modernismo y los tukki: esta marca quiere mostrar la venezuela actual

La campaña de Garzez empareja la grandeza de los cincuenta en Caracas y la cultura tukki de los noventa para reflejar el presente de la capital de Venezuela.

|
ago. 7 2018, 6:11pm

Este artículo fue publicado originalmente por i-D México.

En los últimos años Latinoamérica ha visto catástrofes económicas y políticas de todo tipo, pero la situación actual de Venezuela es una de las más preocupantes: después de que el producto interno bruto sufriera un declive del 35% —superando incluso al que sufrió Estados Unidos en la Gran Depresión en 1929— y que el país consiguiera la tasa de inflación más alta en todo el mundo, Venezuela se ha enfrentado desde 2013 a una crisis económica llena de opresión, violencia y escasez de productos básicos. Sin embargo, la escena creativa venezolana está buscando luz en el escenario oscuros, cultivando una pasión por mostrar quiénes son, y protestar mientras honran su identidad cultural.

Garzez es un gran ejemplo de ello, una marca originaria de Caracas permeada por un estado anímico punk que representa la realidad de su país. Con su nueva colección pretende reflejar los sentimientos de una generación que está creciendo con la sensación de un futuro demasiado incierto.

Alejandro Garcés es la mente creativa detrás de la marca establecida en 2017. Nacido en la ciudad de Barquisimeto, el joven de 29 años pasó un tiempo en Buenos Aires, Argentina donde forjó un enfoque documental que hace evidente en su producción de moda. “Mi inspiración para crear es la humanidad, me encantan todas las formas de manifestación cultural y siempre las veo desde afuera, con un punto de vista antropológico”, le dijo Alejandro a i-D, quien para su más reciente entrega decidió elaborar prendas donde se apropia de logos de supermercados y partidos políticos de Venezuela, y otras marcas internacionales reconocidas.

“Me inspiré en el acontecer nacional, la profunda crisis por la que estamos pasando, la idiosincrasia del venezolano, y en el arte pop para hacer estas prendas que comunican un sentir nacional”, habla Garcés sobre la nueva colección. “Los logos que usé son parte importante de la cultura pop contemporánea venezolana y el nuevo significado que se les dio hacen que el mensaje sea claro, directo, y funcionan como modo de pancarta: una forma de protesta desde un lugar casi irónico que deja en claro que estás consciente de lo que pasa pero que sigues adelante”.

La campaña sigue esta misma línea, donde Garcés y el fotógrafo autodidacta Santiago Méndez crearon imágenes con el propósito de documentar el escenario caraqueño actual, exponiendo momentos claves en la historia venezolana y emparejando contextos socioculturales opuestos. Para esto, se usó la arquitectura modernista que dejó la Venezuela de los años cincuenta —época en la cual el país tenía un futuro prometedor al ser la nación más rica en toda Latinoamérica— y se entrecruzó con la cultura tukki –una tribu urbana que nació a finales de los noventa y proviene principalmente de la clase baja de Caracas–, la cual formó un movimiento cultural que recuerda a los bailes del gabber y el tecktonik, a menudo relacionados con disturbios y actividad criminal. La cultura tukki se caracteriza por una vestimenta colorida, usualmente tapizada de marcas extranjeras como Nike o Levi’s, gafas espejo Oakley, y peinados con gel y mechas rubias.

“Alejandro me dijo que quería recordar con una sonrisa el pasado para ver al futuro con bastante motivación, y es por eso que se decidió usar la etapa del modernismo de los cincuenta. En esa época vivíamos en una dictadura, sin embargo el país logró grandes avances tecnológicos y estructurales gracias a la industria petrolera. Tenemos todas esas piezas de la modernidad en nuestras manos para inspirarnos y sacar lo mejor de nosotros al mundo”, dice Méndez sobre su colaboración con Garzez. “La cultura tukki representa lo opuesto; es la gente a la que le tocó sobrevivir el debacle. Recrear un escenario donde ambos mundos se juntan puede incluso resultar motivante”, continúa Garcés.

Los visuales están cargados de una honestidad urbana y de rostros que forman parte de la escena creativa caraqueña. “Cada uno de ellos habla bastante de la movida artística actual, tenemos a un artista e icono de la comunidad queer contemporánea de Caracas, un músico representante de la cultura tukki, una escritora y participante de la escena underground, y un fotógrafo”, dice Santiago sobre cómo seleccionó a sus sujetos, eligiendo un elenco multidisciplinario que —al igual que Garzez— son personas con un ferviente deseo por representar a su país por medio de la creación.

“Amo mi país y todo lo que representa. Nuestros rostros son de los más diversos en Latinoamérica gracias a nuestra historia. La mayoría de nuestros amigos y familiares se han dispersado por el mundo, han sido meses de tristeza y ansiedad, pero eso le añade importancia a la frase de 'salir a representar tu país'. Se siguen creando cosas increíbles con conceptos brillantes llenos de patrimonio e inclusión, y a pesar de la situación actual, seguimos teniendo personas que aman a su país y siguen creando en él, por él”, reflexiona Méndez sobre la importancia de representar su herencia cultural por medio de su oficio.

“Siempre me planteo proyectos a corto plazo ya que en este país la única certeza es la incertidumbre, para nosotros el presente es lo único que existe. Queremos que nuestro trabajo sea conocido en el exterior y siempre bajo un discurso lleno de patrimonio que le grite al mundo que en Venezuela se sigue creando, expresando y protestando”, finaliza Garcés.

Créditos


Fotografía Santiago Méndez
Estilismo Retrosesos
Modelos Ezekiel Monjes, David Marteelo, Andrea Hernández, Esteban Astudillo y Alfred Defrell
Asistencia Benjamín Lobo