Fotografía Jeff Kravitz vía Getty Images

en defensa del estilo "todo o nada" de justin bieber

A la escritora Gemma Sieff le han dicho que se parece a Justin Bieber. Pero lo que más le gusta de él es su descontrolada forma de vestir.

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ene. 3 2018, 11:22am

Fotografía Jeff Kravitz vía Getty Images

Nuestros escritores favoritos nos hablan sobre sus musas en nuestra serie de ensayos "My i-Con", que ya llevamos tres años seguidos ofreciendo. Este artículo apareció originalmente en i-D US.

Hace un par de años, estaba en medio de una cita con un hombre bajito y enérgico que había conocido por Internet cuando la conversación se detuvo repentinamente. Ya me había hablado de su trabajo (posicionamiento de marcas), de su bicicleta (una Kestrel) y de la sobrina que aparecía con él en sus fotos de perfil. Yo le había hablado de mi trabajo (escritora), del tipo de ejercicio que hacía (caminar) y del motivo por el que solo tenía una foto de perfil (orgullo). Me sugirió que jugáramos una ronda de dopplegänger de famosos, un juego del que yo no había oído hablar.

"Es cuando me dices a qué famoso te recuerdo y después yo te digo a qué famoso me recuerdas tú", dijo.

Aquello más que a un juego sonaba a una búsqueda de elogios, cosa que yo siempre estoy deseando recibir, así que accedí y le dije que tenía un aire a Tom Cruise. "Todo el mundo me lo dice", respondió.

"Todos deberíamos tener esa suerte".

"Bueno, espero que no te ofendas si te digo que a quien más recuerdas es a Justin Bieber".

¿Ofenderme? Al contrario. Le dije que me había alegrado la noche, el mes y quizá incluso el año. Precisamente aquel año, 2015, fue el año del álbum lleno de éxitos irresistibles Purpose de Biebs y yo acababa de descubrir la música de ese adorado artista.

¿Me veían Jeremy ―el nombre de mi cita de Internet― y también, por si sirve de algo esta información, el padre de Justin Bieber cierto parecido a Justin gracias a mi peinado? Por aquel entonces llevaba lo que una amiga mía denominaba peinado de 'fucker' adolescente: afeitado por los lados, más largo por arriba y, en mi caso, teñido del color de la yema de un huevo duro.

¿Parecía yo el tipo de persona que, con la vejiga llena y en mitad de la noche, se alivia dentro de un cubo de fregona? Quizá pensaba que poseía la voz de un ángel, aunque todavía no me había oído cantar. Nunca lo sabré, porque rápidamente cambié de tema e hice una señal para que nos trajeran la cuenta, antes de que él tuviera oportunidad de echar a perder la magia con una explicación poco halagüeña.

Antes de 2015, cuando oía los términos "Biever fever" y "Belieber" me resbalaban completamente. Justin no era más que otra banda de chicos blancos canadiense formada por un solo chico. Era adorado y ridiculizado por su canción "Baby", su álbum Boyfriend, su corte de pelo con flequillo, su sudadera con capucha de color púrpura y su amor intermitente por Selena Gomez. Habría parecido impropio mostrar demasiado interés en ello mientras estaba sucediendo.

A los 17 años, Justin empezó a decorar su cuerpo con extravagantes tatuajes y se convirtió, por así decirlo, en un hombre. El primero, en su cadera izquierda, era el diminuto contorno de un pájaro sacado de un libro infantil que leyó cuando era pequeño "sobre una gaviota que quería ser algo más que solamente una gaviota". El último (hasta la fecha) le llevó 26 horas hacérselo, en tres días consecutivos. "Es lo más que he tatuado a nadie en mis 13 años de carrera", escribió Keith “Bang Bang” McCurdy en Instagram sobre las columnas arquitectónicas, los ángeles y los rayos de luz que ocupan el torso del cantante. En el intervalo de cinco años entre uno y otro, el cuerpo de Bieber ha recibido demasiada tinta. Baste decir que lleva la palabra "paciencia" tatuada en el cuello.

Lo que más me gusta del estilo de Bieber es su sensibilidad para jugarse el todo por el todo y me atrevería a decir que también su sentido del humor. Arrestado por participar en una carrera clandestina con un Lamborghini en Miami, sonrió para la foto policial. Asistió a una fiesta de Navidad en el cálido oeste de Hollywood llevando un abrigo de piel de coyote con capucha.

En un movimiento que el poeta Wilfred Owen describió como “un éxtasis de manosear atolondradamente / encajarse el sombrero de torpe justo a tiempo", Bieber llevó una máscara de gas para ocultar su identidad por las calles de Londres. Como un ansioso crío de ocho años, jugó un partido improvisado de baloncesto llevando el uniforme completo de Steph Curry. De vacaciones en Bora Bora con una modelo llamada Jayde Pierce, Bieber se quitó toda la ropa para disfrutar de la naturaleza, para gran deleite de un paparazzi que llevaba un objetivo de muy largo alcance ("qué le das de comer a esa cosa. #padre orgulloso", preguntó llanamente Jeremy Bieber en un tuit que después borró).

En un segmento de Carpool Karaoke, Bieber lleva al cómico James Corden de compras a un almacén repleto hasta el techo de streetwear carísimo. “Quiero que tengas un aspecto elegante pero no demasiado excesivo", dice Bieber, eligiendo un par de pantalones vaqueros enormemente desgastados y una tabla de snowboard de piel de serpiente. Como si fuera un hippie, se quitó los zapatos y los calcetines para dar de comer a las ardillas en Boston. Y con su gira Purpose finalmente acabada, pudo verse a un agotado y despreocupado Bieber arrastrando los pies por una acera de Beverly Hills llevando un par de pantuflas de hotel de suela suave y tela de rizo.

Bieber cogió el prístino lienzo que era su cuerpo y lo llenó de marcas. Con un aspecto lujosamente normcore llevando shorts de rejilla y gafas sin graduar, unas zapatillas de Gosha Rubchinskiy x adidas de 300 euros, un montón de prendas de Supreme y/o una sudadera blanca de Gucci con el Pato Donald estampado, encaja en algún lugar entre "me importa una mierda" y "esto es lo que me mola", sea lo que sea.

Durante su gira de 2013 en Rio de Janeiro, durmió como un bebé junto a una curtida groupie, que publicó un vídeo de su cuerpo inerte en YouTube y vendió su historia a un tabloide británico (estaba bien dotado, cosa que ya sabíamos, y era muy bueno en la cama, lo cual es una buena noticia).

Y aunque nunca he entregado una mascota exótica a las autoridades aduaneras de Alemania, ni (que yo sepa) he causado a la madre de alguien que me interesara románticamente un leve ataque al corazón ante la noticia de que su heredero y yo podríamos volver a estar juntos, ni he demostrado la intensidad de mi espíritu navideño transformando mi Mercedes G Wagon en un trineo decorado con un muñeco de nieve y un pingüino, ni me he hecho piercings en ninguna parte de mi cuerpo ni he garabateado mi piel con tinta indeleble, sí que expreso mis sentimientos y también llevo mucha ropa deportiva que me queda demasiado ancha.

Si no fuera socialmente inadmisible, probablemente iría la mayor parte del tiempo sin camisa. La investigación que hice para este artículo incluyó enviar un mensaje a un amigo mío experto en moda para preguntarle qué pensaba que tenía yo en común con Bieber.

A veces vais de rubio y sois muy despistados.
Los dos sois de tamaño bolsillo.
A los dos os gustan las prendas colgantes heredadas de hombres mucho más grandes (o que eso parezca).
Los dos pesáis entre 40 y 55 kilos dependiendo de vuestro régimen de entrenamiento y vuestro nivel de desesperación.
Los dos procedéis de una colonia y trabajáis por cuenta propia.
Probablemente a los dos os han robado personas que vivían en vuestra casa.

Todo esto es bastante cierto. Sugiere una disposición maliciosamente alegre, así que me asombró mucho descubrir, a través del tutorial para el cuidado de la piel que publicó Bieber en su Instagram, que a diferencia de mí él lleva pantalla solar habitualmente. Qué maduro. Biebs y su moderno pastor Judah Smith han hecho un pacto para estar "mejor a los 70" y, por suerte para nosotros, ha empezado de maravilla.