diana kunst y nueva york: una brillante sátira sobre la sociedad contemporánea

La fotógrafa nos presenta 'Return to brave new old world', una serie ambientada en la Gran Manzana en la que un desnudo entre la multitud alienada guarda un mensaje mucho más significativo.

por Raquel Zas
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05 Diciembre 2016, 11:10am

Estamos a punto de entrar en 2017, y a estas alturas hablar de fotografía es hablar, inevitablemente, de Internet, de Instagram y de instantaneidad. Hoy en día, cualquiera de nosotros tiene a su disposición un smartphone con una potente cámara, y el abaratamiento del material fotográfico de calidad pone al alcance de cualquiera cámaras que antes eran aptas solo para profesionales. El resultado es, nos guste o no, una sobrecarga de imágenes en nuestro panorama cultural que, lejos de ofrecer más variedad de puntos de vista, lo cierto es que ha creado una alienación de la fotografía esclavizada a las tendencias. 

Es por eso que nace la necesidad de sacar a la relucir a grandes talentos con personalidad propia y un mensaje lleno de significado. Uno de ellos es la madrileña Diana Kunst, cuyo estilo sutil, poético y perfeccionista, le ha valido trabajar para firmas como Gucci, Davidelfín y para diversas revistas internacionales. Son sus colores cálidos, sus composiciones imposibles y sus parajes solitarios -que nos recuerdan al trabajo del miembro de Magnum Harry Gruyaert- las razones por las que su obra destaca entre las demás. Hablamos con ella sobre su serie Return to the brave old new world para que nos de su visión de Nueva York y nos hable un poco más sobre sus fotografías. 

La serie Return to the brave old new world está inspirada en la famosa novela Un mundo feliz de Aldous Huxley. ¿Te sientes una extraña en este mundo frenético y alienado?
Al haber adoptado una visión científica de la realidad, hemos cerrado la puerta a una más holística. Siento que muchas veces tenemos una visión mundana de algo que es totalmente extraordinario: el planeta que habitamos. Podría contestar que, no es que me sienta extraña sino, más bien, como una observadora que intenta comprender. Pero siempre llego a la misma conclusión: no hay que comprender nada. Creo que hay que disfrutar de lo que tenemos delante en cada momento. Fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras emociones. Por eso creo que es importante trabajar en ellas y, de esta manera, ser tú el que dé forma a cómo percibes el mundo y no al revés.

En esta serie en concreto -pero en la mayoría de tu trabajo- utilizas el desnudo femenino como recurso principal de tus imágenes, ¿qué mensaje esconde detrás?
Me interesan muchos tipos de aprendizaje, desde Thoreau a la filosofía Zen. Después de leer a varios autores, tanto de oriente como de occidente, me doy cuenta de que todos intentan definir la vida en su estado más puro, idea que comparto y que me sirve como fuente de inspiración. En el caso concreto de esta serie, Marina encarna, de alguna manera, al personaje John El Salvaje de la novela Un mundo Feliz de Aldous Huxley. Es el personaje más humano del libro. Un libro que trata de satirizar el desarrollo de la sociedad contemporánea.

La serie se ambienta en Nueva York, ciudad en la que has vivido, ¿qué tiene la Gran Manzana que no tengan otras ciudades europeas?
Nueva York es una ciudad única. Siento que tiene un punto energético en el que todo el posible. Tienes la sensación de que tu vida puede cambiar en cinco minutos de forma drástica. Te puede pasar lo peor y lo mejor en el mismo día. A cada instante. Además aglutina todos los extremos a nivel social: la gente más pobre y la gente más rica. Un paso de cebra puede ser un resumen humano del mundo que poblamos. De ahí surgen muchas historias. Si lo tuviese que definir con una palabra, sería: intensidad

¿Cómo fue llegar allí siendo tan joven y abrirte camino en la escena siendo allí una artista anónima?
No considero que me haya abierto camino allí, siento que lo que hago allí, como en cualquier otro lado, es aprender. Estoy aprendiendo. Por eso creo que Nueva York es un buen sitio en el que seguir explorando porque hay muchísima gente que viene de todas partes del mundo, con su cultura y manera particular de ver la vida, con ganas de compartir y aprender.

¿Nos puedes recomendar un rincón de la ciudad que te resulte especial?
El ferry que va de Manhattan a Staten Island. La primera vez que estuve, me cautivó. No sabía muy bien por qué, pero empece a ir mucho y me di cuenta de que una vez más, se concentraban en ese lugar dos tipos de energías. El de los turistas exaltados, ansiosos de ver la Estatua de la Libertad y la gente local que volvía a su ciudad dormitorio después de una larga e intensa jornada en la gran manzana. Ver esa mezcla de emociones y de rostros me inspiraba muchísimo.

Si se observa tu obra desde un punto de vista temático, ¿cuáles son los temas o las preocupaciones clave a los que siempre regresas?
La identidad y el entorno y cómo se relacionan entre sí. También la búsqueda de la pureza, de lo natural.

¿Qué artistas consagrados te han servido de inspiración para tu trabajo?
Por ponerte algunos ejemplos, te diría Olafur Eliasson, Bill Viola, James Turrel o Carl Andre.

¿Algún joven creativo de nuestro país que crees que deberíamos conocer?
A Ariadna Chez y Sara Montenegro.

Un consejo para los jóvenes fotógrafos que intentan hacerse un nombre en la escena.
Que más que buscar fuera, busquen dentro. 

Has realizado fashion films para firmas como Gucci y has ganado varios reconocimientos en festivales internacionales, ¿cómo te has abierto camino hasta aquí con tan solo 26 años?
Pues la verdad es que no lo sé, imagino que trabajando todos los días, sin pretensiones, sin esperar nada en concreto. El proceso de generar imágenes es una búsqueda de mí misma, como una forma de autoconocimiento. Destilando cosas que tengo dentro y que comparto con gente. Mientras desarrollaba mi identidad y estilo, he ido recibiendo ofertas de trabajo o de colaboración de un lado y de otro.

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Texto Raquel Zas
Fotografía Diana Kunst