¿por qué es tan importante la riñonera para la cultura gay?

La cuestión no es cómo ni por qué ha vuelto la riñonera; la pregunta debería ser por qué el encanto y la utilidad de este accesorio han conseguido traspasar las fronteras del ámbito homosexual.

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ago. 2 2018, 8:55am

La riñonera fue en el pasado una paria de la moda. Fue muy rechazada por los amantes de la industria del lujo, tildada de "poco sofisticada" y propia de 'nerds' y turistas jubilados. Para los pringados adolescentes como yo, era el tipo de cosa que su tía llevaba en sus vacaciones durante cinco días en la Costa del Sol mientras repetía cada cinco minutos: "¡Hay que tener mucho cuidado con los carteristas!"

Este año, en el Orgullo de Londres, mientras luchaba a través de una marea de cuerpos sudados y húmedos que golpeaban el ardiente asfalto de Regent Street, me di cuenta de un hecho: la riñonera ha vuelto. Estaba en todas partes. Riñoneras de arcoíris me miraban desde los escaparates de Topshop y Primark. La marcha en sí fue una verdadera pasarela de riñoneras de todas las marcas, formas y tamaños. Me encontré yendo a una tienda a la una de la madrugada el día del desfile con un propósito singular: comprarme una riñonera o convertirme en un paria. Me acerqué a la vendedora más cercana y cuando abrí la boca, levantó la mano para detenerme, me miró de arriba abajo y me interrumpió dulcemente: "¿Estás buscando una riñonera, verdad?" En ese momento supe: vivimos en la era de la obsesión homosexual por la riñonera.

Creé una relación intensa, casi codependiente, con mi accesorio recién adquirido a medida que pasaba el tiempo. ¿Cómo pude sobrevivir, como gay tímido que soy, sin ella? Allí estaba yo, desnudo como el día en que nací, salvo por un pequeño par de pantalones cortos negros, empapado en crema solar. Solo unos pocos centímetros cuadrados de mi caja torácica estaban cubiertos por mi fiel riñonera, lo que permitía un acceso sin obstrucciones a las delicias de mi torso por cada sediento homosexual con el que intercambié un contacto visual en Soho Square. Sin embargo, tenía todo lo imprescindible: cargador de teléfono, camiseta de malla plegada minuciosamente, documentación, dinero en efectivo... Todo menos el fregadero de la cocina.

"Esta asociación ha llevado a la riñonera, irónicamente, a estar relacionada con dos facciones políticas tremendamente dispares: los homosexuales y los hypebeasts".

La irritación provocada por la correa de mi riñonera se hizo tan familiar para mí ese fin de semana como el cálido abrazo de mi madre (y mi riñonera nunca me juzgaría por desfilar semidesnudo por el centro de Londres flirteando descaradamente con jóvenes sin camiseta). La pregunta no es cómo regresó la riñonera. La pregunta debería ser por qué el encanto y la utilidad de este accesorio emblemático llegó a traspasar las fronteras del ámbito homosexual.

La riñonera es, de hecho, histórica. Sus antepasados fueron las bolsas de cuero que llevaban los humanos primitivos, que se convirtieron en los bolsos de mano que aún se pueden ver inmortalizados en tapices medievales. En los años 90, la riñonera contemporánea surgió como las "bolsas de hash" utilizadas por los "raveros" como recipientes prácticos para guardar popper y pastillas. Esto podría explicar su resurrección en el streetwear, dada la nostalgia actual de la moda por los 90 y la cultura rave. Esta asociación ha llevado a la riñonera, irónicamente, a estar relacionada con dos facciones políticas tremendamente dispares: los homosexuales y los hypebeasts [los jóvenes adictos a comprar prendas streetwear de lujo y de edición limitada].

Al igual que los homosexuales, muchos bros [esos tíos hetero que viajan en grupo retroalimentándose unos a otros] obsesionados con Berghain y amantes de las zapatillas de deporte, también aman la cultura rave y ahora también llevan riñonera. Dada la homofobia profundamente arraigada y la masculinidad tóxica de la cultura hypebeast, la superposición resulta graciosa.

Probablemente no se den cuenta de que la riñonera se ha asociado específicamente con la comunidad queer desde que las lesbianas feministas de la segunda ola de los 70 abrazaron el movimiento antimoda, favoreciendo el sentido práctico sobre el estético. A pesar de estos vínculos históricos, parece que el reciente resurgimiento gay de este accesorio se debe a su impulso por parte de las marcas de lujo como, por ejemplo, Moschino en 2012. Ha crecido en popularidad entre los hombres homosexuales, probablemente no solo porque sea práctica, sino porque nos hemos dado cuenta de que también puede ser bonita.

Martin Pel, del Museo de Brighton y comisario de la exposición Queer Looks, explica que la moda de la riñonera no es exclusiva de los gays, y, por supuesto, tiene razón. Este accesorio ha disfrutado de un renacimiento universal: ahora es esencial para festivales de todo tipo y hasta Kylie Jenner lo lleva. Sin embargo, ansioso por no herir demasiado mis sentimientos, agrega: "¡Son accesorios bastante útiles cuando sales de fiesta! La comunidad queer es bastante fiestera y quiere tener a mano todo lo necesario para no tener que interrumpir su baile ni un momento, así que tal vez por eso las riñoneras son más visibles en la cultura gay que entre los heterosexuales".

Otra guía espiritual en mi viaje pseudoreligioso del culto a la riñonera, fue la historiadora de moda Kimberly Chrisman-Campbell, que explica el motivo de mi epifanía con la riñonera el Día del Orgullo en Londres. "La riñonera es el accesorio perfecto para esta época de orgullo y protesta en la que vivimos", dice. "En una manifestación, te da la oportunidad de llevar todos los elementos esenciales y aún así dejar las manos libres para sostener pancartas ingeniosas. Lo he notado en todo tipo de personas, no solo en la comunidad gay, pero tiene sentido que los hombres lo acepten como una buena alternativa al bolso".

Fred Dennis, comisario de la exposición A Queer History of Fashion en el FIT, señaló también la relación de la riñonera con la comunidad gay masculina como una prenda crucial: "Cuando apareció por primera vez, se convirtió en el accesorio perfecto para la cultura emergente de gimnasio que surgió aquí en Nueva York. A diferencia de la mochila, ¡era pequeña, práctica y genuina!".

La riñonera existe en un contexto cultural, una confluencia en la que todos los afluentes de la cultura gay masculina (discotecas, protestas políticas, hipersexualidad, culto al cuerpo) se unen en un torrente que desencadena en una estética muy definida. En definitiva, es la unidad de almacenamiento perfecta para un homosexual que quiere tener las manos libres para levantar sus manos en señal de protesta o celebración desnudo a las dos de la madrugada.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.