Maggie Rizer) y la combinó con otras imágenes más contemporáneas. "Estoy muy orgulloso de esa campaña. Poder usar imágenes del pasado sin que te produzcan nostalgia es una forma completamente distinta de entender la publicidad de moda", explica. Para su colección p/v'15, Jonathan ha vuelto a colaborar con el fotógrafo americano en una campaña en la que aparece el mismísimo Steven Meisel besando a un desconocido y que ya ha pasado a la historia reciente de la moda.

La interacción y la experimentación son los puntos fuertes de Jonathan Anderson. Justo al estilista Benjamin Bruno y el fotógrafo Jamie Hawkesworth, el diseñador nos presentó su primera colección masculina con un libro de edición limitada. Es decir, un objeto de deseo solo apto para coleccionistas. "Buscaba una nueva forma de entender el armario masculino, por eso opté por no hacer un desfile tradicional. Tenía más sentido hacer un libro o una publicación, porque los diseñadores estamos empezando a manipular la moda masculina", confiesa.

Por lo contrario, para su primera propuesta para la línea femenina de Loewe, Jonathan citó a todo el mundo en el edificio de la UNESCO de París el pasado septiembre. Los asistentes al desfile se quedaron fascinados de disfrutar de disfrutar de su debut rodeados de esculturas y jardines. Julia Nobis abrió el desfile enfundada en un vestido formado a base de parches de piel de ante color arena. Las faldas con cortes diagonales y los jerseys con reminiscencias al arte japonés se centraban en las texturas: naturales, orgánicas, sensuales y perfectamente deshilachadas. Pantalones de cuero en todos los colores y una serie de camisetas de seda en las que pudimos ver representadas algunos cotos de caza sacados del archivo de la firma. Sobre el nuevo rumbo de la firma, nos cuenta: "Solo fue el principio. Nos llevará unos cinco años acabar de definir a la mujer Loewe. Habrá temporadas en las que sea más orgánica, otras más dura, en algunas colecciones habrá cuero, en otras será puro algodón… El público de hoy en día quiere algo nuevo, porque en la novedad está la clave".

Después de varios cafés, discutimos sobre cómo trabajar para una firma del grupo LVMH ha afectado a su proceso de trabajo, su opinión sobre la escena actual de la industria y sobre el impacto de la era digital en el diseño contemporáneo.

¿Lees las críticas de que hacen de tus colecciones?
Sí. Hace un año y medio dejé de hacerlo una temporada porque no sabía qué opinión me importaba realmente. Ahora me he vuelto más "zen" y después del desfile, tanto el equipo como yo, las vamos leyendo a medida que salen. Si el análisis de la colección está bien escrito y es constructivo, entonces sabes que la gente espera más de ti. A veces es difícil averiguar qué trata de decir el periodista que escribe con un tono narcisista porque centra el protagonismo en sí mismo. Todo tiene su lado bueno y su lado malo, y a veces se nos olvida.

¿Crees que la crítica de moda es importante para la industria?
La crítica es esencial. Es la única herramienta reguladora y es muy necesaria; especialmente en un mundo dominado por la publicidad. Para mí, tanto la mala como la buena prensa son igual de importantes. A veces, las críticas más impactantes que hemos recibido son las de nuestros mejores desfiles y es porque no tienen sentido hasta un tiempo después, lo que es genial. Por ejemplo, me encanta Suzy Menkes porque realmente tiene una opinión relevante. Leer una crítica escrita por alguien que es una leyenda de la moda es muy emocionante. Deberían haber más periodistas trabajando en las publicaciones de moda. Sí, la moda es una pasarela -una estética, una colección…-, pero también es un gran negocio. Y eso no es arte.

¿La idea de moda como negocio es algo que has asimilado trabajando con el grupo LVMH o la tenías desde el principio?
Siempre he sido muy consciente de ello. Me encantaría ser artista, pero no lo soy. Yo hago cosas -bolsos, zapatos, camisas…- y todas tienen un valor que, con el paso del tiempo, va disminuyendo. Mi misión es venderte un sueño y hacer que te sientas mejor.

Volvamos al presente. ¿Qué papel crees que juega el mundo digital en la moda?
Lo cierto es que estoy muy familiarizado con el mundo digital. Se puede utilizar de una forma corporativa porque es un medio muy orgánico, pero lo que realmente me gusta de Internet es que le da mucho poder a las personas.

Se podría decir que el mundo digital le está arrebatando el poder a las revistas porque ahora los diseñadores pueden difundir su propio mensaje sin intermediarios.
Y es genial. Me gusta interactuar con el consumidor. Si les estoy vendiendo algo, tienen que saber cómo soy y cómo hago las cosas. Ahora, los diseñadores ya no quieren sentarse y ponerse a trabajar sin levantar la vista de la mesa. La gente ya no trabaja así. En el último año, mi vida ha cambiado completamente: tengo la agenda llena hasta finales de año. Todos los días.

¿Y no te vuelves loco?
No, porque no soy yo el que ocupa de la organización. La gente me dice dónde tengo que estar en todo momento y yo me encargo de llegar a tiempo. A veces tengo que parar y tratar de recordar dónde estoy.

Me lo puedo imaginar. Especialmente ahora que los diseñadores son mucho más que eso. Ahora eres un personaje público y a la vez la imagen de la marca.
Es mucha presión. Cuando estoy a Japón puedo llegar a hacer unas 20 o 30 entrevistas a la vez. Hay semanas en las que tengo 12 desfiles, o 12 sesiones de fotos. Mi trabajo no se reduce solo a Londres: está Taiwan, Latinoamérica, Estados Unidos, Canada… Hay muchos países y en todos tienes que estar dispuesto a todo. Hay que darlo todo en cada entrevista y en cada foto, pero es cierto que a veces te olvidas de quién eres.

¿Crees que los desfiles siguen siendo relevantes?
Ha habido momentos en los que he pensado que el concepto del desfile estaba a punto de morir. Es como el teatro: en cuanto apareció la industria cinematográfica, el teatro empezó a decaer. Pero creo que ahora el desfile ha vuelto a ganar repercusión debido a que las semanas de la moda cada vez son más espectaculares. Están las revistas pero también toda la cobertura que se hace en las redes sociales, los blogs de streetstyle… Nada más acabar el desfile, ya hay millones de fotos circulando por Internet y eso lo convierte en algo a tener en cuenta.

¿Te gusta involucrarte en los desfiles?
Me gusta porque es como una clausura. No es lo mismo que cuando se acaba una sesión de fotos. Cuando salgo a saludar, la colección se cierra, así que es hora de ponerse con la siguiente.

¿Cuál dirías que es la impresión más errónea que la gente se tiene de ti como diseñador?
La moda trata de convertirnos a todos en una especie de personalidad. La gente cree que soy un persona muy difícil de tratar, pero no me importa. Solo yo se lo que quiero. Hay mucha gente que cree que estoy obsesionado con el género, y lo cierto es que no. Me aburre muchísimo el género. Me gusta lo mundano, porque lo que hago es solo ropa, pero lo cierto es que el concepto de androginia me pone de los nervios.

Si pudieses cambiar algún aspecto de la industria de la moda, ¿qué sería?
Me gustaría ver a más gente joven en el mundo de la moda. Que la gente de mi generación cambie las cosas: necesitamos nuevos puntos de vista. El mundo y la forma en la que nos comunicamos ha cambiado y de eso se trata la moda. Las nuevas generaciones -que son las que están a empezando a consumir moda- ya no son como las anteriores. Tiene referentes muy distintos y si los editores y los diseñadores de moda no se adaptan a este nuevo lenguaje, nada funciona. Ha llegado la hora de que las cosas empiecen a cambiar. Nadie va a dejar que un chico de 12 años domine el mundo, pero espero que a los 30 nos den la oportunidad de empezar a hacerlo.

loewe.com

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Fotografía Willy Vanderperre
Estilismo Benjamin Bruno
Peluquería Mari Ohashi de LGA Management
Maquillaje Lynsey Alexander de Streeters
Técnico de uñas Anatole Rainey de Premier Hair And Make-Up
Escenografía Emma Roach de Streeters
Iluminación Romain Dubus
Asistente de fotografía Corentin Thevenet
Operador digital Olivier Looren de Dtouch.
Asistente de estilismo Natalie Cretella, Shaun Kong, Priscilla Teko, Sabrina Diamantopolous
Asistente de peluquería Rogerio Da Silva
Asistente de escenografía Warwick Turneroakes, John Karsenty
Producción Floriane Desperier
Modelos Louis Bauvir de Hakim Model Management. Nick M de Tomorrow is Another Day.
Colección womenswear primavera/verano'15 de Loewe