muy delgadas o 'tallas grandes': ¿no hay otra opción?

En los últimos años, la industria de la belleza se ha convertido en un mundo de contrastes. ¿Qué está pasando?

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dic. 15 2015, 6:25pm

La modelo Myla Dalvesio en la campaña de Calvin Klein. Fotografía Lachlan Bailey

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De la delgada figura de Bridget Malcolm a las curvas de las modelos de Lane Bryant o del 'contouring' de Kim Kardashian al 'no make-up' de Cameron Díaz. ¿Por qué vivimos de contrastes?

Siempre nos han dicho que el auténtico equilibrio en la vida es saber encontrar el punto intermedio de todo. No obstante, en el día a día nos obstinamos en vivir al balance de los contrastes. Y la industria de la moda y la belleza es un claro ejemplo de ello. O, mejor dicho, de cómo se la somete a una ambivalente polarización de lo que sí aceptamos y de lo que no. 

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Campaña de la marca Protein World

Nuestra sociedad actual, en aras de demostrar su evolución, considera la defensa de los derechos ciudadanos como el principal motor del colectivo, lo que ha derivado a una hipersensibilización -en muchos casos, paternalista- que nos lleva a actuar de forma exagerada. Y es que, ¿realmente todo el mundo prefiere ligar con una "chica real" de Dove que con una Irina Shayk -seguro que mucha gente sí-? ¿Qué demonios es una "chica real"? ¿Qué significa todo eso?

Después de la búsqueda de la verdad, otro de los grandes debates de la filosofía ha sido y es el hallazgo de la belleza. Si definirla ya es difícil, valorarla todavía más. Por ello, resulta curioso cómo sometemos a juicio colectivo el trato subjetivo que en muchos sectores se le da. La publicidad siempre ha buscado imágenes atractivas con las que seducir a su espectador y así lo ha traducido en el mercado de la moda y la belleza.

Campaña Versace otoño/invierno 1991. Fotografía Richard Avedon.

Por alguna razón fue Rita Hayworth quien arrasó promocionando el famoso labial rojo Red Rose de Max Factor y no Betty Davis. Por el mismo motivo arrasaron en los 90 Claudia Schiffer o Cindy Crawford. Y nadie dijo nada.

Pero ahora sí. La obsesión por la imagen ha hecho demasiada mella. No olvidemos que la tasa de trastornos vinculados a la falta de autoestima, siendo la anorexia y la bulimia los más conocidos -aunque cada vez abundan más-, sigue en aumento, y que más del 50% de la población asegura no sentirse satisfecha con su cuerpo. Eso ha llevado a que desde muchos sectores se le exija a la industria de la moda y la belleza que marquen ejemplo y profesen un estereotipo saludable.

Campaña primavera/verano'15 de Violeta by Mango 

Todo perfecto hasta que llega el punto en que ese "saludable" se extrapola a un "real", luego a un "con curvas" y de ahí a lo que podría bien decirse "bien entrada en carnes" -todo con el objetivo de no herir sensibilidades, claro-.

Corría 2013 cuando Mango revolucionó las redes con el lanzamiento de Violeta by Mango, su línea de ropa de tendencia hasta la talla 52 y cuyo "a partir de la 40" no gustó a muchos -ni a muchas-. Era desmesurado meter a las mujeres de una 40 al saco de las "gordas", tal como señaló la campaña a Change.org que surgió de ello y que se quedó en algo más de 85.000 firmas.

Y aunque todo terminó con un mejor enfoque de la comunicación de la marca y hasta parece que hoy nadie lo recuerda, aquello marcó un antes y un después. Desde entonces, los medios hierven con un sinfín de noticias que relatan las barbaridades que sufren las modelos: "Despiden a una modelo de 56 kg. por estar gorda" o "prohíben desfilar a una joven por haber subido dos kilos"- y que han llevado a hipersensibilizarnos con el tema.

Imagen vía @victoriassecret

Entonces, ¿cuál es la postura adecuada? La aceptación. No la aceptación de los cuerpos 'imperfectos', sino la que pasa por comprender que vivimos en un mundo cada vez más influido por los cientos -sino miles- de imágenes que vemos a diario; imágenes que influyen y deforman nuestro concepto de la realidad y que a menudo intentan vendernos un mundo de absurda perfección que algunas personas ya han comprendido que se trata de una gran mentira.

Exijamos honestidad y equilibrio. Es lo mínimo que nos merecemos.

Imagen vía @kendalljenner

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Texto Natàlia Capdevila