Todas las imágenes cortesía de Matías Uris

este hilarante libro representa la basura que acumulamos en nuestro disco duro

¿Vivimos en la era de la ansiedad ".jpg"?

por Raquel Zas
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07 Agosto 2019, 9:14am

Todas las imágenes cortesía de Matías Uris

Estamos en 2019, curiosa época para estar vivos. Tenemos a un excéntrico millonario estrella de un reality show como presidente de la mayor potencia del mundo; estamos en plena cuenta atrás para que el cambio climático sea irreversible y parece que nuestra vida digital empieza a ocupar más espacio que nuestra vida real. Y en ese mundo de lo intangible, lo efímero y lo visual, hay un mar más grande e inabarcable que la isla de plástico del pacífico: nuestro archivo de imágenes digitales. Si entras en alguno de tus discos duros (si es que alguna vez lo haces), te encontrarás con miles de imágenes banales y similares que en pocas ocasiones has revisitado después de hacerlas. De esta forma, entre todos estamos creando un submundo de imágenes basura que solo nos causa ansiedad, dependencia y, por qué no, auténtico pavor.

Esta situación fue la que hizo surgir el nuevo proyecto del fotógrafo Matías Uris, Toshiva: un libro que refleja toda esta ansiedad e invasión del jpg. El resultado es una amalgama de imágenes surrealistas e inquietantes que reflejan cierta belleza en este desastre digital que estamos acumulando. Hablamos con él para saber más sobre esta interesante propuesta.

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¿Cómo te acercaste al mundo de la fotografía?
Siempre me había gustado mucho el mundo audiovisual, pero estudié diseño gráfico. Fue a partir de comprarme mi primera cámara digital cuando empecé a hacer fotos de forma compulsiva. Ya después, con la aparición de Fotolog, comencé a colgar las fotos que le hacía a mis amigos —y a mi mismo— de una manera bastante particular, hasta que un conocido me propuso colaborar con la revista de actualidad que dirigía. Descubrí que era lo que quería hacer y puse todo mi empeño en dedicarme a ello.

¿Algún proyecto fotográfico pasado que destaques?
Hace 3 años, Luis Venegas me contactó para hacer un especial sobre Cristina La Veneno para Candy Magazine. Desgraciadamente, fuimos los últimos en fotografiar a Cristina, y esas fotos se convirtieron en objeto de culto para sus miles de fans. Con ellas he participado en tres exposiciones y publicado un fanzine benéfico en favor de una asociación de transexuales mayores de Madrid.

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Cuéntanos de qué trata tu nuevo libro, Toshiva.
Toshiva es una caja de sensaciones, un relato sobre el consumo obsesivo de imágenes y cómo la invasión JPG a la que estamos sometidos condiciona nuestras vidas. Un compendio del "esto ya lo he visto", de posverdad y de ansiedades.

¿Cómo surgió la idea de llevar a cabo este proyecto?
La sensación que me producía tener archivadas casi dos décadas de fotografías en un soporte físico que cualquier día podía dejar de funcionar me empujó a analizar para qué utilizamos estas imágenes, cómo nos afectan y cómo la fotografía pasó de ser algo recreativo a ser casi un trastorno obsesivo compulsivo.

¿Cuál es el origen del título?
Desde el principio tenía claro que quería apropiarme del nombre de alguna marca muy conocida. Decidí usar Toshiba y cambiar la "b" por la "v" para dedicar el libro a Shiva —dios hindú de la destrucción—, que me venía muy bien conceptualmente.

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¿Cuál fue el criterio que seguiste para escoger las imágenes del libro?
Rastreando mi basura digital, comencé a navegar en las entrañas de mis discos duros, casi como si de una excavación arqueológica se tratara. Analizando mis 15 años de archivos .jpg, fui clasificando las sendas y las obsesiones que me han marcado en estas dos décadas para crear las 26 series que lo componen.

En torno el proyecto siempre hay la misma pregunta en el aire: ¿estamos necesitados de un ecologismo fotográfico? ¿Tú qué opinas?
Es muy fácil cuantificar el CO2 que cada persona produce con las fotos que hace en un año. Simplemente hay que preguntarle a los grandes servidores que almacenan nuestros datos cuánta energía gastan en almacenar nuestra basura digital. Creo que llegará un momento en el que algo así como un “ente inquisitivo de la imagen” vele por librarnos de la contaminación que produce el Instagram de nuestra amiga del pueblo que nos tortura subiendo 40 fotos diarias de su hija de 2 años.

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Al observar tus imágenes sobre el turismo, da la sensación de que somos como ovejas en un rebaño. ¿Está la fotografía matando nuestra personalidad?
Absolutamente. Las instantáneas de la generación d­­e los años cincuenta, almacenadas en cajas, encontraban sentido en cada lectura que se hacía al mostrarlas,­ en cada apertura de esa especie de cofre de los tesoros donde aparecían las imágenes que explicaban el mundo. Sin embargo, no son precisamente tesoros los que encontramos hoy día en un nuestros discos duros, sino mas bien tripas en formato jpg, interioridades inconexas que se parecen más a nuestras vísceras que a un relato abarcable. La convivencia con la imagen ha cambiado; nos sentimos invadidos de nuestras propias fotografías, acumuladas en soportes que parecen ciudades, lugares por los que uno transita sin saludar demasiado para poder así llegar a nuestro destino.

En Toshiva haces también una reflexión acerca de nuestra obsesión con nosotros mismos. ¿Qué le dirías a alguien que sufre verdadera ansiedad por intentar ser quien no es?
Todos hemos querido ser otra persona alguna vez. Tienes que tener paciencia y buscarte a ti mismo.

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¿Cuál es la solución? ¿Deberíamos dejar de hacer fotos?
Rotundamente no. Pienso que hay que volver a probar otras formas de hacer fotos. Mi trabajo comercial es digital de principio a fin, pero me encantan las sensaciones que producen el proceso en analógico. Cada vez hay más fotógrafos principiantes que solo trabajan en analógico; me da bastante envidia y creo que es una vía de escape a la “ansiedad jpg” que todo el mundo tendría que degustar.

Entre tanta basura digital y sobreexposición de fotografías, ¿cómo diferenciar a un artista único y genuino?
Leyendo mucho y afinando el ojo viendo todo el arte que puedas, entre otras cosas.

¿Es posible ser original hoy en día?
Creo que sí. Hay que dejar a un lado los prejuicios sobre si un artista copia o no. A veces, las copias son mejores.

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En alguna ocasión has dicho que no te gusta Instagram porque es un foco de vanidad y egocentrismo, pero sí es una herramienta clave en tu trabajo. ¿No será hora quizás de empezar a buscar otras herramientas de promoción para acabar con el poder de esta red social?
Yo intento tener a punto siempre mi web, que es mi portfolio y aunque las redes sociales son muy útiles para ciertas cosas, no siempre me crean buenas sensaciones, nos imponen como norma la aspiración a no vivir nunca privaciones, fracaso o aburrimiento, nos convierten en vampiros insaciables de imágenes productoras de desengaños e inseguridades ya que comparamos nuestros hábitos con las experiencias edulcoradas de otras personas.

¿Debería Instagram dejar de tener likes?
Los likes hace que vivamos bajo una dictadura de lo interesante y ya sabemos que las dictaduras no traen nada bueno.

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