chupas de cuero y lujo 'vintage': 'el club de la lucha' critica el consumismo a través de la moda

Desde la chaqueta de cuero de Brad Pitt hasta el vestido de dama de honor de Helena Bonham Carter, el diseñador de vestuario Michael Kaplan explica el mensaje detrás de las piezas icónicas de la película.

por Marie Lodi
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17 Octubre 2019, 8:57am

Este mes la icónica película El club de la lucha cumple veinte años. En 1999, el film protagonizado por Brad Pit y Edward Norton desató una oleada de controversia. Basada en la novela homónima de Chuck Palahniuk, The New York Times la describió como "la película de culto definitoria de nuestro tiempo". Dirigida por David Fincher, fue una reflexión sexy, neurótica y brutalmente violenta sobre la alienación del consumismo visto a través de la lente de la hipermasculinidad. Roger Ebert la llegó a describir como "porno machista". Todavía está generando un debate dos décadas después, pero temática y estilísticamente, no se puede negar el atractivo de la cinta.

Edward Norton acababa de recibir alabanzas y grandes críticas por su papel de neonazi reformado en American History X, cuando protagonizó la película haciendo el papel del misterioso personaje conocido solo como el Narrador. Es un empleado de oficina que sufre de insomnio crónico. Después de que su médico se niegue a darle medicamentos para dormir, encuentra consuelo en asistir a grupos de apoyo, no porque padezca cáncer testicular o parásitos sanguíneos como las personas afectadas que conoce, sino porque actúan como una especie de liberación que lo cura de su falta de sueño.

Toda esta situación se mantenía más o menos bien hasta que aparece en su vida Marla Singer, interpretada por Helena Bonham Carter, que comienza a invadir su territorio y arruina su rutina planificada de manera escrupulosa. Y después conoce a Tyler Durden, traficante de jabones y activista anti-consumo, interpretado por Brad Pitt, y gracias a él acaba cambiando sus reuniones de apoyo por noches llenas de sangre en un club de lucha secreto que se reúne en un sótano. Su nueva vida le acaba conduciendo a un auténtico caos liderado por un ejército anarquista.

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Si bien algunos críticos modernos consideran que la película es un presagio simbólico de varios acontecimientos de la última década, desde la crisis financiera hasta el surgimiento de grupos de extrema derecha, El club de la lucha tuvo un impacto en los hombres jóvenes de la época, especialmente cuando aparecer imitaciones del concepto de club de lucha underground. Adam Driver incluso admitió haber comenzado el suyo cuando era adolescente. Puede que no haya hecho historia en la taquilla, pero resonó en la audiencia.

Este argumento se extiende al diseño de vestuario de la película. El look de Tyler es el atuendo de chico malo por excelencia, aunque un poco peculiar y fuera de lo común. Sí, hablamos de la típica chaqueta de cuero, pero en lugar de negra, es rojo carmesí. Michael Kaplan, el diseñador de vestuario de la película —que también fue el genio detrás del vestuario del Blade Runner original y las películas más recientes de Star Wars— tenía un motivo interesante para ese color para la cazadora de Tyler. Como le explicó a The Independent, quería que fuera el "color de la sangre seca", que concordaba con la representación de la violencia en la película. Tyler también necesitaba alejarse del ordinario uniforme del Narrador, que básicamente eran pantalones lisos y camisas de trabajo abotonadas.

Kaplan tuvo en cuenta que Tyler no tenía dinero: "Decidí que iba a ser una persona que obtiene grandes cosas en tiendas de segunda mano, porque yo hago eso y sé que se pueden encontrar", dijo. Pero dado que los personajes clave requieren muchas prendas en su vestuario, Kaplan construyó las chaquetas, utilizando un material de cuero rígido de la década de 1970. "Lo diseñamos y lo hicimos según la forma en que se hacía la ropa en ese momento, pero parecía que era de una tienda de segunda mano: rompimos algunos botones, rasgamos el forro y le pusimos manchas para que pareciera algo que alguien ya no querría", explica.

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La confianza de Tyler como sociópata juega con su inclinación por las texturas únicas y los gráficos llamativos. Lleva un largo abrigo de pelo, camisas hawaianas, una camiseta sin mangas impresa con portadas de revistas obscenas (Kaplan dijo que habían "causado revuelo entre los censores del estudio") y una camiseta corta decorada con hojas de arce. Todas las cosas que el Narrador nunca tendría el descaro de ponerse. Incluso la bata de casa de Tyler era una autentica declaración de rebeldía: una túnica de lana color lavanda bordada con tazas de café. Curiosamente, la ropa de Tyler todavía es lo suficientemente codiciada como para que puedas encontrar réplicas de casi todas las prendas con una búsqueda rápida en Google. (También puedes comprar el mismo albornoz por aproximadamente 200 euros).

Tyler Durden realmente inspiró a los hombres de finales de los 90 a buscar chaquetas rojas de cuero y pantalones con gráficos, algo que no me parece demasiado sorprendente, teniendo en cuenta que todas las chicas que conozco querían parecerse a Marla Singer. Cuando nos presentan a Marla por primera vez, es casi como si se materializara a partir de una nube de humo de cigarrillo. Con una chaqueta negra de pelo, parece una auténtica femme fatale; una chica soñadora y maníaca que sentía amor por el gótico. Era la tía más guay de la época. Pero Kaplan no creía que ella tuviera una opinión buena o mala de sí misma. "No creo que Marla piense que es genial (o que no es genial)", dijo en una entrevista con Clothes on Film. "No creo que ella sea tan consciente de sí misma. Es decidida y, en cierta manera, una superviviente".

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Bonham Carter, que tuvo problemas para descifrar su personaje al principio, le pidió orientación a Kaplan, y él le dijo: "Piensa en Judy Garland, pero en versión 2000". Esto se menciona durante la escena en la que Marla intenta suicidarse con una sobredosis de Xanax; ella lleva un vestido de lentejuelas azul, que, según Kaplan, fue un homenaje a la legendaria cantante.

Al contrario del excéntrico vestuario de Tyler, Kaplan se aseguró de vestir a Marla en tonos oscuros. Su aspecto fue curado por una variedad de fuentes, incluidas tiendas de segunda mano y tiendas vintage, sin nada nuevo aparte de una chaqueta de Rick Owens. En una escena, Marla le cuenta al narrador la historia detrás del vestido que lleva puesto: un vestido de dama de honor rosado, andrajoso y destrozado que compró en una tienda de segunda mano por un dólar. "Es un vestido de dama de honor", dice en la escena. “Alguien lo amó intensamente por un día, luego lo arrojó, como un árbol de Navidad. Tan especial".

Debo admitir que ver esta película nuevamente despertó mi deseo de comprar un abrigo de invierno peludo como Marla Singer, y no puedo evitar pensar en la diatriba de Tyler Durden. “Somos consumidores. Somos los subproductos de una obsesión por el estilo de vida", la voz de Brad Pitt resuena en mi cabeza mientras hago clic silenciosamente en "agregar al carrito".

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Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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