Rodrigo Rodríguez

estas artistas de la ciudad de méxico intercambiaron vidas por un mes

Carla Escareño y Andrea Villalón han tomado el dicho 'Mi casa es tu casa' literalmente, intercambiando todo, desde muebles y comida hasta mascotas y cuentas de Spotify.

por Ellen Freeman
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18 Septiembre 2018, 9:59pm

Rodrigo Rodríguez

El mes pasado, dos artistas de la Ciudad de México tomaron el refrán Mi casa es tu casa literalmente. Del 31 de julio al 3 de septiembre, la artista del tatuaje y diseñadora Carla Escareño intercambió departamento con Andrea Villalón, fotógrafa, pintora y curadora de Concha Eléctrica, una plataforma mexicana de mujeres artistas. Su experimento de un mes de duración titulado Quiero Ver Como Tú Ves, fue una exploración de lo que sucede cuando intercambias vidas, o al menos, todas las trampas materiales de una vida.

La idea surgió cuando descubrieron que ambas tenían la misma "blusa de palomitas" color rojo –esas que son muy arrugadas y súper elásticas como de Lizzy McGuire. "¿Cuánto influyen en nuestra identidad las cosas que nos rodean?", se preguntaban. "Si intercambiáramos todas nuestras posesiones, ¿tendríamos una crisis de identidad?". Para averiguarlo, decidieron cambiar los apartamentos y todo lo en ellos había, desde ropa y zapatos (casualmente son del mismo tamaño) a hábitos alimenticios y listas de reproducción de Spotify –e incluso mascotas (ambas son mujeres amantes de los gatos). "Todo se trataba de la simple curiosidad de vivir a través de los objetos de la otra", dice Carla.

Fotografía Beatriz Sokol

Había reglas: solo podían traer su propia ropa interior, cepillos de dientes y medicamentos con ellas. (Conservaron sus propios celulares, porque intercambiar dispositivos podría ser más íntimo que intercambiar ropa interior, pero también porque Carla usa el suyo para coordinarse con sus clientes de tatuajes). Se cortó todo el contacto y se bloquearon en las redes sociales como una pareja que acaba de cortar, para evitar que se les recuerde sus "viejas vidas". "La tentación de hablar era enorme", dice Carla. "Este proyecto te hace abandonar tu zona de confort, y la comunicación habría sido un espacio seguro para nosotras. Era importante rendirse a la experiencia".

Antes de entregar sus llaves, Carla y Andrea llenaron sus departamentos con Post-its, explicando la historia personal de objetos aparentemente mundanos, y les informaron a sus caseros que serían reemplazadas por una extraña vestida muy similarmente durante el mes siguiente.

"Cada mañana durante los primeros días, abría los ojos y pensaba: '¿Dónde estoy?'", dice Andrea. Es un fenómeno que todos hemos experimentado despertando en un Airbnb, pero Andrea enfatiza que este proyecto no fue una sesión doméstica, sino un intento de alterar radicalmente tus patrones.

Fotografía Beatriz Sokol

"Mucha gente me preguntó cuál era el punto. Dijeron que era como ir a un hotel, y al principio pensé que sería así", explica Andrea. "Pero los hoteles son impersonales, la casa de Carla no era así en lo absoluto. Es donde creció, está lleno de ella. Es un espacio completamente saturado con la vida de otra persona, y me sumergí completamente en él".

"Vivimos en una época en la que fetichizamos objetos", dice ella. Como una exploración de la construcción de la identidad en un momento donde exhibimos y difundimos la nuestra a través de compartir fotos de nuestros desayunos, gatos y zapatos, Quiero Ver Como Tú Ves se siente como un proyecto hecho a la medida para las redes sociales, y las dos mantuvieron un diario de todo el mes en su cuenta de Instagram en conjunto, donde amigos y desconocidos vieron el mes desplegarse desde la fase de luna de miel hasta el choque cultural y la aceptación. "Después de una siesta en la tarde, no me sentí tan feliz de estar aquí. Lloré un poco, hice berrinche, pensé en la posibilidad de hablar con Andrea y cancelar todo. Pensé en mi cama, mis gatos, mis olores ...", Carla publicó al principio del proyecto. "Estoy estreñida como si hubiera hecho un viaje a otro país", Andrea le hace segundas.

Ambas se sumergieron en el mes como una especie de residencia de artistas, creando una obra inspirada en la mudanza. El departamento de Andrea no da a la calle, así que aprovechó las grandes ventanas de la sala de estar de Carla para poner en escena lo que ella llama una "intervención": "Hice enormes carteles con papel cortado como letras y las pegué a la ventana para que la gente los pudiera ver". Uno decía “Amo el Internet, pero me está consumiendo". "Estando en un nuevo espacio físico hace que el internet se sienta como mi hogar más próximo y familiar", explica en su Instagram.

Fotografía Carla Escareño

Andrea también construyó dioramas dentro del congelador de Carla a partir de tchotchkes encontrados, reflexionando sobre cómo la significación de un objeto se transforma por la historia personal del propietario. "Pasé el mes en completa soledad. Normalmente no me visita mucha gente, pero en mi propio hogar con mis cosas no me siento sola dado que todo contiene un recuerdo, me siento como si estuviera rodeada de vida, incluso si son solo objetos. En la casa de Carla, sin una sola cosa que me recuerde que 'Yo soy yo', me sentí aún más sola, pero lo disfruté". A través de Quiero Ver Como Tú Ves, vemos que el extrañar el hogar emerge no solo como una nostalgia por el lugar, sino por nuestro propio lugar dentro de eso.

El cambio de escenario inspiró a Carla a pensar en perspectivas cambiantes. Un día se obligó a hacer todo con la mano izquierda (es diestra) "como una forma de empatizar con mi padre, que perdió su movilidad debido a su medicación para la esquizofrenia". Tomó cuatro veces más tiempo de lo habitual, pero produjo un retrato de un hombre e invitó a otros a recrear la imagen con su mano no dominante, las cuales ella planea recopilar para "ver las diferencias en la percepción e intención de cada individuo".

También notó que cada vez que tomaba una foto de sí misma traía consigo una avalancha de recuerdos de la infancia. "Estando en casa de Andrea tengo más presentes mis recuerdos y en automático intento llenar espacios con estos, como si al hacerlo este lugar se convirtiera más en mí y fuera mi hogar.", escribe en Instagram. Comenzó a reconstruir esos recuerdos en sesiones fotográficas, incluida una en la que yace en el traje de baño de Andrea acunando una lámpara de acuario de plástico. "…este recuerdo de tener 3 años, todos los días durante un mes echar una toalla al piso con traje de baño y lentes de sol puestos; y fingir que nadaba, porque tenía hepatitis y no podía salir a la alberca de mi abuela", se lee en su caption.

Fotografía Carla Escareño

Resultó que la blusa roja podría haber sido lo único que los armarios de Carla y Andrea tenían en común. El estilo personal es la primera línea de nuestra autoexpresión con el mundo, y aunque la idea de despertar a un guardarropa nuevo suena emocionante, la falta de control sobre su aspecto fue al principio irritante para ambas. "Casi nunca uso jeans o camisetas y el armario de Andrea consiste básicamente en eso y en vestidos holgados que no muestran tu forma", dice Carla, cuyo estilo es completamente opuesto; ella solía diseñar vestidos y tops traslúcidos que muestran el lienzo tatuado de sus extremidades. "Al principio me sentí como un niño o una anciana deprimida, pero vestirme con disfraces es algo que disfruto mucho en casa, e hice lo mismo con las cosas de Andrea. Mi personaje favorito era un vaquero". Andrea bebe mientras pinta. "Ayer solo bebí tres de las seis cervezas que se supone debo consumir diariamente mientras estoy aquí", dice el pie de foto. "Espero que ser un vaquero me ayude a emborrachar mientras miro al cielo".

Fotografía Rodrigo Rodríguez

Para Andrea, el intercambio no se trataba tanto de escapar como de tomar riesgos. "En México, las mujeres no pueden vestirse como queremos debido al acoso", dice ella. "Pero Carla muestra mucha piel. Por lo general, mi aspecto es muy simple, como Steve Jobs vistiendo todos los días lo mismo para ahorrar tiempo, porque no quiero que lo que uso me defina; tardé una eternidad en vestirme con la ropa de Carla porque tiene mucha –no repetí el mismo atuendo todo el mes. Era exasperante pensar tanto en cómo me vestía, y echaba de menos ponerme jeans y una camiseta, pero vistiendo las faldas y los vestidos de Carla, tuve que mostrar algo de piel, y después de este mes, ya no tengo miedo. Me di cuenta de que no iba a pasar nada ... Bueno, alguien me chifló por primera vez en mi vida...".

Toda la experiencia, dice Andrea, fue como "espiar a alguien que sabe que están siendo espiados y al mismo tiempo te está espiando, y lo sabes, y dejas que suceda". Pero las crisis de identidad que pensaron sucedería al comienzo nunca se manifestó completamente. "Fue más como una comprensión de lo que somos, como si todo tu cuerpo palpitara 'esta soy yo', independientemente de tu ropa, tu casa o tu rutina", dice Carla. "Me di cuenta de que 'Carla' no se va a perder. Pude experimentar el presente de la manera más completa jamás".

"Construimos nuestras identidades y las materializamos con objetos", agrega Andrea. "Utilicé el champú, pasta de dientes, desodorante, calcetines, maquillaje, tenedores y cucharas de Carla, y definitivamente no soy la misma persona que era al comienzo de este intercambio. Cambié mucho, pero con todos estos cambios me reafirmé. Me hicieron darme cuenta de que no soy menos yo porque no tengo mis cosas o no estoy vestida como me gusta. La identidad está adentro; todo lo demás es decoración".

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

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