Imagen vía Instagram

el auge de los 'finstas' demuestra lo falsos que somos en internet

Los adolescentes comparten cómo la explosiva tendencia de cuentas falsas de Instagram juega con las ansiedades de nuestra generación en las redes sociales.

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abr. 23 2018, 9:23am

Imagen vía Instagram

Anoche, un amigo me envió un mensaje: "¿Cómo estás? He visto tus 'finstas'".

Mientras que mi Instagram real muestra una estética que nunca escatima en fotos a todo color de mí y mi vida en la ciudad, mi "Instagram falso" -o finsta- es un vórtice de selfies, memes y actualizaciones de vida cambiantes solo a la vista de mis amigos más cercanos. Es un fiel retrato de los altibajos de mi vida real, como un diario digital constantemente actualizado, mientras que mi Instagram personal es una presentación cuidada de cómo quiero que me vean.

Publico en mi cuenta real varias veces al mes y en la otra varias veces al día (o incluso cada hora). Casi todos mis amigos tienen finstas y tienen hábitos de publicación similares. Desplazarse por sus cuentas reales es un paseo por vidas aparentemente perfectas, mientras que esos mismos amigos están publicando instantáneas de corazones rotos.

Dirigiéndome a profesionales de redes sociales y a la Generación Z de cuatro continentes y doce ciudades, intenté llegar al corazón de nuestra dicotomía digital entre nuestra versión "falsa" y "real".

El verano pasado, un estudio descubrió que Instagram era la peor red social para nuestra salud mental. La aplicación centrada en la imagen se vinculó con altos niveles de ansiedad y depresión, y este estudio es una sorpresa para literalmente nadie.

Adam Alter, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de Irreversible: El auge de la tecnología adictiva y el negocio de mantenernos enganchados, explica: "Las personas curan sus feeds para mostrarles el mejor 1% de sus vidas a otros, dando la impresión de que sus vidas son mejor y más emocionante de lo que realmente son. Esto no es cierto en la misma medida para Facebook, Snapchat y Twitter, que tienen un propósito diferente e incluyen una gama más variada de contenido".

Klyn, un estudiante de psicología de Chicago, está de acuerdo. "Si la gente mirara mi finsta, nunca sería capaz de adivinar que estoy deprimido". Su feed une imágenes empapadas de sol con sesiones fotográficas profesionales e imágenes de fiestas, sin signos detectables de problemas de salud mental. Ella espera que avancemos "hacia una sociedad donde la gente se sienta cómoda siendo vulnerable", pero por ahora Klyn, y tantos otros, solo tienen sus finsta como espacio en línea para ser vulnerables.

Sin embargo, más allá de ser una herramienta para abrazar la vulnerabilidad, finsta también es una forma de llegar a todos tus amigos cercanos, todo a la vez. "Tengo a mis amigos de la escuela preparatoria, a mis amigos de toda la vida, a los de mi época en París", dice Nhyira, una estudiante de Georgetown. Con todos estos amigos internacionales, Nhyira me habló de las diferencias culturales en la forma en que usamos Finsta: "En Estados Unidos, los jóvenes generalmente usan Finsta para publicar fotos ridículas. De vuelta a casa, es una plataforma para que las personas publiquen sus fotos inapropiadas". En Accra, un lugar muy conservador, Finsta se convierte en un lugar para la autoexpresión en la forma en que una cuenta "real" no puede. Sophia, de Vietnam, explica que "las finstas americanas tienden a involucrarse mucho más y tienen mucho más equipaje emocional en comparación con mis amigos internacionales, que son menos serios y probablemente publican más fotos borrachos".

En finsta, indudablemente puede ser quien quiera ser. John, un fotógrafo con sede en Nueva York, salió en su finsta. "Solo quería que mis amigos más cercanos lo supieran", dice, encogiéndose de hombros.

Mientras tanto, en el mundo de las hermandades femeninas, los finstas pueden ser un desahogo a todo ese estrés causado por cómo las chicas juzgan a sus "hermanas". "Instagram juega un papel enorme, enorme", dice Sarah, de la Universidad de Arizona. "Observas el número de seguidores en la cuenta de cada persona y haces duros juicios rápidos. Eso lo es todo ahora. "Sarah también entra en el juego, a veces se arregla solo para hacerse una selfie, se pone las extensiones, se hace la foto e inmediatamente vuelve a la cama. "Las redes sociales son una forma de arte, y puedes engañar a todo el mundo".

Otra de mis amigas, Vienna, alguien a quien se podría llamar influencer, tiene un rinsta (cuenta real) que supera 70 veces en seguidores a su finsta. Para ella, más allá de usar un finsta como un "diario visual", ella lo utiliza como una forma de separar su "yo físico y emocional". Por su parte, la estudiante parisina Viona se hace eco de ese sentimiento, y habla sobre cómo el DM y el romance digital juegan un papel fundamental: "En Instagram, ocultas impresiones físicas y ocultas dimensiones de ti mismo, es imposible no hacerlo. Conocer gente en la vida real se ha convertido en una fantasía para nuestra generación".

Después de escuchar todas estas perspectivas, me pregunté seriamente si sería mejor para todos si combináramos nuestro yo físico y emocional y eliminaramos por completo las fintas. ¿Qué pasaría si todos fuéramos "reales" en nuestras cuentas reales, todo el tiempo?

Me dirigí a mi amiga Lili de Toronto para preguntarle por qué usa su cuenta real de la misma forma en que la mayoría de las personas usa un finsta, publicando regularmente sobre todo, desde el consumo de drogas hasta los breakdowns o el insomnio. "Quiero que mi cuenta principal sea una finsta", dice ella. Al hacer la elección simple pero compleja de no filtrar su contenido, está aliviando su ansiedad por las redes sociales. "Muchos de mis seguidores responden a mis publicaciones confesando que se sienten identificados conmigo, porque todos estamos pasando por lo mismo". Ella añade: "Los finstas son definitivamente un mecanismo de defensa, y no sé si es saludable. La mayoría de los mecanismos de afrontamiento no lo son".

Entonces, ¿deberíamos ser todos como Lili? Al deformar de tal forma nuestra identidad online, ¿estamos realmente perdiendo el control de nuestras identidades? ¿Nos estamos convirtiendo en marcas digitales, en lugar de personas totalmente dimensionales?

Quizás una forma de detonar estos dilemas es eliminar en masa nuestros finstas. Quizás si lo hiciéramos, aumentaríamos la conciencia sobre la salud mental (un problema que Instagram reconoce y planea asumir). Quizás nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás se harían más fuertes. Sin embargo, en otro nivel, tal vez es hora de darse cuenta de que es imposible ser "real" en una red social. Realmente no podemos representar nuestra angustia, dolor o amor a través de una imagen en una pantalla. No tenemos manera de decir cuánto tiempo llevó a alguien crear el título de una foto, o cuántos minutos pasó alguien haciéndose una selfie. No podemos saber si alguien está manipulando su imagen, o si son conscientes de que lo están haciendo. Nunca podremos saber de manera verificable si alguien está mintiendo en Instagram.

Las redes sociales son una forma de arte, y en 2018, nos guste o no, todos nos hemos convertido en artistas.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.