instagram: la aplicación que cambió nuestras vidas

Internet ha cambiado el mundo para siempre, y las redes sociales lo han revolucionado. De un tiempo a esta parte las tornas se han cambiado y ya no son las marcas las que dictaminan el comportamiento de los usuarios, sino (algunos) usuarios los que...

por Carmen López
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12 Diciembre 2014, 12:51pm

La historia de Instagram comienza en octubre de 2010, cuando dos ingenieros llamados Kevin Systrom y Mike Krieger ponen a disposición del público una aplicación de retoque fotográfico que permite compartir las imágenes en las redes sociales. Ni remotamente se podían imaginar el éxito que llegarían a tener.

En un año la cifra de usuarios ya había superado los 11 millones. A fecha de hoy y tras haber hecho millonarios a sus creadores -Facebook adquirió la aplicación en 2012 por mil millones de dólares- más de 200 millones de usuarios en el mundo suben 26 fotografías por segundo a la plataforma, utilizando hashtags y distribuyéndolas por el resto de redes sociales. En 2013 se añadió la posibilidad de postear vídeos, lo que ya terminó de darle el impulso final a la aplicación. El éxito representado en un icono en forma de cámara de fotos con los bordes redondeados.

En el triunfo de Instagram se pueden intuir (y confirmar) la interacción de diversos factores. Uno de ellos es que en la época de su aparición los smartphones ya ocupaban las manos de un alto porcentaje de la población occidental. Y la mayoría incluía una cámara fotográfica con una resolución más que aceptable. Asimismo, compartir la cotidianeidad en las redes sociales había pasado de ser una excentricidad a una costumbre imparable que llega hasta ahora. En 2010, los manidos 15 minutos de fama mundial que vaticinaba Warhol ya se habían diluido en una constante igualadora pero competitiva en Internet. Y adictiva, claro.

Instagram facilitó aún más esa narrativa personal en Internet: convirtió el discurso escrito en visual y lo mejoró estéticamente. Filtros y marcos vintage en el incipiente desarrollo del concepto del hipster actual (los resultados que se obtienen al utilizar la aplicación recuerdan a las imágenes conseguidas con cámaras Polaroid o Kodak Instamatic) y, sobre todo, facilidad de uso. Enfocar, disparar, añadir filtro, escribir texto (o no), hashtag, compartir. Comentarios, likes, seguidores. Una cadena de pasos correlativos que el usuario automatiza e incorpora a su actividad diaria. Dentro de esta vorágine de virabilidad algunos de los Instagrammers más audaces comenzaron a destacar gracias a su singularidad, su sentido de la estética y por convertirse en early adopters de lo que hoy llamamos la #alphattitude, una actitud atractiva, desenfadada y positiva propia de aquellos que crean reglas en lugar de seguirlas. La plataforma pasó de ser una herramienta a convertirse en una red social en sí misma como podían ser Facebook o Twitter.

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Y todo cambió

Instagram hizo una gran contribución (junto a otras plataformas como Pinterest) al preciosismo que durante una época reinó en las Redes Sociales y que aún se mantiene. Tras su consolidación, las imágenes que los usuarios y usuarias colgaban en sus perfiles pasan obligatoriamente por alguno de sus filtros, haciéndolas más atractivas y aspiracionales. Hasta su popularización, a poca gente se le habría ocurrido fotografiar su desayuno o los zapatos que se había puesto esa mañana. Con los filtros de Instagram todo se vuelve más bonito y la vida que se proyecta parece mejor. Lo sea o no.

El poder de dichos filtros no pasó desapercibido, por supuesto, en el mundo de la moda y las tendencias. Mientras la masa internauta comenzaba a vislumbrar el potencial de su plato de comida o sus pies en la playa (retocados con el filtro Valencia) el sector ya miraba mucho más allá. Las firmas con presencia online adoptaron rápidamente este nuevo canal para difundir su discurso y consolidar su relato de marca, a la vez que mostraban sus productos. En Instagram lo tienen todo a su favor: el atractivo de su estética, el creciente número de seguidores, el potencial de sus hashtags y la posibilidad de la difusión inmediata en el resto de sus canales online.

Las novedades de los desfiles ya se retransmiten en directo desde las primeras filas y las celebrities adelantan sus estilismos en sus cuentas antes de acudir a las alfombras rojas: sin ir más lejos, en el último Cibeles hemos visto como muchos bloggers y periodistas documentaban sus andanzas con un Samsung Galaxy Alpha en mano, mientras que al otro lado del Atlántico Marc by Marc Jacobs organizó un casting mundial basado en la plataforma para escoger a los protagonistas de su campaña de otoño/invierno 2014: en un solo día consiguió que más de 10.000 personas enviasen su retrato con el hashtag #CastMeMarc. Y solo es un ejemplo.

El secreto

Sin embargo, más allá de la estética, la inmediatez, el atractivo o las campañas de marketing, el verdadero poder de Instagram reside en su capacidad para compartir "la experiencia". La nueva forma de consumo en una sociedad saturada de estímulos pasa por apreciar la autenticidad y congelarla para distinguirse del resto. El brunch, el café con espuma, la puesta de sol en Formentera, los brazos levantados en un concierto. No hace falta tener mucho dinero para ser un trendsetter, pero sí hace una cierta forma de disfrutar la vida una buena dosis de #alphattitude y muchas ganas de compartir nuestras experiencias. En esta red social ser buen o mal fotógrafo carece de importancia: para eso ya está Instagram.

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Texto Carmen López
Fotografía @piluro y Samsung
Las reglas son para cortarlas con tu #alphattitude
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