Si cambiamos la forma de vestir de las presentadoras de la tele podemos cambiar el mundo

Dejé de ver la tele hace 10 años. Un poco porque en aquel entonces vivía en un piso compartido y la única tele que teníamos era más pequeña que la pantalla de mi portátil -con lo que realmente no veía la tele, sino que la intuía desde lejos-; y un...

por i-D Team
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19 Noviembre 2014, 2:35pm

Justo en ese momento empezó todo el boom de las series y mi ansia audiovisual se vio más que perfectamente satisfecha. Desde aquel momento hasta ahora, por mi pantalla he sufrido con los tormentos de profesores de química que se convierten en traficantes de drogas, y he aprendido a sacar culo con orgullo gracias a chonis que llevan más dinero encima entre joyas, bolsazos y vestidos híper-ajustados que lo que vale mi casa; también he aprendido a vestirme para ir a ver mi familia más conservadora como si fuera una mujer desesperada (e impecable), y el look de zombi post apocalíptica es perfecto para los domingo de resaca. Por lo genereal, los personajes de las series van muy bien vestidos o caracterizados. Nos guste el rollo o no, son personajes que me creo. Pero, ¿podemos decir lo mismo de las personas que salen en la tele?

En estos 10 años de exposición constante (que no vea la tele no significa que no siga pasando las horas delante de la caja tonta, sólo que la mía va por wifi), mi cerebro ha cambiado y poco a poco he desarrollado una interesante teoría que puede cambiar el mundo y, quizá, si la aplicamos a rajatabla, podría traer la paz al planeta.

"Si cambiamos la forma de vestir de las presentadoras de la tele podemos cambiar el mundo".

Este mundo lleno de paz y armonía está en manos de las estilistas y responsables de vestuario de este planeta. Empezaríamos con los informativos: si las presentadoras del telediario no fueran vestidas con americanas made in Bangladesh -proyectando así una imagen que nos evoca a un ama de casa de suburbio americano rollito neocon- y en su lugar lucieran orgullosas modelitos de marcas como Chloé o Stella McCartney, el significado de los informativos cambiaría radicalmente.

Al principio no nos daríamos cuenta. Para que el cambio no fuera muy brusco y no nos pusieran una moción de censura, habría que elegir estilismos sobrios, suaves, de esos que pasan desapercibidos pero que se quedan clavados en tu mente y vuelven y vuelven una y otra vez hasta que te los compras. Looks "aparentemente imparciales" que no afectaran ni distrajeran la atención de las noticias "aparentemente imparciales", pero que poco a poco, con alevosía y premeditación, fueran implantando en nuestras retinas la imagen de una mujer intelectual y profunda que va mas allá de las mil y una listas de las diez tendencias que se llevan y que no se deja contaminar con estilos que no la representan, sino que sus elecciones de vestuario denotan en realidad su profesionalidad, puesto que la ropa que lleva tiene un historia detrás. Personalmente me encantaría que fueran vestidas de Alexander Wang, aunque me conformaría con la colección cápsula que sacará para H&M.

Somos lo que vestimos, así que, por extensión, estos valores presentes en las prendas poco a poco se irían transfiriendo tanto a sus portadoras como a los telespectadores. Es algo inevitable y contagioso. Si los telediarios no son imparciales del todo, ¿por qué lo vamos a ser nosotros?

Pondré un ejemplo:

Eva H es una de las pocas presentadoras que cuida lo que lleva. Y sí, muchas veces ha sido foco de críticas porque esa fashion police un pelín maliga que todos llevamos dentro nos haya llevado a pensar que alguno de los outfits de Davidelfin no era lo que mejor le sentaba (el rollo cotilla y criticón está en nuestro ADN, eso es indiscutible e inextirpable). ¿Pero no es a pesar de todo una de las presentadoras más respetadas por su fina ironía y por sus reflexiones en clave de humor sobre temas de actualidad y por llamar a las cosas por su nombre?

Sigamos con otro ejemplo, más del rollito corazón y que entre detractores que la han crucificado y defensores que la animan a que "aprenda", ha incendiado las redes sociales con opiniones sobre el tema y hashtags a favor y en contra. Chabelita (alias Isabel II, gracias Jorge Javier Vázquez por el mote, hay veces que te sales) es una post adolescente que despertó la indignación nacional cuando saltó la noticia de que iba a participar como estilista y asesora de imagen en un programa de televisión. Y claro, todos nos preguntamos: "¿Cómo me voy a creer los consejos de esta tía?". Al final todo se ha quedado en agua de borrajas, porque Isabel II sólo elige los looks que más le gustan de las opciones que, asesores de imagen y blogueras, le presentan. Si pusieran en práctica mi teoría revolucionaria y en vez de tratarla como una tontita a Isabel II realmente le hicieran vivir la pasión y el trabajo que hay detrás de cada prenda, ¿no creéis que realmente aprendería algo y, de paso, también lo harían los 2,135.000 espectadores que vieron el primer programa?

Y ya puestos a imaginar, hagámoslo a lo grande: si las celebrities nivel Z que pululan por programas demenciales no fueran vestidas como si fueran divorciadas discotequeras o gogós de pueblo y en su lugar fueran obligadas a vestirse de Ann Demeulemeester, Hedi Slimane o ya, puestos a lo loco, Gareth Pugh... ¿No creéis que el tono histriónico y maligno de sus intervenciones se tornaría mucho más divertido y bello?

Con Mariló Montero no lo tengo claro del todo. Vamos a tener que seguir dándole vueltas a esta teoría.

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Texto Leticia Orúe
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