Obra de Signe Pierce, Synthetic Lust; Fotograma de The Neon Demon

¿por qué todo el mundo está tan obsesionado con el neón?

En una era repleta de "fake news", el neón se ha apoderado de todo; algo que nos permite deleitarnos con lo hiperreal.

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ago. 10 2018, 8:24am

Obra de Signe Pierce, Synthetic Lust; Fotograma de The Neon Demon

Desde niño, siempre he estado enamorado del neón. Cuando visitaba a mi familia en esas ciudades abarrotadas de gente en Rusia, el zumbido de los carteles de neón en la calle me parecía casi mágico. Cuando me hice un Tumblr en el instituto, me sentí muy influenciado por su estética. Quería que todo en mi vida fuera de neón, desde las luces de mi dormitorio y el arte que expresaba hasta los sentimientos que experimenté. Quería que todo latiera y resplandeciera, que corriera el riesgo de calentarse demasiado y quemarse.

En 2018, el neón parece representar esa fusión entre glamour y decadencia, pues está en todas partes. Está en tu nuevo restaurante vegano preferido, pero también está en la peluquería de barrio más cañí. Está en todos nuestros museos y películas, la mayoría de los cuales, por supuesto, han sido creados por la generación millennial y para la generación millennial. La pregunta es: ¿por qué? ¿Qué tiene de atractiva en la actualidad esta forma de iluminación centenaria? ¿Es psicológico? ¿Es solo una tendencia propiciada por un par de becarios en Silicon Valley?

En un mundo donde los presidentes son estrellas de 'reality shows' y todo es aparentemente falso, el neón representa nuestro deseo subconsciente de abrazar la hiperrealidad. Para nuestra generación, el neón se registra como una vía de escape: un colorido que nos permite deleitarnos con lo irreal, incluso si es solo por unas horas en una sala de cine, o por una noche en una pista de baile iluminada.

El neón fue inventado por primera vez en París, en 1910, por el químico Georges Claude. Pronto se popularizó en todo el mundo, empezó a aparecer en todas las señales de las calles de Hollywood y apareció en películas como Sunset Boulevard. La cartelera de Pepsi-Cola de la ciudad de Nueva York sigue siendo de color rojo cereza y, 77 años más tarde, un emblema perfecto del verano americano que brilla a lo largo del East River. Se consideraba que el neón era la forma de luz más lujosa que uno podía imaginar, pero, con el tiempo, el neón se convirtió en un símbolo de decadencia sinónimo de bares sucios y sex shops.

Si te has paseado por Internet durante los últimos cinco años, probablemente hayas dado con el trabajo de Signe Pierce. Sus imágenes hipersaturadas nos han aparecido en Tumblr cientos de miles de veces y se han expuestos en galerías de todo el mundo, desde Nueva York hasta Viena.

En una conversación telefónica desde su oficina en Times Square, Pierce me cuenta que su relación amorosa con el neón comenzó cuando se mudó a Los Ángeles. "Antes de mudarme a Los Ángeles, tenía la sensación de que faltaba algo en mi vida aquí en Nueva York. Y me di cuenta de que era una especie de resplandor eléctrico. Los Ángeles es la ciudad cultural más grande de la costa oeste; es la tierra de la estimulación, los medios y la creación de fantasías que acaban haciéndose realidad".

Sin embargo, además de inspirarse en Los Ángeles, también se inspiró en Spring Breakers, la película de Harmony Korine: "Gravité hacia la estética y la iluminación en esa película. Pensé que era un retrato muy interesante acerca del extraño capitalismo tardío estadounidense".

Fotograma vía YouTube

Después de su lanzamiento, no podías encontrar nada parecido a Spring Breakers en el cine, con toda su fluorescencia y ostentación, con las máscaras rosas y los resplandecientes bikinis de las chicas. La película fue el primer éxito comercial de la productora A24, que desde entonces ha dominado el género joven y alternativo al distribuir otras películas como la protagonizada por Timothée Chalamet Hot Summer Nights, Moonlight y The Florida Project. Hay una empresa similar llamada NEON, que, obviamente, produce películas donde el neón y su paleta de colores son los recurso principales. Tan solo tienes que echarle un vistazo a cualquier fotograma aleatorio de The Bad Batch, Gemini o la esperadísima Assassination Nation.

En las películas "neon-noir" —una actualización del género de cine negro clásico—, las sombras tienen un toque de neón y la paranoia es saturada y vertiginosa. David Lynch es un artista que ha unido nuestro amor por el cine escapista a este tipo de escenografía: desde Twin Peaks hasta Mulholland Drive tienen tintes neón. Nicolas Winding Refn es daltónico, por lo que sus películas The Neon Demon y Drive se queman con colores primarios muy contrastados. Gaspar Noé, otro autor más que trabaja en este género violento y escapista, capturó la imaginación de creativos como Frank Ocean y Harmony Korine cuando lanzó el thriller Enter the Void. Korine también fichó al director de fotografía de Noé, Benoît Debie, para Spring Breakers, y le dijo quería que la película fuese "muy colorida, muy dulce". Desde entonces, Debie trabajó en muchos otros proyectos interesantes, como el videoclip de "Bitch Better Have My Money" de Rihanna, un verdadero himno de nuestra generación.

Empresas como A24, cineastas como Gaspar Noé y artistas como Signe Pierce han sido en gran medida los artífices de que las imágenes empapadas en neón sean sinónimo de cultura joven. Sin embargo, otras empresas como Let There Be Neon, ubicada en el centro de Manhattan, trabajan junto a clientes y corporativas importantes para continuar con esta tendencia. Aunque la compañía celebra actualmente su cuadragésimo año en el negocio, el estudio tiene más trabajo ahora que nunca antes, y crean letreros para marcas que van desde Sweetgreen hasta Nike.

"El neón está a caballo entre el pasado y el futuro", me dice el propietario Jeff Friedman. Está encantado de que el amor por el neón se extienda como un virus, y que los artistas jóvenes lleguen al medio animados e inspirados. "Para mí, el neón es muy romántico. Rudi Stern, el fundador de nuestra empresa, que falleció hace 11 años, era un escritor realmente maravilloso, y siempre decía que el neón era parte del paisaje estadounidense. Creo que esa es una imagen tan bonita como cierta".

Puede el neón se haya puesto tan de moda porque todos queremos más romance en nuestra vida cotidiana. ¿O es más que eso? Cuando le pregunté a Signe si pensaba que el neón podía tener connotaciones política, ella responde:

"La proliferación del neón en la cultura pop no es tanto una afirmación o afiliación política sino un significante para escapar de la realidad: canalizar una fantasía a la realidad. Pero también es algo político porque las cosas están tan jodidas ahora que solo queremos ponerle un filtro a todo. A veces, incluso me pregunto si mi trabajo perpetúa este deseo de entrar en una realidad falsa, de eso es de lo que se trata mi serie fotográfica Faux Realities. A veces siento que mi trabajo puede ser demasiado escapista".

La artista Kate Hush, que hizo un trabajo para la serie Riverdale, está de acuerdo. "El neón es una vía de escape para las personas", dice ella. "Me voy a casa, me acuesto en la cama, enciendo mi neón rosa intenso y, de alguna forma, me siento como si estuviera en un lugar más estimulante al que vería si entrara y encendiera una bombilla LED. Para mí, es algo relajante y envolvente. Estoy en casa, pero al mismo tiempo estoy en un espacio de otro mundo".

Así que es probable que estamos en un momento tan neón porque encontramos que este paisaje de colores es terapéutico y escapista. Tal vez nos encanta porque es simplemente antinatural —no se puede encontrar en las puestas de sol y en el mundo real— o tal vez sea por esa dicotomía de modernidad y decadencia, pero está claro que nuestra generación responde a esta estética. Una forma de luz que brilla y nos dice que esto no es más que gas y luz, pero también es más real que cualquier otra cosa.

"El neón va a ser una estética significativa en esta era post-Obama y Trump", afirma Signe, mientras mira una de esas ridículas campañas de "noticias reales" de Fox News. "Dentro de un tiempo, miraremos esta paleta de colores y diremos algo así como: 'Oh, esa era la era de Trump. Aquella época en la que queríamos escapar de la realidad'".

Este artículo apareció originalmente en i-D US.