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la nueva sinceridad del cine indie

Wes Anderson, Sofia Coppola, Miranda July, Xavier Dolan, Lena Dunham... nos suenan sus nombres y nos apasiona su cine. Hoy reflexionamos sobre qué hace de este nuevo cine 'indie' algo tan especial.

por i-D Team
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06 Febrero 2015, 9:50am

FACT: Tiene 45 años pero por su imaginario visual dirías que tiene 80. Wes Anderson padece una querencia casi patológica por lo retro y abandera a una generación que ha hecho de la nostalgia su modus vivendi. Su última película "El Gran Hotel Budapest" ha traspasado las barreras del cine "indie" para convertirse en el director favorito tanto de las abuelas nonagenarias como de sus nietos Millenial.

FACT: Sofia Coppola tenía 18 años cuando escribió con su padre un guión para la antología Historias de Nueva York, que también incluía a otras dos historias de Woody Allen y Martin Scorsese. Diez años después (en 1999) dirigió su primera película, Las Vírgenes Suicidas, basada en un libro de Jeffrey Eugenides. Fue la película que la convirtió en una de las grandes promesa del nuevo cine americano.

FACT: Hay una mujer en Estados Unidos que lo hace todo. Se llama Miranda July, tiene 40 años y dirige cortos y largometrajes de cine, escribe libros de ficción y ensayos, saca discos, es performancer y artista y le sobra tiempo para ser toda una ídola generacional, especialmente entre el público femenino.

FACT: Xavier Dolan dirigió su primera película, J'ai tué ma mère con 20 años. También la protagonizó, escribió el guión y supervisó todo el apartado artístico. Así lo ha hecho a lo largo de las 5 películas que ha realizado a sus 25 primaveras. La última de ellas, Mummy le valió el Premio del Jurado ex aequo con Adieu au language 3D de Jean-Luc Godard en la última edición del Festival Internacional de Cine de Cannes.

Cuatro nombres y cuatro caras de una misma moneda: el nuevo cine independiente. Cada uno de su padre y de su madre y, sin embargo, todos tienen algo en común y parecen compartir un mismo destino: el de volver loco a un público que con cada una de sus películas parece apasionarse más que con la anterior. Todos atesoran fans y cuentan con un número parecido de haters pero, si hay algo que se puede decir de ellos, es que han sabido llegar a un público joven apasionado no solo por el cine, sino también por la moda en todas sus vertientes. ¿Qué tienen en común estos directores que a (casi) todo el mundo enamoran?

Sobreviviendo a lo hipster: la post-ironía y el 'New Sincerity Cinema'

Mucho antes de que la hipsteria colectiva invadiera calles y medios de comunicación con sus maneras de ver la vida a través de la ironía, David Foster Wallace ya vaticinó su posible final en el ensayo E unibus pluram: Television and U.S Fiction. Aunque sus reflexiones giraban en torno a la televisión americana del momento (arrancaba en la década de los 90), podían extrapolarse fácilmente a otros productos culturales. En este ensayo Foster Wallace, como un Nostradamus cultureta, vaticinaba que pronto llegarían "unos nuevos rebeldes" que acabarían de un plumazo (o de un guionazo) con los modos culturales postmodernos heredados que nos han convertido en seres que se parapetan detrás de la ironía con tal de no expresar en público lo que pensamos y sentimos realmente.

Estos cuatro directores son algunos de estos rebeldes (también Lena Dunham, Noah Baumbach, el Spike Jonze de Her y todos los Mumblcores). Forman parte de una corriente (nada nueva, por cierto) que se conoce como The New Sincerity y que abarca distintas facetas culturales, desde la música hasta la poesía. Defienden un discurso cinematográfico que no tiene miedo a mostrar la vulnerabilidad en sus personajes ni en sus historias. Desde el frikismo hiperromántico que en ocasiones roza el retrasito de los personajes de Wes Anderson, pasando por el desarraigo y el sentimiento de vacío generacional de las anti-heroínas de Coppola hasta los laberintos de pasiones de Xavier Dolan: todas estas creaciones tienen en común las emociones a flor de piel y el sentimentalismo con una clara vocación esteta. Así, a base de emociones "sinceras", han sabido llegar a unas nuevas generaciones cansadas de tantos años de impuesto (y también impostado) cinismo viejuno.

Anderson encierra a sus personajes en encuadres pintados con marrones Siena y los mantiene rodeados de una estética retro-naíf que parece querer protegerlos de la dura realidad. Su universo de pasteles apagados ha saltado de la pantalla y ha invadido tiendas de muebles, revistas de decoración y el vestuario de sus películas incluso ha inspirado colecciones de ropa enteras. Vivir en un mundo como el de Wes Anderson es vivir en un mundo genuinamente bonito en el que soñar es más barato que comprar muebles.

Sofia Copola se ha erigido como la cronista de la banalidad de los círculos poshy. Empezó con un melodrama suburbiano (Las vírgenes suicidas); retrató la insoportable levedad del ser en Lost in Translation y Somewhere, puso a María Antonieta a esperar la guillotina a ritmo de The Jesus&Mary Chain y, finalmente, plantó ese "zas" en toda la boca a la cultura de las celebrities que es The Bling Ring. Mientras tanto, su estilizado discurso cinematográfico, su amor declarado por el pop contemporáneo (Air, Phoenix...), y su gusto por el buen vestir la han convertido en embajadora de Louis Vuitton y en musa de las alfombras rojas.

En sus películas y distintas facetas, Miranda July ha demostrado que se puede ser intelectual y emocional a la vez. Solo a ella se le podía ocurrir escribir un libro -It chooses you- a partir de un catálogo de anuncios compuesto por entrevistas (genuinas y muy "sinceras") a los propietarios sobre los objetos que venden. La vida según Miranda July no tiene dobleces o falsos fondos y hasta algo tan simple en apariencia como adoptar a un gato cojo puede convertirse en una decisión de esas que te obliga a cuestionarte tu propia existencia, como les pasa a los protagonistas de su película The Future, de la que todo el mundo dice que es tan insoportablemente arty como genial.

Por su parte Dolan, con sus maneras de artista total, da voz a una generación entera de jóvenes sobradamente preparados que quieren dominar el mundo cultural a base de golpes de genialidad prematura. Su cine es un monstruo en constante evolución que no tiene ningún miedo a apoderarse de referencias ajenas para adaptarlas a su discurso propio. Nada se le resiste y lo mismo te construye un melodrama almodovariano con estética a lo Wong Kar-wai (Les amours imaginaires), que te planta un tango en medio de un noir de inspiración hitchcockiana (Tom à la ferme) o se marca la escena musical más impresionante de 2014 con banda sonora de Céline Dion (Mummy). En el cine de Dolan todo es superlativo y en él no hay gama de grises: solo emociones, colores saturados y una sensibilidad que, como la de sus compañeros más veteranos de profesión, no teme mostrar sus sentimientos más profundos porque entiende que sus valientes imperfecciones son, precisamente, las que le dan una identidad única como director.

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Texto Estela Cebrián