mi primera sesión sadomasoquista: la idea del amor romántico lastima a las mujeres

En su búsqueda por salir de una bache amoroso, Xitlalitl aceptó una oferta para ir a una sesión BDSM. Ya que está metida en el tema, aprovechó para entrevistar a Omar Feliciano, quien es feminista y practica el BDSM (siglas para bondage, disciplina...

por Xitlalitl Rodríguez Mendoza
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10 Noviembre 2015, 7:10pm

Este artículo fue publicado originalmente en Vice.

Omar Feliciano estudió psicología social en la UAM Xochimilco, tiene 38 años, trabaja en el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) —una asociación civil sin fines de lucro— y ha estudiado lo que pasa en cuartos oscuros y otros temas de identidad, espacio, sexualidad, poder y clandestinidad. Es feminista y practica el BDSM (siglas para bondage, disciplina, dominación, sumisión sadismo-masoquismo) aparte del voguing.

Llegué a él por dos amigas, en mi búsqueda para salir de un bache amoroso. Nunca había sentido ganas de morirme hasta entonces. Pero he vuelto. Y la vida me recibió de regreso con una oferta para ir a una sesión BDSM y la acepté. A partir de ahora aceptaré todas las posibilidades. Hablar con Omar me reconfiguró mi noción del amor. Me dijo que la idea que el amor romántico nos hace mucho daño a las mujeres y que prácticas como el sadomasoquismo ayudan a erosionar esos ideales y estereotipos, a jugar con roles y jerarquías y a la subversión que, creo, es el lugar de la música, la poesía, el amor. Luego de hablar con él mi sufrimiento se diluyó un poco.

Esta conversación será la primera entrega de una serie de varios artículos sobre mi camino al fuete.

¿Qué tan pertinente es hablar de BDSM en México en un momento en el que pasan cosas horribles como el asno de Ciudad Juárez que abusó de la conductora y luego Televisa hizo lo propio?
Yo creo que es muy pertinente. La visión feminista de estos actos tienen que ver con la vulnerabilidad, la elección, con el daño y con la explotación. Son cuatro ejes en los que el feminismo puede arrojar luz sobre este tipo de prácticas, en un contexto donde las mujeres son explotadas, violadas y asesinadas. El contexto es muy pertinente. Aquí la palabra clave es agencia: la posibilidad que un sujeto tiene de incidir en el mundo; el tema de la agencia de las mujeres, la posibilidad de elegir actuar y de actuar con intención.

En ese sentido, ¿el BDSM como práctica es una elección?
Exacto. La historia del BDSM con el feminismo es muy larga y forma parte de un conflicto que viene desde los años 70 y 80. Las guerras del sexo del feminismo, cuando el feminismo se dividió en pro sexo y anti sexo o anti porno. Las guerras del sexo en el feminismo han tenido consecuencias como el hecho de que feministas [anti porno] se aliaran con grupos religiosos y conservadores para impulsar leyes, prohibir la pornografía, por ejemplo, y terminaron cooperando con el enemigo.

Esto es pertinente no sólo en consideración de que hay una práctica sexual y el feminismo se pregunta qué papel y qué rol tienen las mujeres al involucrarse con estas prácticas. Si están jugando con el patriarcado o si le están dando la vuelta. Si están jugando con parámetros de explotación o si están ejerciendo de manera radical su agencia.

En los 70 comenzó la división cuando las lesbianas feministas separatistas comenzaron a experimentar y a hablar abiertamente de prácticas como son el bondage, los juegos de rol, el sadomasoquismo y prácticas extremas como la penetración con puño o fist fucking. Una de las autoras fundamentales en el canon feminista Gayle Rubin.

Ella no sólo es abiertamente practicante del sadomasoquismo sino que también ha apoyado el Archivo Leather, un sitio web que impulsa la cultura del sadomasoquismo y de otras experiencias kinky. Ella está trabajando en un archivo de historia oral. Formaba parte del grupo Samois, lesbianas sadomasoquistas. [...] En el '82 miembros del grupo Woman against violence and pornography [Mujeres contra la violencia y la pornografía) se manifestaron contra una conferencia y atacaron la vida privada de estas mujeres [Samois] y las tacharon de desviadas, prácticamente de una sexualidad distorsionada y patriarcal.

¿Qué es lo que más te gusta de la práctica?
A mí personalmente no me gustan mucho los vestuarios y la fantasía elaborada. Me parece muy teatral y a mí no me engancha. Pero el tema de la incorporación de dolor y de control dentro de la relación es importante. Creo que una de las mejores cosas dentro de mi experiencia ha sido aprender a manejar un fuete. Tiene su técnica, es como un pincel de caligrafía. No es soltarte a dar golpes, encontrar con el movimiento de muñeca en que sólo golpees en un punto indicado de cierta manera y cuando me dijeron el porqué era muy fuerte. El fuete es para animales. Para mí todas estas reflexiones sobre animales no humanos y nuestra relación con ellos y el ecofeminismo... Pero a mí el tema del fuete, del dominio, de la marca es particularmente interesante. Lo más importante es el viaje de regreso.

¿Se trata de una práctica colonialista?
Me gusta mucho lo que ha hecho una mujer de origen indio, Maneesha Deckha. Ella tiene un abordaje que es llamado postcolonial. Lo que dice es: "Vamos a entender el dolor como cultura". "Queridas feministas blancas occidentales con su privilegio: ustedes a veces van a ver películas para llorar, ¿verdad? Y eso lo hacen a partir de su propia agencia. Y que estén llorando no significa que están sufriendo emocionalmente con profundidad. Significa que están gozando esa experiencia de llorar frente a una película o un documental". O "Queridas feministas y lesbianas lipstick: cuando ustedes van y se eliminan el vello con cera tienen dolor y están soportando ese dolor por un tipo de beneficio que van a obtener". O cuando "en la cultura occidental van a tolerar dolor en el gimnasio para lograr un ideal estético, lo que están haciendo es formar parte de una cultura de dolor". "Por qué ustedes desde su privilegio de feministas blancas educadas en colegios vienen a decirles a estas otras mujeres que no pueden tener estas prácticas sexuales". Entendamos que las culturas sadomasoquistas y leather ponen el dolor en el centro pero también el consentimiento.

El tema del consentimiento es uno de los temas feministas de gran importancia: consentimiento para el matrimonio, para que te toquen, para tener sexo con una persona, para una maternidad deseada.

¿En específico el BDSM es una práctica occidental?
Ahí te diría que, por ejemplo en México hay muy poca escena. Incluso entre una subcultura como la gay que es muy sexual, hay muy poca práctica. Pero una de las más interesantes es este personaje que hizo el Instituto Mexicano del Shibari. Él estaba promoviendo una práctica que es japonesa. Hay varios componentes que no necesariamente son occidentales. También entiendo la preocupación de que sea una práctica mayoritariamente blanca, que es algo que critican algunas feministas, sobre todo con el papel de la dominatriz y la parte del sadomasoquismo comercial.

En Europa hay una estigmatización hacia las trabajadoras sexuales que realizan un trabajo como dominatrices aunque no haya contacto sexual. Incluso las mismas trabajadoras sexuales tienen "eso sí está bien sucio y bien feo". Pero el hecho de una mujer que a veces puede ser de una minoría esté sometiendo a un hombre blanco representa posibilidades de subversión.

Hay algo que me interesa mucho, es lo que yo he denominado: sexualidades enfocadas en la catarsis, otro tipo de sexualidades, que es por donde ha ido mi trabajo: el sadomasoquismo es una de estas expresiones. Puede haber orgasmo o no, pero eso no es lo importante, lo importante es la descarga emocional que ocurre. Y el sadomasoquismo tiene un gran componente de catarsis. Lo retomo con las dominatrices, ellas se identifican —más que como trabajaras sexuales— como terapeutas. Ellas están creando una escena que tiene una lógica particular para la persona que está pagándole para llevar a cabo la escena y al final no hay contacto sexual; puede haber contacto físico a través de golpes, pero al final el cliente está pagando por una descarga emocional. Exactamente igual que como se hace en terapia.

En estas fantasías hay incorporadas jerarquías sociales que tienen raza, género y clase. Judith Butler, [otra filósofa importante], encuentra que hay posibilidades que hombres negros y latinos que se visten de mujeres ricas blancas no necesariamente están colonizados con la idea de querer ser mujeres, blancas y ricas. Afirma que estás demostrando que puedes casi pasar por mujer blanca pero también estás demostrando que no lo vas a hacer. Estos espacios es en donde puedes traer todas estas normas y jerarquías sociales de raza, género y clase, para jugar con ellas, subvertirlas y burlarte. Hay una posibilidad de transgredir para reorganizar. Si bien es para cumplimiento de una fantasía hay posibilidades de transformación personal. Esa es la gran diferencia entre la sexualidad orgásmica y la sexualidad catártica. La sexualidad catártica, después de un proceso, puedes llegar a una verdad sobre ti o puedes cambiar las verdades que hay sobre ti.

Algunas feministas han planteado el cómo en las escenas sadomasoquistas hay una posibilidad para erosionar ciertas narrativas tradicionales que lastiman a las mujeres, como el amor romántico. Cuando una mujer entra en una relación sadomasoquista donde va a ser el agente masoquista, está entrando con total consentimiento y conocimiento de lo que es esta práctica, en una cultura donde el cuidado y el afecto son muy importantes. Eso es algo que no se dice de las culturas de bondage y sadomasoquismo: hay una obsesión por la seguridad. Utilitaria y hedonista: minimizar el riesgo y maximizar el placer.

Además hay un cuidado por el otro: es decir, vas a negociar con anterioridad lo que va a suceder y hay palabras de seguridad. Cosa que casi nunca sucede en relaciones heterosexuales normales. Te metes en una relación como en una montaña rusa y no sabes lo que va a pasar.

¿Recomendaciones, consejo?
Mantener la atención y saber que se está en una escena que es una fantasía consensual que se puede terminar en determinado momento por la voluntad de las partes.

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Credits


Imagen still de la película Mi Primer Beso
Texto Xitlalitl Rodríguez Mendoza

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