de los sueños a la realidad, esta es la nueva fantasía de la moda

¿Qué significan los cambios hechos por Burberry, Vetements y Tom Ford al sistema de ‘velo-cómpralo’? ¿Se perderá el sentido de asombro y fantasía en la moda?

por Tom Rasmussen
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10 Febrero 2016, 6:50pm

​Photography Jason Lloyd Evans

La moda como fantasía es a menudo el bastión del set de moda old school. Es la base para los argumentos que quieren mantener las estructuras arcaicas dentro de una industria que tiene que ver con la venta de la imagen; modelos delgadas, modelos blancas, shows de varios millones de dólares, bolsas personalizadas que van desde £100 mil libras en una subasta; las estructuras elitistas y desiguales que son claramente obsoletas se justifican al ser clasificadas como "fantasía". Por supuesto, para estos aspectos negativos, hay aspectos positivos. Cantidades interminables de asombro provienen de la capacidad de la moda para ser fantástica e inspirar a la fantasía, porque sin ella no tendríamos a McQueen, ni a Galliano en Dior, ni a Gaultier, ni a Leigh Bowery, ni a Ziggy Stardust ni a Beyoncé en el video de Formation...

Y es en la pasarela donde la moda como fantasía se vuelve realidad. Los diseñadores y sus equipos pasan seis meses canalizando ideas, dinero y energía creando momentos que quitan el aliento. La rutina del show es clave para el éxito de una marca de dos maneras: una, para inspirar a la prensa a que le dé a la colección el tipo de escritura que un show necesita para ser promocionado con el fin de, dos, hacer que el cliente recuerde qué diablos pasó hace seis meses cuando lo que está comprando era realmente emocionante. El orden del sistema es show, Instagram, prensa en línea, artículos largos (Siempre y cuando la colección haya sido digna de mención/innovadora/ofensiva), editoriales, almacén, tú. Un proceso de seis pasos que requiere seis meses. Es bastante seguro decir que en el momento en que llega una colección de lujo que hemos visto en las pasarelas en una calle importante, nuestra renta ha aumentado y nos hemos deshecho del impulso de 'necesito eso ahora'. Vis-a-vis pérdida de ganancias para las marcas.

Tiene sentido, entonces, que en la última semana iniciara la rebelión. Burberry y Tom Ford (dos de los mayores jugadores de la moda) y Vetements (una de las entradas de la moda más candente y con gran hype) decidieron descartar el sistema introducido por Charles Worth a finales de 1800. La velocidad es la obsesión de la sociedad (desde el surgimiento de la red), nuestra capacidad de atención, y nuestra paciencia para esperar por cualquier cosa está en rápido declive. Christopher Bailey, Demna Gvasalia y Tom Ford son los primeros en responder a los gritos de los clientes. Pero ¿qué significa esto para la fantasía de la moda? Cuando el objetivo de estas marcas es atar el proceso creativo con lo comercial, ¿qué pasará con la moda como la conocemos y amamos?

En primer lugar, la nueva regla de género funciona. Es un poco ridículo que una industria que ha estado empujando la agenda sin género desde hace un tiempo base todo su calendario en si el cliente tiene un pene o una vagina. A corto plazo significa más tiempo y menos gastos para las marcas: un show por temporada mantiene a los diseñadores tan a menudo sobre-demandados, así como a la prensa, los modelos, los compradores, y la gente de la industria en general, en una mejor posición para hacer su trabajo durante todo el año. Al largo plazo, la fusión de los shows masculinos y femeninos en uno solo puede ofrecer exploraciones continuas y emocionantes de la presentación de género a través de la moda y ésa es una conversación que necesita seguir progresando. Bailey también está eliminando las temporadas de Burberry: simplemente será en septiembre y febrero. Una vez más, las colecciones no atadas al clima hacen mucho sentido en la escala mundial: cuando un comprador en el calor ve un abrigo de piel invernal en Instagram, su atención, y el potencial de ganancias, se pierde de forma natural.

No obstante, el paso directo del show a la estantería es lo que asusta un poco. ¿Qué ocurre con toda una industria que ya existe? El comprador que trabaja sobre los márgenes y entregas cada temporada; las fábricas que tienen que producir la ropa; el crítico que pierde cuatro meses de sueño cada año para mostrar sus opiniones el día del show; las revistas y editores cuyo trabajo es presentar toda la ropa en múltiples escenas para tentar tu cartera y mantenerte interesado seis meses; estos son roles que tendrán que cambiar por completo para coincidir con el nuevo panorama de la moda. Y lo harán. En una industria cuyo contenido está basado enteramente en el cambio, la tendencia y la novedad, no hay conjunto de personas mejor preparadas para adaptarse a los cambios sísmicos en la forma global de la moda. Es el cliente el que paga indirectamente el salario de todos modos, así que tal vez la industria debería fijarse el objetivo de satisfacer la mano que la alimenta.

Sin embargo, uno debe cuestionar el propósito de la pasarela en estas nuevas circunstancias. El nuevo sistema propuesto por Burberry, Vetements y Tom Ford se trata de hablarle directamente al cliente. Ahora uno puede adquirir al instante lo que ve en la pasarela, el show tiene que tratarse del producto, suscitando la pregunta de cuán importante será la fantasía construida en la pasarela del nuevo mundo. Si este sistema se trata de inspirar directamente las ventas, desechando así el sistema de creación de un entorno mágico para mantener el interés de la industria y de los clientes por un período prolongado, ¿podría este cambio indicar el comienzo de una pasarela estilo teletienda? ¿Una cinta transportadora de la moda como realidad, no como fantasía?

Si el sistema reduce la necesidad de artículos extensos e imágenes editoriales, entonces seguramente la moda perderá su encanto de 'aspiracional' que los clientes están buscando comprar. Ya que no solo es el show, son seis meses de sesiones fotográficas y observación de celebridades lo que también hace que realmente te enamores de una prenda de vestir. Es el ahorrar, el soñar con el momento en que el artículo que necesitas llegue a la tienda, es la planificación de qué y cuándo usarás tu nuevo look lo que también contribuye al lado romántico, fantástico y adictivo de la moda. La gratificación retrasada al por menor también es parte de la fantasía. 

Sin embargo, con la eliminación de este retraso, tal vez los diseñadores tienen que trabajar más para atrapar a sus clientes. Es dudoso que los desfiles se conviertan en catálogos en movimiento carentes de emoción y magia, ya que incluso la persona más despistada sabe que la gente no quiere desprenderse de su dinero con prisa. Las personas necesitan del romance, tienen que enamorarse, así que, ya sea que le hable directamente al cliente, o a la prensa que le habla al cliente, el desfile sigue necesitando evocar sentimientos, emoción y adrenalina o, de lo contrario, el producto es simplemente otro producto. Al desdibujar el límite entre el amor a largo plazo y el impulso, Ford, Bailey y Gvasalia se aprovecharán del instinto de "lo quiero ahora" que por lo general se desvanece en seis meses, aumentando así las ganancias de sus marcas ya de por sí multimillonarias. La moda es donde el escapismo se encuentra con el capitalismo salvaje; pero mientras el consumismo consume el sistema, esperemos que haya suficiente espacio para soñar.

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Texto Tom Rasmussen
Fotografía Jason Lloyd Evans

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