la nostalgia en imágenes: budapest como nunca lo habías visto

Andi Galdi Vinko ya no vive en Budapest, pero tampoco es una turista. Su proyecto más reciente, ‘Homesickland’, captura el sentimiento nostálgico de regresar a casa.

por Tish Weinstock
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02 Diciembre 2016, 8:47am

A pesar de haber nacido en Budapest, Andi Galdi Vinko se está empezando a sentir cada vez más como una turista en su ciudad natal. Cuando vuelve a Hungría se siente invadida por un sentimiento de nostalgia que ha querido transmitir en su serie fotográfica más reciente, Homesickland. "Quería enseñar algo sobre Budapest que no se ve cuando vienes aquí a pasar un fin de semana, cuando acudes a los baños termales o cuando sales de fiesta", reflexiona. "Pero también quería mostrar algo que no se ve cuando vives aquí, porque nunca prestamos atención a lo que nos rodea. Pasamos de largo ante ciertas cosas como si hubieran estado ahí desde siempre".

Ya no vive en Budapest, pero tampoco es una turista: se encuentra en ese terreno intermedio que existe entre lo familiar y lo nuevo. Andi, que creció en Hungría durante los ochenta y fue testigo de la caída del gobierno comunista, recuerda lo emocionados que estaban sus padres ante la posibilidad de que hubiera libertad. Durante su adolescencia estudió en París y Roma antes de regresar a Budapest para asistir a la universidad. Cuando regresó se dio cuenta de lo mucho que había cambiado su ciudad natal. 

La esperanza de su sueño post-comunista se había desvanecido y veía que, en términos de cultura, estaba muy atrasada en comparación con París o Roma: no había revistas, no había galerías de arte, no había esa sensación de innovación y creatividad. En 2011 dejó de nuevo Budapest para ir en busca de una escena artística nueva y emocionante, una búsqueda que la llevó a viajar por todo el mundo, desde Londres a París y Nueva York. En su nuevo regreso al hogar, Andi se reencuentra con Budapest como lo haría con un viejo amigo y ese sentimiento se percibe a través de sus fotos. Homesickland es una obra que sigue en progreso. Nos reunimos con la fotógrafa para hablar sobre las complejas emociones que abarca el proyecto.

¿Cómo era Hungría cuando eras niña?
Nací en Budapest en la década de los ochenta. Recuerdo la caída del comunismo, la emoción de mis padres y de sus amigos ante la libertad y el futuro. El entusiasmo de mi madre por llevarnos al extranjero por primera vez. Sentíamos que era algo muy importante, realmente significativo.

¿Por qué te fuiste?
Cuando me gradué de la escuela de arte en 2011 quise regresar a Hungría de nuevo. Tengo esta dualidad extraña dentro de mí acerca de Hungría: no quiero vivir aquí pero no lo puedo dejar. Cuando Budapest empezó a convertirse en un destino "hipster" y "cool" para turistas jóvenes y despedidas de soltera, yo solo podía ver lo superficial que era todo y lo escasas que eran las posibilidades culturales, así que me cabreé mucho con eso porque sentía que Hungría estaba atrasada. No era suficientemente occidental para formar parte de la emergente escena artística que yo estaba buscando, pero ya no tenía ese encanto del Este. Mis amigos de la escuela de arte y yo éramos ambiciosos, pero no teníamos plataformas disponibles. Aparte de algunos comisarios de arte, nadie estaba metido en algo que pudiera tener repercusión internacional. No había nada que marcara la diferencia o que pudiera tener un impacto real.

¿Dónde está tu hogar ahora?
En los últimos cuatro años he vivido en varios sitios, entre Nueva York, Londres y París. He descubierto y aprendido muchas cosas sobre nuevas escenas artísticas, he descubierto nuevos intereses, he trabajado para algunas revistas muy buenas y he expuesto en lugares muy importantes. He hecho nuevos amigos que piensan como yo y entienden cómo es vivir sin un hogar, cómo es cuestionar tus propios sueños todos los días, cómo es saber lo afortunada que eres pero también sentir constantemente que no estás haciendo lo suficiente.

¿Qué sentimientos te evoca el regresar a Hungría?
Tengo sentimientos contradictorios. Ya no trabajo aquí. Ya no tengo expectativas. Empecé a verlo de otra manera, con una especie de triste resignación llena de recuerdos, llena de amor y con una curiosidad por entender qué crea esta dualidad que supone no ser capaz de irte pero no querer regresar jamás.

A lo largo de los últimos años, muchos de mis amigos se fueron y se mudaron a otras ciudades, especialmente los de la escena artística, pero todos siguen regresando y después se vuelven a marchar. Pienso que somos una generación sin un hogar real, pero con muchos recuerdos de diferentes lugares. Nací en un periodo donde las fronteras importaban, después aprendí que podías hacer lo que quisieras y que los únicos límites que existen son los que tú mismo te impones. Ahora estamos creando fronteras de nuevo. Limitando a algunos y coartando a otros.

¿Qué querías transmitir con estas imágenes de Budapest?
Cuando regresé, me sentí como una turista en Hungría. Vi una belleza extraña en su atmósfera nostálgica. Quería mostrar algo sobre este lugar que no se ve cuando vienes aquí a pasar un fin de semana, cuando acudes a los baños termales o cuando sales de fiesta. Pero también quería capturar algo que tampoco se ve cuando vives aquí, porque nunca prestamos atención a lo que nos rodea. 

Pasamos de largo ante ciertas cosas como si hubieran estado ahí desde siempre y yo quería congelar estos momentos para la eternidad. En Hungría hay algo sobre la tradición, sobre la familia, que es totalmente típico del Este: el respeto por los antepasados, el peso de la historia y una tristeza que se va transmitiendo de generación en generación. Pienso que los húngaros tienden a ser muy negativos, pero de un modo extraño y cínico.

¿Qué es lo que más te llama la atención de la fotografía como medio de expresión?
La fotografía siempre ha formado parte de mi vida, desde mi más tierna infancia, pero nunca pensé en ella como carrera. Me llevó un tiempo darme cuenta de que no es solo un hobby. La fotografía es un medio para crear un mundo, un universo en el que me gusta vivir. Me permite alejarme de mis problemas a través de la cámara porque los veo como si fuera una mera espectadora que se limita a estudiar la vida. Cuando era niña me aterrorizaban los insectos y las polillas, y la única forma de poder atraparlos o acercarme a ellos era fingiendo que les iba a hacer una foto.

¿En qué más estás trabajando?
He estado terminando mi serie Paradisco, que se publicará muy pronto. Es mi primer libro y me está llevando más de lo que pensaba.

andigv.com

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Texto Tish Weinstock

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