encontrando la belleza y la verdad en india

Platicamos con la fotógrafa documental Emily Garthwaite sobre viajar por todo lo largo y ancho en India y capturar las historias y la gente del país.

por Rebecca Boyd-Wallis
|
30 Octubre 2015, 6:30pm

La fotógrafa documental y activista de derechos humanos, Emily Garthwaite, llevó las cenizas de su abuela en su mochila cuando viajó a India. El plan era arrojarlas en Assam, donde tiene historia familiar, pero las protestas en la ciudad causaron que llegara a otra parte de India con la que se enamoraría: Varanasi. Pasó 10 meses viajando por todo el país, de Bihar al este a Uttar Pradesh al norte, documentando lugares y caras que conocía en el camino, y eventualmente vació las cenizas de su abuela en Varanasi.

Actualmente estudiando una maestría en fotoperiodismo y fotografía documental en Westminster, Emily fue recientemente nominada para el National Wildlife Photographer of the Year, por una imagen que hizo de un afligido elefante encadenado en Varanasi. Nos reunimos con la fotógrafa para platicar sobre su trabajo, Instagram y la importancia de ser honesto.

¿Cuál es tu proceso al fotografiar?
Camino y camino y camino. Definitivamente no sigo la regla de las mejores horas. A veces veo la foto antes de tomarla. Ahí es cuando te das cuenta que tienes una gran imagen, especialmente en India donde al dar la vuelta en una esquina puedes encontrar algo salido de un set de cine, como si todo hubiera sido acomodado para ti y salpicado con una brillante luz dorada.

¿Desarrollas una relación con la gente a la que fotografías?
Casi con todos. A mucha gente no fotografío hasta que me siento cómoda para preguntarles. A veces siento que puede parecer que los uso. A veces olvido fotografiarlos. Estoy tan perdida pasando tiempo con ellos que se me pasa el momento.

¿Crees que al ser de occidente haya sido más difícil poder tomar fotos?
No, siempre estuve el tiempo suficiente para que ya no importara. La gente ya no me trataba como turista. Si llegaba a hacer algo equivocado, como sobar accidentalmente a una de las vacas (son sagradas y está prohibido tocarlas), todos en la calle se quedaban como diciendo: "Emily Garthwaite, que chica tan traviesa".

¿Con qué acostumbras viajar, en cuanto a equipo?
Como mujer con una cámara muy sencilla y un kit básico, no se te ve como amenaza de ninguna manera. Al tener un lente Prime, sin zoom significa que me tenía que acercar bastante a la persona. No podía estar del otro lado de la calle solo haciéndole zoom in.  

¿Usaste tu celular para fotografiar algo?
Usé mi teléfono cada uno de los días. Me aseguré de publicar a lo mejor tres imágenes en Instagram al día, no sé qué haría sin él, es tan sagrado para mí como un diario. Sabía que cualquiera podía verlo, pero siento que es un espacio propio. Tomar fotos rápidas con el teléfono a veces termina siendo mejor porque se trata de capturar ese instante. Definitivamente tuve momentos de verdadera crisis cuando las fotos en Instagram eran mejores que el trabajo que producía con mi cámara. Creo que eso es increíble de cierta forma, no es necesariamente sobre el equipo, sino sobre capturar el momento.

¿De qué se trata el hashtag #boysoftheburningghat que usas siempre en Instagram?
Es una serie de como 20 chicos, en edades de 10 a casi treinta años. Algunos de ellos tienen familias, algunos no. Algunos no tienen trabajos muy legales. Pasé mucho tiempo con ellos, y los occidentales que me veían decían que era como Wendy de Peter Pan, y que ellos eran los niños perdidos. La razón por la que estaba tan fascinada por ellos y por lo que empecé Boys of the Burning Ghat, fue porque los estaba documentando en un momento muy específico de su crecimiento, en un lugar que parece que nunca va a cambiar. Esas conexiones se han vuelto extraordinarias e intensas, y desesperantes y deprimentes, y el trabajo más demandante de mi vida, porque tuve que aprender la lección más grande, que es que no puedes salvar a nadie. Quería desesperadamente que los chicos se volvieran mini yogis o encontraran trabajo, y que todo estuviera maravilloso, porque creía mucho en ellos. Pero no podía cambiarlos. No importaba lo que yo hiciera, todo iba a seguir igual.

¿Fue difícil darte cuenta que además de crear consciencia, no puedes ayudar a todos?
El principal problema para mí fue hacer demasiado impacto. Tampoco quieres crear tanto impacto, porque después te vas. Yo definitivamente creé problemas con algunas personas. Por ejemplo, la gente que me dijo que era gay y comenzaron a aceptar su sexualidad con mi apoyo, diciendo: "esto es increíble, tú eres tú misma". Entonces me voy y terminan asustados, sin nadie con quien hablar. Es una responsabilidad que mantengo vía Skype. Hay muchos chicos que me hablan regularmente.

¿Eres una artista o una fotoperiodista?
Me han dicho: "tú eres fotoperiodista, no artista". La fotografía no es arte y el arte no es fotografía. He seguido muchas reglas y normas de las generaciones de fotógrafos más viejas. Pero definitivamente creo que es un campo mucho más amplio que eso. No hay manera correcta o incorrecta de hacerla. Al final del día, estas contando una historia. El único problema con ser un fotoperiodista es que no puedes serlo si eres mentiroso. Esa es la única cosa en la que tengo que pensar y guiarme, '¿estoy siendo honesta?'. Es un dilema moral interesante. Vivimos en un tiempo en el que hay tanta pornografía de pobreza, nos llenan de imágenes de niños famélicos, pero yo estoy con una organización que está haciendo algo al respecto, y es importante documentar estas historias para que no desaparezcan. Es sobre la manera en la que lo haces. Debes de hacer algo hermoso con ello. Por eso creo que la fotografía es la manera de hacerlo.

Credits


Texto Rebecca Boyd-Wallis
Fotografía Emily Garthwaite

Tagged:
India
Cultură
emily garthwaite