Fotografia di Mitchell Sams per Marc Jacobs

la primavera/verano 2018 de marc jacobs fue un viaje decadente a ninguna parte

Y sus accesorios fueron boas de plumas sintéticas y sandalias cubiertas de oropel.

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sep. 14 2017, 4:45pm

Fotografia di Mitchell Sams per Marc Jacobs

Marc Jacobs hace magia cuando diseña para su gente: la señorita Havishams, Edie Beales, y Zsa Zsa Gabor. Excéntricas mujeres cuya mística está entrelazada con algo melancólico, o incluso trágico. Mujeres que apenas pueden aferrarse a sus lentejuelas (como las lánguidas actrices de su show primavera/verano 2016 en el ya cerrado Ziegfeld Theatre). La heroína de esta temporada fue única en su clase. Parecía suspendida en unas vacaciones glamourosas y eternas.

En una regia procesión alrededor del amplio espacio del Park Avenue Armory, las modelos caminaron muy distanciadas y en silencio. No había música, ninguna melodía que nos transportara sugiriendo que nosotros también estábamos en los lugares exóticos para los cuales estaban vestidas las modelos. Uno se preguntaba si es que ellas estaban vacacionando sólo en sus cabezas.

La primera fase de los looks evocó un guardarropa de fantasía para las montañas. Había parkas de nylon en color limón, PVC translúcido y telas sintéticas de alto rendimiento —prácticas en teoría, pero de enormes dimensiones y formando parte de pantalones tipo Aladino de seda y faldas con lentejuelas—. La oferta de bolsos, también, osciló entre lo utilitario y lo extravagante, desde fanny packs multicolores hasta bolsos de viaje en cuero con forma de caja que serían perfectos para ir de expedición a las montañas. Los zapatos estaban cubiertos con fastuosas franjas de oropel que rozaban audiblemente contra el suelo de madera y las modelos arrastraban sus boas hechas de brillantes pieles y plumas sintéticas.

La segunda etapa del viaje tuvo lugar en lo que podría haber sido Palm Springs o Capri. El ambiente era muy del estilo del Pucci de los 60; las modelos llevaban medias opacas a la Veruschka y estampados de remolinos coralinos. Era una fantasía tipo Slim Aarons que entraba y salía de foco a medida que los elementos más modernos aparecían: sandalias de plástico (con ornamentos de joyería), bolsos deportivos de nilón, y trackpants de satén con una franja en los costados.

Bella Hadid con cat-eye, un turbante y un traje completo para la nieve parecía una princesa que había empacado ingenuamente para su primer viaje para practicar esquí. Los turbantes acentuaron cada uno de los looks finales. Fabricados por el sombrerero Stephen Jones, venían en diversas formas hechas de chalinas, algunos adornados con fistoles cristalinos. Estuvieron "inspirados en el legendario look de Kate para el Met Ball", dicen las notas del show, así como también en un retrato reciente de Sofia Coppola usando un turbante. Aunque trajeron a nuestra mente a Kate Moss vistiendo un Marc Jacobs dorado y unos zapatos con estampado de zebra, también conjuraron el peligro de la fantasía al ir demasiado lejos: la pañoleta en la cabeza de Little Edie durante su famoso baile con la bandera, el pequeño turbante de Gloria Swanson en Sunset Boulevard .

La colección llegó con el título abierto de Somewhere. La línea entre la fantasía y la realidad permaneció deliberadamente borrosa. Pero las prendas por sí mismas nos transportaban a lugares fantásticos. En medio del silencio, se podía oír cada tintineo de los adornos de cristal a medida que los últimos dos vestidos se alejaban de nuestra vista.


Este artículo fue publicado originalmente por i-D US y traducido por i-D México.