Ramiro Gomez, Paramount Studios, acrílico en canvas, 2016. Cortesía del artista y Charlie James Gallery, Los Ángeles. Fotografía Michael Underwood.  

los artistas latinoamericanos desafiando la narrativa inmigratoria de trump

Una perspectiva diferente y necesaria.

por Mariana Fernandez
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29 Junio 2018, 4:37pm

Ramiro Gomez, Paramount Studios, acrílico en canvas, 2016. Cortesía del artista y Charlie James Gallery, Los Ángeles. Fotografía Michael Underwood.  

"Cuando se trata de migración, el discurso rara vez se enfoca en las historias de las personas reales que están intentando alcanzar el éxito", dijo el artista Felipe Baeza, quien emigró a los Estados Unidos desde México siendo un niño, como muchos de los niños que actualmente están recluidos en centros de detención bajo la política de 'cero tolerancia' de la administración de Trump. En el transcurso de las últimas seis semanas, más de 2,300 niños han sido separados de sus padres en la frontera de México con Estados Unidos.

Actualmente, los inmigrantes representan más del 15% de la población de los Estados Unidos, entre ellos hay abogados, médicos, maestros y jornaleros cuyas historias de éxito se ven opacadas en gran medida por las narrativas de criminalidad y castigo que predominan en el ciclo de las noticias diarias.

Dentro del cada vez más xenófobo Estados Unidos, los artistas forman parte de los grupos de personas que están creando un espacio de intervención y protección para los migrantes, tanto política como personalmente, a través de obras complejas y multidimensionales como el mural de casi un kilómetro Great Wall of Los Angeles de Judith Baca, que narra los abusos de los estadounidenses a lo largo de la historia, o el delicado monumento No olvidado de Andrea Bowers a las personas que murieron al intentar cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

"Creo que el arte juega un papel crucial en la transformación, la redefinición y la reinvención del fenómeno mundial de la migración", dijo Baeza. Aquí, te presentamos los obras de algunos de los artistas latinoamericanos que están dando forma a la conversación en torno a la inmigración, la inclusión y la representación en el arte visual.

Vista de la instalación de Bosco Sodi, Muro, en Washington Square Park, Nueva York, septiembre 7, 2017. Foto: Diego Flores y Chris Stach. Arte © 2018 Bosco Sodi.

Bosco Sodi
En la mañana del 7 de septiembre, sólo por un día fue erigido un muro de casi dos metros de alto y ocho metros de largo en Washington Square Park. Cuando terminaron de levantarlo como a eso de las 3:00 p.m., se alentó a las personas de todas las nacionalidades, etnias y clases sociales a desmantelar la instalación y llevarse un ladrillo a casa con ellas, fue una manera de derribar física y simbólicamente las barreras que la administración de Trump ha fomentado.

El artista mexicano radicado en Brooklyn, Bosco Sodi (mejor conocido por sus coloridas y texturizadas pinturas de gran escala inspiradas en su herencia mexicana), había erigido su primera instalación de arte público en Nueva York. Su Muro estaba compuesto por 1,600 ladrillos de arcilla hechos a mano en el estudio del artista en México y transportados a Nueva York por la misma ruta que un inmigrante ilegal tomaría. En una entrevista con Artforum, Sodi dijo que el proyecto surgió a partir de conversaciones con los artesanos que trabajan en la zona cercana a Casa Wabi, su fundación en Oaxaca, México, muchos de los cuales habían vivido ilegalmente en los Estados Unidos en algún momento de sus vidas. Especialmente hoy, el Muro de Sodi es un recordatorio necesario de que todos los obstáculos tienen el potencial de ser destruidos a través de la fuerza unida de todos.

Ramiro Gomez, Fred Segal Store, Los Ángeles acrílico en canvas, 2016. Cortesía del artista y Charlie James Gallery, Los Ángeles. Fotografía Michael Underwood

Ramiro Gómez
Ramiro Gómez es un pintor radicado en L.A. que nació en California, y es hijo de dos inmigrantes mexicanos indocumentados. Se convirtió en un pilar del mundo artístico de LA por sus improvisaciones basadas en las pinturas de piscinas de David Hockney en 2014. Mientras Hockney pintaba un mundo inmaculado de dicha modernista, la obra de Gómez atrajo la atención sobre los trabajadores de piel oscura cuyo trabajo es necesario para darle mantenimiento al mundo de Hockney. Reimaginó la obra A Bigger Splash de Hockney con su obra No Splash, una versión que incluye a los trabajadores que limpian las aguas cristalinas de las piscinas. Hubo otras subversiones poderosas: Beverly Hills Housewife de Hockney se convirtió en Beverly Hills Housekeeper en la versión de Gómez y American Collectors se manifestó en American Gardeners.

La obra de Gómez es un ingenioso homenaje a las personas cuyo trabajo es invisibilizado día tras día. En su serie Melrose, Gómez se inspira en la enorme, esencial y a menudo olvidada población de trabajadores inmigrantes de Los Ángeles, que trabajan detrás de escena para dar mantenimiento a las salas de cine, los museos y los bellos caminos adornados por palmeras. En otra serie, titulada Large Magazine Paintings, Gómez superpone imágenes acrílicas de niñeras, señoras de la limpieza y jardineros sobre portadas de revistas con prístinas escenas domésticas de México y Estados Unidos. Una de ellas es un autorretrato de cuando el artista trabajó como niñero para una familia de West Hollywood, una experiencia que nutrió en gran medida su práctica artística posterior.

Imagen cortesía de Ruth y Elmer Wellin, Museo de Art de Hamilton College, Clinton, NY. Fotografía John Bentham.

Margarita Cabrera
La constante migración entre México y Texas y los peligros de cruzar la frontera nutren la obra de la artista mexico-estadounidense Margarita Cabrera. Space in Between presenta esculturas de cactus, aloe vera y agave hechas a partir de piezas de tela de uniformes de la Patrulla Fronteriza de EU. Con sus etiquetas, botones y bolsillos intactos, los uniformes fueron cortados y cosidos para duplicar las formas de las plantas del desierto, las cuales guardan un extraño parecido desde lejos. Y de cerca, las historias de inmigración se hacen visibles.

Bordadas en las esculturas de Cabrera encontramos figuras de animales, flores, soles brillantes, la bandera mexicana y palabras como "familia" y "amor", cada panel es una representación única de la vida cotidiana de un trabajador y su concepto de identidad y hogar. Cabrera, una inmigrante mexicana también, creó las esculturas con la ayuda de costureras inmigrantes que asistieron a una serie de talleres de bordado que organizó como parte de un programa comunitario en 2010. Las desgarradoras esculturas cuentan historias de miedo, peligro y muerte, pero al igual que las propiedades curativas del aloe vera, también representan la resiliencia, la supervivencia y el éxito frente a la adversidad.

Alfredo Jaar, "A Logo for America," 2014. Cortesía de Galerie Lelong & Co. y el artista, Nueva York.

Alfredo Jaar
El artista chileno Alfredo Jaar ha estado haciendo arte sobre las violaciones a los derechos humanos durante buena parte de las últimas tres décadas. Su animación de 1987, A Logo for America, abordó el nativismo y etnocentrismo de EU, así como el reclamo de la identidad de todo el continente americano como propia. La pieza fue transmitida hace casi tres décadas en un cartel electrónico en Times Square como parte de la serie Messages to the Public del Fondo de Arte Público, pero ahora se ha vuelto aún más relevante que entonces. En la secuencia de 42 segundos, una imagen de la bandera estadounidense es seguida por una declaración que impugna su significado, luego una imagen del mapa de los Estados Unidos precede a la declaración, "THIS IS NOT AMERICA" [Esto no es América]. América, pone Jaar al final, es la totalidad de la parte norte y sur del Continente Americano.

En otra obra, una fotografía en blanco y negro de 2018, Jaar imagina a Ellis Island como podría verse en 2024, un lugar sin ningún rastro de lo que lo convirtió en un símbolo de esperanza, tolerancia y solidaridad para los millones de inmigrantes que atravesaron sus puertas durante los siglos XIX y XX.

Cortesía de los artistas: Mary Mary, Glasgow, Wise Elders Portraiture Class at Centro Tyrone Guzman. En Familia hay Fuerza, mural, 2017, óleo sobre lino.

Aliza Nisenbaum
De 2012 a 2016, la artista nacida en la Ciudad de México y residente de Nueva York, Aliza Nisenbaum, se dedicó a pintar tiernos retratos de inmigrantes indocumentados de México y Centroamérica. Primero, Nisenbaum se ofreció voluntariamente para enseñar inglés a inmigrantes a través de la historia del arte feminista en el espacio comunitario de la artista cubana Tania Bruguera, Immigrant Movement International, en Queens, Nueva York en 2012. Allí, les pidió a muchos de sus estudiantes que posaran para sus retratos. A medida que fue forjando conexiones más profundas con ellos, comenzó a pintarlos a ellos, a los miembros de sus familias y a sus amigos en entornos domésticos.

Los sensibles retratos de Nisenbaum, parecidos a los de Alice Neel o Lynette Yiadom-Boakye, conmemoran a las personas en ellos y sus actos cotidianos de heroísmo y resiliencia: un padre y su hijo leyendo las noticias de la mañana, unas hermanas viendo la televisión, una gran familia dándose un abrazo. Nisenbaum se sitúa entre el realismo social mexicano y la pintura figurativa políticamente comprometida, pero el verdadero poder político de su trabajo radica en la individualidad, la complejidad y la humanidad de las personas que tan amorosamente pinta.

Este artículo fue publicado originalmente en i-D US.

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