las mejores películas feministas de 2018

La editora de la revista de cine feminista 'Another Gaze' nos reseña las películas más destacadas del año.

por Daniella Shreir; traducido por Laura Castro
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20 Diciembre 2018, 7:52pm

Las películas que he elegido como "mejores películas feministas de 2018" conforman una mezcla ecléctica que me parece refleja una leve diversificación en el tipo de películas que se espera que hagan las mujeres y las feministas, en términos de tema y forma. Muchas de ellas no han aparecido en ninguna de las listas de las principales películas del año, excepto, irónicamente, la única que he incluido dirigida por un hombre. Sin embargo, creo que es importante reconocer cuando los directores, a raíz del movimiento #MeToo, parecen haber realmente asimilado algo, en lugar de solo monopolizar el movimiento con sus personajes femeninos "complejos" dibujados con desidia.

Afortunadamente, ha sido un gran año para las películas dirigidas por mujeres, ya que las principales cineastas cuyas carreras han estado marcadas por largas pausas finalmente tuvieron nuevos lanzamientos (Claire Denis, Lynne Ramsay, Lucrecia Martel). Y las distribuidoras, sin duda impulsadas por las discusiones sobre la diversidad, llevaron a los cines películas de nuevas cineastas (incluidas algunas de esta lista). Esto significó que los críticos de cine, una profesión todavía en gran parte dominada por las voces masculinas, se vieron obligados a cubrir películas "más pequeñas", aunque muchos todavía escribieron usando un lenguaje inconscientemente tendencioso. Sin embargo, es importante mantener en el ojo público a las películas de menor escala dirigidas por mujeres, para que las productoras sigan apostando por películas como estas más allá de los movimientos sociales por la diversidad.

Estas son algunas de las películas que creo que este año han contribuido a la creciente conversación en torno a las mujeres, la raza, la clase y la sexualidad, y las cuales considero que vale la pena ver, volver a ver y discutir.

The Miseducation of Cameron Post, de Desiree Akhavan
Soy ambivalente con respecto al término "mirada femenina", pero si lo que pretende es implicar empatía y respeto, y The Miseducation of Cameron Post, de Desirée Akhavan, es probablemente el mejor ejemplo de este año. Cuando Cameron (Chloe Moretz) es arrancada de su pequeño poblado para ser llevada a un campo cristiano de conversión después de que su novio la descubriera besando a una chica, Akhavan convierte la típica historia del paso a la edad adulta en una historia queer. Cameron no es la adolescente torpe que necesita aceptarse a sí misma para luego ser aceptada por los demás: la conocemos justo en la cima del autodescubrimiento sexual y continúa siendo obstinada hasta el final. Cameron Post debería ser obligatoria para cualquier director del género masculino que insista en incluir una escena de sexo lésbico en sus películas: la cámara de Akhavan nunca es lasciva, se niega a cortar los cuerpos y, en lugar de eso, deja que destaque la lujuria y ambivalencia de la experimentación adolescente de todas las orientaciones.

Touch Me Not de Adina Pintilie
Cuando Touch Me Not recibió el premio principal del Festival de Cine de Berlín de este año, los indignados críticos (predominantemente hombres) calificaron a la película como "tonta" y "superficial". Touch Me Not es una exploración de los temas pertinentes al pensamiento feminista contemporáneo (intimidad, discapacidad, trabajo sexual) y sigue a un grupo de personas con cuerpos no normativos o que participan en prácticas sexuales no normativas. Confrontada con una estética casi negativa (más teatral que cinematográfica), nuestra incomodidad proviene de una nueva experiencia visual en la que nos encontramos en algún lugar entre el documental y la ficción, lo masculino y lo femenino, el crudo deseo sexual y la asexualidad.

Faces, Places de Agnès Varda
En cierta forma es una sorpresa que para Agnès Varda, que recientemente cumplió 90 años y que lleva más de siete décadas trabajando en la industria, 2018 haya sido su año. Hubo retrospectivas de ella por todo el Reino Unido, nuevos fans compraron sus camisetas, y podías encontrar imágenes de cartón de tamaño real de la artista y su gato en los cines locales. En comparación, el lanzamiento de su último documental, Faces, Places, fue bastante discreto. En su primera película como coautora (aunque todas sus películas celebran la colaboración), Varda y el artista de arte público JR recorren la Francia rural, haciendo un registro del proceso de pegar fotografías de tamaño real de las personas que conocen en los edificios locales. La película es un testimonio de la importancia de la creación y la conversación intergeneracional, así como de la importancia de la exposición del arte afuera de las ciudades y museos. Y hay un final brillante en el que Varda acuerda que JR se encuentre con su amigo, el director más importante de la new wave francesa, Jean-Luc Godard. Viajan durante horas, solo para descubrir que éste los había dejado plantados. Es un triunfo para la creatividad que se alimenta de la empatía, y no del individualismo obstinado.

Waru de Briar Grace-Smith, Casey Kaa, Ainsley Gardiner, Katie Wolfe, Chelsea Cohen, Renae Maihi, Paula Jones, Awanui Simich-Pene
Otra película que ensalza las virtudes de la coautoría es la película maorí Waru, que tuvo un pequeño lanzamiento a finales de este año. La película fue dirigida por ocho mujeres que tuvieron un día cada una para filmar un segmento de la misma longitud en una sola toma consecutiva. Restricciones formales como estas a menudo han dado como resultado películas caóticas, pero en este caso parecen haber proporcionado la base necesaria para una película que aborda la muerte de una víctima de abuso infantil en una comunidad minoritaria. Cada sección sigue a una mujer diferente el día del funeral del niño. Cada mujer parece exhausta, soportando el peso del trabajo, la familia y la necesidad de ser una "buena maorí" ante el escrutinio de la mirada de los blancos. Esto es más evidente en la sección que sigue a Kiri, una presentadora de noticias maorí, que observa cómo su colega blanco sale al aire y califica el problema del abuso infantil como un problema maorí. No obstante, ver Waru significa observar a una comunidad que se ve obligada a examinarse a sí misma en sus propios términos.

Jeune Femme de Léonor Serraille
Jeune Femme de Léonor Serraille abre con su protagonista, Paula (la maravillosa Laetitia Dosch), golpeando su cabeza tan fuerte contra la puerta de la casa de su ex novio fotógrafo que se desmaya y termina en cuidados psiquiátricos. Lo que sigue no es la historia de la libertad posterior a la ruptura ("La libertad", le dice al médico mientras se da de alta del hospital, "es para los bastardos egoístas"), sino de una búsqueda de refugio y cuidados encabezada por alguien con recursos precarios. Como Paula representa diferentes personajes para encontrar un lugar para dormir o para obtener una entrevista de trabajo, somos testigos de la creatividad que nace de la necesidad.

Private Life de Tamara Jenkins
Más personas deberían estar hablando sobre Private Life, la comedia neoyorquina brillantemente escrita de Tamara Jenkins, la cual trata sobre la travesía de una pareja de 40 años al explorar la adopción y la reproducción asistida. Esta película silenciosamente llegó a Netflix este otoño. No estoy segura de haber visto antes una película tan imbuida de un deseo que no fuera ni sexual ni romántico. La película se vuelve aún más impactante cuando te das cuenta de que el objeto de deseo ha quedado por completo en el olvido: la pareja nunca hace referencia la niño ni habla sobre por qué lo desea. A medida que la pareja gasta más dinero en nuevas alternativas, nos damos cuenta de la facilidad con que las presuntas libertades pueden convertirse en limitaciones.

Shirkers de Sandi Tan
A principios de los años 90 en Singapur, la precoz adolescente cinéfila Sandi Tan comenzó a grabar una ambiciosa película con dos de sus amigas, Jasmine Ng y Sophie Siddique. Al encontrarse tomando clases nocturnas de producción cinematográfica, compartió su guión con su profesor Georges, quien la convenció de que su éxito (fabricado) y sus conexiones significaban que él debía ser quien dirigiera el film. Lentamente, varias decisiones creativas se escaparon de las manos de las adolescentes, hasta que un día, sin previo aviso, el hombre y los contenedores de película también lo hicieron. Tan, que nunca pudo superar la pérdida de la película, se convirtió en escritora y crítica.

El documental, primero, nos da una guía con respecto a la subcultura underground de Singapur orientada al occidente a fines del siglo XX, para luego filtrar una parte del material fílmico sin sonido recuperado. Las conversaciones honestas con Ng y Siddique traen a la memoria los placeres de una forma de hacer películas DIY, alimentada por la ilimitada confianza de la juventud, y pintan una imagen del hombre fantasioso, Georges, cuya exesposa luego corrobora su historia. Es también ella la que les devuelve el material fílmico robado después de que él muere.

Aunque el abuso en Shirkers es predominantemente no sexual, resuena con muchas historias del movimiento #MeToo, pues es la historia de un hombre inseguro que se sintió tan amenazado por la capacidad de creación de una mujer que tuvo que obstaculizarla. A medida que el hermoso material original de la filmación fluye a lo largo del documental, nos vemos obligados a pensar en todos los demás guiones que las aspirantes a cineastas se vieron obligadas a entregar a directores del género masculino.

Roma de Alfonso Cuarón
La película feminista más inesperada del año tiene que ser Roma de Alfonso Cuarón, cuya previa exploración de mundos alternativos mucho más grandes que nosotros mismos — Children of Men, Gravity, la tercera película de Harry Potter— parece haberlo estado guiando a uno de los los mejores retratos de la vida doméstica en la historia cinematográfica reciente. Mucho se ha dicho sobre el hecho de que la película es una carta de amor de Cuarón a la mujer mixteca que ayudó a criarlo en la Ciudad de México (aquí se llama Cleo), pero esto implica falsamente una perspectiva infantil acerca de los eventos. Sin embargo, Roma nos muestra lo que Cuarón habría experimentado como las ausencias de Cleo: sus conversaciones en mixteco con otra empleada, su tiempo libre, sus citas con un hombre que pronto la abandona. La simetría visual y temática es palpable en toda la película, y así como Cleo se encuentra sola, también lo está la madre de los niños, cuyo marido la deja por la amante. Mientras que algunas brillantes películas de este año han demostrado la importancia de que las mujeres representen la masculinidad (The Rider, Western, You Were Never Really Here), Cuarón aborda hábilmente las vidas de las mujeres que lo formaron y que fueron destruidas por el ego masculino. La gran tragedia de la historia, sin embargo, es el entendimiento de que la clase no es un factor igualador como puede serlo el género.

Este artículo fue publicado originalmente por i-D UK.

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