desde rusia con amor: conoce al extraordinario 'gang' de gosha rubchinskiy

El diseñador y fotógrafo Gosha Rubchinskiy está convencido de que sus referencias no representan una agenda política. Son, más bien, un reflejo de los tiempos en que vivimos. Personificado por un bello grupo de jóvenes artistas y skaters rusos, su...

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mar. 29 2017, 8:35am

¡Trabajadores del mundo, uníos! Durante siete décadas, esta consigna comunista sirvió como lema de estado para una Unión Soviética llena de buenas intenciones que en última instancia no durarían. Y sin embargo, si Lenin hubiera vivido para ver el desfile de Gosha Rubchinskiy en Kaliningrado en ese frío día de enero de 2017, su corazón marxista habría sentido cierta calidez. En el remoto enclave ruso situado en la costa del Báltico, entre Polonia y Lituania, el diseñador de culto reunió a su tribu de brillantes jóvenes moscovitas en su aventura más personal hasta la fecha. "Cuando piensas en Rusia, piensas en política. Para mí, es más interesante invitarte aquí y mostrarte lo que es Rusia que mostrártelo en París", reflexiona el joven de 32 años mientras se come un club sandwich en el hotel Radisson de Kaliningrado, horas después de su desfile otoño/invierno 2017. 

En la planta baja, los cinco jóvenes rusos que conforman el equipo de Gosha están brindando por el éxito del desfile en el que todos han participado; una culminación de la energía artística que han estado acumulando en los últimos años. Juntos, han creado un movimiento dentro de la moda que refleja un espíritu nostálgico de la Rusia que adoran. Un espíritu que, generalmente, se ve ensombrecido por la cobertura mediática occidental de la política a la que Gosha se refiere.

Efectivamente, cuando aterrizamos en el entorno retro del aeropuerto de Kaliningrado, donde los diligentes turistas nacionales pueden comprar su propio retrato del presidente Putin en un mosaico de ámbar, las noticias informan que la OTAN está enviando tropas a la frontera polaca por motivo del despliegue ruso de misiles nucleares que se produjo ahí en noviembre. Consciente de que Putin arrebató repentinamente la Región de Crimea a Ucrania en 2014, la aplicación de la BBC nos informa de que Lituania ahora también está planeando colocar una valla en su lado de la frontera con Kaliningrado. 

"Gosha es la única persona que retrata el lado positivo de Rusia", dice Valentin Fufaev, un artista de diecisiete años de Moscú con unos ojos en los que te podrías perder. Conoce al diseñador desde que le envió un mensaje en Instagram hace dos años y se convirtió en uno de sus modelos. Valentin, que es un pintor de gran talento, lanzó el año pasado su propia línea de moda, DOUBLECHEESEBURGERVF, en Dover Street Market, "presentada por Gosha", como indica el cartel de la tienda, cuya compañía matriz, Comme des Garçons, respalda la marca de Rubchinskiy. "Es doloroso incluso mencionar la política hoy en día y no deberíamos hablar de ella. No veo la CNN, ni la BBC, ni los telediarios rusos, porque creo que en la actualidad la política es la forma más baja de arte", afirma Valentin.

"Los adolescentes rusos se sienten llenos de energía, están creciendo con Gosha, sintiendo el ambiente y tratando de formar parte de él", continúa. Hay un toque británico en el acento de Valentin gracias a la escuela internacional a la que asiste en Moscú, de la que está a punto de graduarse este verano (para su alegría). Sus compañeros de clase no pertenecen al grupo de seguidores vanguardistas de Gosha. "Piensan que estoy loco. Tenemos un trastorno bipolar mutuo. Les interesan otras cosas, pero en mi opinión no molan nada", declara, indicando que espera estudiar la carrera de Bellas Artes en Central Saint Martins. 

En Gosha, al parecer, sus seguidores no solo encuentran el deseo común de una visión más romántica de su patria rusa, sino también un escape de ella. Y aquí están, los pocos afortunados que pueden estar a su lado, transportados a la ciudad fantasma de Kaliningrado para escenificar su desfile de moda inspirado en el fútbol, un guiño a la próxima Copa del Mundo que se celebrará en Rusia y que tendrá lugar en parte en la provincia báltica. "Me gusta todo lo que une a la gente: la música, el fútbol, la moda...", dice Gosha. Creo que hay una buena razón para ver los lugares con tus propios ojos y no a través de Internet o en los periódicos. Para mí, es mi misión. Soy ruso y tengo una voz. Puedo hablar acerca de mi país e invitar a mis amigos de la prensa internacional aquí".

Gosha, al igual que la madre Rusia, no encontrará mejores embajadores que los miembros de su gang. Hablan de él con una especie de devoción sin precedentes para ser chicos que están llegando al final de la adolescencia. "Ningún hombre o mujer tiene una influencia tan profunda y enorme en mí como Gosha. Todo lo que él me dice, entiendo que es así como debe ser", dice con entusiasmo Artem Nanushyan, un artista y músico con ojos de corderito y la cabeza rapada que ayudó con el estilismo del desfile en Kaliningrado. Conoció a Gosha por primera vez en una rave en Moscú en 2015. 

"A los diez minutos, empezó a hacerme fotos. Hablamos durante unas dos horas, discutiendo nuestras opiniones sobre la vida, el arte, todo... Fue muy profundo", recuerda Artem. "Me dijo: '¡Ay, estoy tan emocionado, tan feliz! Esta es la generación que estaba esperando'". Ivan Shemyakln, un skater con piel de marfil de veintitrés años que acaba de finalizar su servicio militar en Siberia, dice que Gosha "puede intentar cualquier cosa y siempre le saldrá bien". No es la típica frase que escucharías de un grupo de skaters, pero como dice Gosha refiriéndose a sí mismo en tercera persona, "no son adolescentes cualquiera. Son el equipo de Gosha". Dice que sus caracteres serios y poéticos se deben a la tradición eslava. "Tal vez sea una cuestión que tenga más que ver con el pueblo ruso que con estos chicos en sí, porque si lees a Dostoievski o a Tolstoi es muy natural pensar en el origen de las cosas y sentir una nostalgia romántica, vivir los sentimientos y llevar un estilo de vida filosófico".

En la zona de fumadores de la fiesta oficial que hubo por la noche ―celebrada en un club nocturno incomparable de Kaliningrado, el Atlantika― su charla no se centró en chicas o chicos guapos, o lo que sea que uno esperaría de unos chavales jóvenes algo bebidos. De hecho, no fue una simple conversación en absoluto. Estos chicos debatieron sobre la vida y el amor y la situación rusa. "Sí, también hablo de sexo", dice Artem en el hotel. "Empecé a hablar de sexo hace como dos años porque entendí que soy hombre y tengo que hablar de eso con mis amigos, pero los sentimientos y el arte son las discusiones más interesantes para mí y los otros chicos, porque son asuntos reales y de verdad es necesario hablar de ello". Compuso una banda sonora con las grabaciones reales de cada modelo que participó en el desfile de Gosha, en las que respondieron en ruso a preguntas sobre sus realidades y sus sueños. 

"Me llamo Valentin Fufaev. Tengo diecisiete años, nací y vivo en Moscú. Estudio, dibujo y creo. No solo existo, vivo", decía uno. "Mi nombre es Rodion. Tengo diecisiete años, nací y vivo en Krasnoyarsk, Siberia. Escribo poesía y espero que algún día cambie la visión que la gente tiene del mundo", decía otro. León, de dieciséis años, expresó una angustia con la que cualquier adolescente puede identificarse: "No soy nadie y no sé cuándo me convertiré en alguien. Mi sueño es no morir antes de cumplir los veinticinco años".

Y luego estaba la conciencia rusa tan fundamental para el movimiento de Gosha. "Mi sueño es una sociedad sin violencia y opresión", dijo Tyoma, de 22 años y procedente de Vologda. "Cuando miro a la gente a través de la lente", reflexionó un estudiante de fotografía de diecinueve años de Moscú, llamado también Ivan, "veo que en su mayoría están cansados de vivir. Quiero ver a los rusos felices y libres algún día". Para los adolescentes seguidores de Gosha nacidos en los años noventa, la sombría década que siguió a la disolución de la Unión Soviética en 1991 es en su mayoría materia de leyenda. 

"No recuerdo las cosas malas porque era un niño, pero mi madre y mi abuela me contaron las historias, que la gente siempre tenía hambre, que no tenían dinero, que tenían que conseguir vales para comer", dice Ivan Shemyakin, el skater que conoció a Gosha hace tres años y que ahora forma parte del equipo detrás de PACCBET, la línea de skate diseñada por Rubchinskiy y el skater profesional Tolia Titaev. "Esta generación de personas ―el equipo de Gosha― son de los años noventa, un momento muy difícil para los rusos", continúa. "Y tal vez eso nos ayuda a entender este mundo. Tenemos un enfoque diferente". Para el propio Gosha, que tiene treinta y dos años y es el mayor de sus amigos, los años noventa son un claro recuerdo de su niñez y adolescencia. La austeridad de aquellos años se ha convertido en su mayor inspiración: la nostalgia de una era posmoderna de ingenio y superación que creó un estilo urbano centrado en la ropa deportiva exclusivo de la juventud moscovita de los años noventa.

Son recuerdos retorcidos, modificados y a menudo romantizados a través de la lente de sus colecciones y su fotografía (siendo un hombre de muchos talentos, Gosha se refiere a sí mismo como un "creador de imágenes", no como un diseñador). "Solo quiero mostrar mi punto de vista. No quiero educar a la gente, solo quiero mostrarles lo que me gusta. Si les gusta podremos compartir", dice, tratando de explicar su fijación con Rusia. Está convencido de que sus referencias no representan una agenda política, sino un reflejo de los tiempos en que vivimos. 

Cuando llevó su desfile a Florencia en junio de 2016, escogió una fábrica en ruinas de la época de Mussolini para celebrarlo, explicando que su monumentalismo fascista le recordaba la arquitectura rusa y alemana de la misma época. "Cuando llegué aquí por primera vez me sentí como en casa, un lugar cómodo para mis ojos y mi espíritu", dijo entonces. "Pero al mismo tiempo se trata de prestar atención a cómo era la época fascista. Tienes que recordar tu historia". Comparó sus motivos con los del director italiano Pier Paolo Pasolini en la controvertida película Salò, por la que fue asesinado en 1975. "Yo pregunto, ¿qué es Europa ahora?, ¿qué es Italia ahora?, ¿qué es Rusia ahora? No quiero una respuesta, solo planteo una pregunta. Son solo ideas y voy a prestar atención únicamente a lo que está sucediendo ahora, a lo que está en el aire. La gente puede decidir lo que le gusta y lo que no le gusta".

Con el desolador telón de fondo de Kaliningrado, atormentado por el pasado de una Europa destrozada por la guerra, esas preguntas se plantean solas. Un territorio originalmente alemán conocido como Königsberg desde el siglo XIII, fue ocupado por los soviéticos después de la Segunda Guerra Mundial y, aunque fue fuertemente bombardeada, la arquitectura de la ciudad todavía muestra signos de los orígenes prusianos de Kaliningrado, incluso aunque ese toque distintivo en parte práctico y en parte monumental ahora le da un aire más parecido al Christiane F. de principios de los ochenta. 

Bañado con la heladora luz del día que iluminó la sala originaria de 1875 de la antigua Bolsa de Valores de Königsberg, en la orilla del helado río Pregolya, el desfile mostró el toque inconfundible del espíritu adolescente empobrecido que siempre está en el aire alrededor de Gosha Rubchinskiy: diseños como los que usaban sus abuelos, que bien podrían haber salido de una tienda de segunda mano de la posguerra soviética, bufandas de fútbol con su logotipo en alfabeto cirílico (Гоша Рубчинский) y una colaboración con Adidas justo a tiempo para la Copa del Mundo. "Quería mezclar las culturas de los aficionados ingleses al fútbol, la ropa deportiva alemana y los skaters rusos", explica. "Este es el lugar perfecto para presentar una colaboración entre una marca alemana y una marca rusa". Es una amalgama intercultural que define su trabajo. Gosha, que creció en Moscú en aquellos tristes años 90 postsoviéticos de añoranza por las influencias del resto del mundo y por el acceso a ellas, se encontró en 1996, con catorce años de edad, una revista rusa que incluía fotografías de moda y traducciones de i-D y The Face.

Lo que vio fue el fundamento revelador de la carrera que habría de seguir: dar a conocer la cultura juvenil skater rusa, desconocida para el mundo de la moda occidental, a través de lo mejor de la industria periodística. Lo cual finalmente condujo a la creación de su marca en 2008, ahora con el apoyo de Adrian Joffe, presidente de Comme des Garçons y Dover Street Market, que apoya a la marca y a las líneas lanzadas por la pandilla de Gosha bajo el abrigo de Rubchinskiy. Una de ellas es PACCBET, dirigida por Tolia Titaev, un skater profesional de 22 años que se nos unió en Kaliningrado. 

Conoció a Gosha en un casting para su desfile de debut cuando tenía trece años y ha desfilado en casi todos los shows del diseñador desde entonces, siendo testigo de la evolución de la marca y de la popularización de la cultura skater rusa que la inspira. "Antes, no venía a Rusia demasiada gente de las comunidades del skateboarding, pero ahora todos quieren estar aquí", dice Tolia. "Todo el mundo está tratando de copiarles, el corte de los pantalones vaqueros y la pintura de los zapatos; aquello era lo nuestro". Por extraño que parezca, Kaliningrado no tiene intrínsecamente la misma reputación que Moscú, aunque Gosha haya impreso una guía típica impecable para sus huéspedes aquí, con una fotografía brutalista de las principales atracciones de la ciudad.

"La arquitectura es magnífica, pero la ciudad fue completamente destruida después de la guerra por lo que no tiene muchos edificios históricos, así que ningún ruso viene de vacaciones aquí", explica Pavel Milyakov, que trabaja en las impresiones y las bandas sonoras de Gosha. Criado en Moscú, ha vivido tanto en Berlín como en Barcelona. "Muchos de mis amigos, que son diseñadores o músicos, se han mudado a Berlín porque es más fácil vivir allí. Tienen más oportunidades de ganar dinero y más posibilidades. En Moscú es más difícil, pero no puedo vivir en ningún otro lugar. No puedo vivir sin este sentimiento ruso: mucha nieve y demás. De alguna manera me hace más fuerte. Moscú tiene ese clima malísimo y todos esos bloques grises de construcción. También tienen ese tipo de bloques en Berlín, pero en Moscú el sentimiento es más fuerte", Pavel hace una pausa contemplativa. "Tal vez solamente es que siento con más fuerza aquí". Le atribuye esa sensación al mismo espíritu de los años noventa al que todos los amigos de Gosha siguen volviendo: a lo que Pavel denomina la "cárcel de reglas" soviéticas hasta que "llegó la libertad". Aunque Gosha aborda el tema con vaguedad política, la visión romántica de la época por parte del grupo es inconfundible. "Ahora estamos en un momento en que debemos reconsiderar lo que era la Unión Soviética", argumenta Ivan.

"Al final de la década de los noventa pensábamos que todo estaba mal: el comunismo, los líderes, la ideología... Pero realmente olvidamos lo bueno de todo aquello. Era una cultura bella, con gente bella. Debemos intentar repensarlo, tratar de reconocerlo desde un nuevo ángulo". Son quizá palabras muy grandes para un skater de 23 años, pero esa es la forma de pensar que adopta la masculinidad joven, empoderada por el enfoque de Gosha, sobre la vida. 

Como dice Artem: "En este mundo hay mucha gente muy vieja y estúpida y hay algunos chicos tan inteligentes e interesantes que no podrías creerlo, aunque solo tengan quince años". Rodeado por la banda de jóvenes skaters rusos en el backstage del desfile de Gosha, con sus firmes narices y barbillas eslavas, sus cabezas rapadas y sus ojos de cachorro, uno no puede dejar de percibir la extremada belleza que acompaña a los cerebros de este movimiento. Al preguntarle cómo selecciona a los chicos que participan en sus desfiles y que con frecuencia terminan convirtiéndose en sus amigos ―como Artem, Ivan, Pavel, Tolia y Valentin―, Gosha dice que se trata de sensibilidad: "Si siento algo especial elijo a la persona. No se trata de poseer belleza. Tienes que tener algo más para formar parte de un desfile de Gosha".

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Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Gosha Rubchinsky