de hermès a homiés: una exposición sobre el plagio

i-D habla con el comisario de la nueva exposición del Fashion Institute of Technology de Nueva York que investiga sobre la delgada línea que separa el homenaje de la copia.

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12 Diciembre 2014, 2:35pm

Nos gustan las falsificaciónes y no, no es un eslogan de 'Alibaba.com'. Es una observación personal que no podemos evitar cuando vemos cosas como las fotos de Shanzhai Biennial con chaquetas falsas de Chanel en Colette, la colección de M.I.A para Versus Versace y la plaga de sudaderas Hermès/Homiés que se expandió en 2013. 

Cuando vives en lugares como Londres o Nueva York, cada vez es más común ver como los chicos de barrio van introduciendo poco a poco la doble 'C' en la ropa deportiva combinándola con cinturones de piel falsa de "Gucci". ¿Y para redondear? Mezcla todo eso con prendas de firma auténticas y demás caprichos caros (mochilas de Moschino, botas de Miu Miu, patatas fritas con aceite de trufa de 20 euros o lo que tu quieras).

Es difícil determinar el origen del concepto de "la tendencia de la falsificación". Por eso, el Fashion Institute of Technology de Nueva York quiere tratar el tema en su nueva exposición, Faking It: Originals, Copies and Counterfeits. Esta propuesta se remonta a los orígenes de la copia en la moda empezando por las grandes casas de costura europeas (como Worth, Poiret y Balmain), pasando por la logomanía de los 80 hasta la escena actual del streetweat. Lo verdaderamente fascinante de Faking It es que no solo trata temas contemporáneos como la colección McDonald's de Moschino; también habla de fenómenos como el vestido 66 de las sopas Campbell. Para conseguirlo, solo tenías que enviar 1 dólar y dos etiquetas de sopa Campbell y la empresa te enviaba un vestido con un estampado de la archiconocida obra de Warhol; es decir, la compañía creó una copia de la copia de Warhol en beneficio propio.

Esta exposición hace hincapié en lo turbia que ha sido siempre la dicotomía entre lo original y la copia. A mediados del siglo XX, las casas de alta costura como Dior sancionaban a todo aquel que se atreviera a copiar sus diseños para (de paso) obtener una bonificación económica. Desde aquello, han surgido todo tipo de fenómenos que giran entorno a este tema; colaboraciones entre firmas de lujo y marcas de a pie, parodias, y demás comentarios al respecto. Aunque la falsificación pueda parecer un tema tabú, en realidad es una de las cosas que más crispa a los diseñadores. Se pierden miles de millones al año por culpa de esta actividad y, por esa razón, cada vez surgen más organizaciones que tratan de acabar con el negocio de la copia. Lo contradictorio es que, a la vez que los falsificadores son parásitos para las firmas de lujo, también son una señal de su éxito. Patrizio Bertelli, el director ejecutivo de Prada, dijo en 2012: "No queremos ser una marca que nadie quiera plagiar".

Nos sentamos con Ariele Elia, la curator del FIT, para hablar del origen del plagio, sobre aquella vez en la que Balenciaga prohibió la entrada a la prensa en sus desfiles y sobre por qué Coco Chanel estaba encantada con los falsificadores.

¿Cuál es la falsificación más antigua de la exposición y por qué se establece ese punto de partida?
Lo más antiguo son un par de zapatos del siglo XVIII con unas hebillas de piedra incrustadas que pasan por diamantes. Pero, en realidad, la copia se inicia con la llegada de las firmas de moda y todo el sistema de la alta costura. A principios y mediados del siglo XX, los diseñadores creaban "copias con licencia", que eran réplicas exactas de sus obras pero sin etiqueta. Los compradores de tiendas americanas como Bergdorf Goodman y Macy's iban a París y adquirían estas prendas de firmas como Poiret, Balmain y Dior.

Es fascinante que la copia estuviese tan integrada en el modelo de negocio de entonces. ¿Cuándo se convirtió en una amenaza?
Justo en aquel contexto. En 1956, Balenciaga y Givenchy prohibieron la entrada a la prensa en sus desfiles porque pensaron que sería una buena forma de acabar con todo tipo de plagio. Solo podían asistir los clientes particulares, compradores y algunos consumidores muy leales a la firma, pero la táctica no funcionó como ellos pensaban. Los compradores podían comprar una pieza, pero ya habían visto el resto de la colección y, a pesar de que las fotografías y los dibujos estaban terminantemente prohibidos, contrataron a especialistas con la capacidad de recordar todos los detalles para representarlos después. Uno para las mangas, otro para el torso y otro para el corte. Después del desfile, quedaban todos en un hotel y lo unían todo.

Abrigo costumizado de Louis Vuitton por Dapper Dan en Harlem.

A principios del siglo XX, Paquin, Poiret y Vionnet fueron los primeros en reivindicar las primeras propuestas de las leyes del copyright. En Francia puedes registrar un vestido, mientras que en Estados Unidos solo puedes registrar marcas, logos y estampados. Una de las razones por las que la creación de marcas y logos se popularizó tanto después de aquello es porque es más fácil descubrir a los que tratan de plagiarlos pero también se convierten en blancos fáciles porque es mucho más sencillo reproducir un logo que el patrón de una prenda. Francia es uno de los países que más protege la propiedad intelectual; si llevas un bolso falso por la calle, te arriesgas a que te detengan o que te multen.

En el proceso de búsqueda, ¿fue difícil diferenciar lo falso de lo original?
Con los accesorios es muy complicado; en la mayoría solo lo puedes verificar analizando el interior. La arquitectura del objeto no suele ser sólida y el cuero se deforma la mayoría de las veces a pesar de que el exterior sea impecable.

¿Habéis encontrado algún ejemplo de plagio que sea más ingenioso que la pieza auténtica?
Las piezas de Dapper Dan son muy interesantes. Hizo unas prendas de piel que se popularizaron gracias a las estrellas del hip hop de los 80 y los 90 con el objetivo de hacer que sus clientes se sintiesen más ricos de lo que realmente eran. Consiguió estampar logos de firmas de lujo como MCM, Louis Vuitton y Gucci sobre materiales como el cuero sin que se desconcharan con la lluvia. Diseñó una bomber cruzada que simula la forma de un esmoquin que me parece una propuesta mucho más atractiva de lo que hubiesen hecho MCM o Louis Vuitton.

Otro de mis ejemplos favoritos es el vestido estampado de Yohji Yamamoto de 2007 con una copia del famoso monograma de Louis Vuitton. ¿Es una forma de reírse de la marca o simplemente una versión redefinida del mismo? Lo más curioso es que la maison francesa no tomó medidas al respecto y Yohji no tuvo ningún tipo de problema.

El vesitido 'Mondrian' de Yves Saint Laurent en la portada de Vogue París.

Cuéntame un poco más sobre la sección de la exposición con los diseñadores que han copiado a artistas.
Hay un vacío legal muy extraño en ese caso en particular. Todavía no ha habido ninguna demanda judicial por parte de un artista hacia un diseñador de moda. Todos los abogados especializados en casos relacionados con el arte con los que he hablado me han dicho lo mismo; lo ven como un homenaje. Como por ejemplo la colección 'Mondrian' de Yves Saint Laurent. Cuando Marc Jacobs estaba al cargo de Perry Ellis, la Academia del cine americano envió una amenazante carta al diseñador por una falda estampada con la estatuilla del Oscar. La falda nunca se llegó a producir pero fue donada a un museo.

¿Existe algún diseñador que le tenga aprecio a la falsificación o la ve como una vía publicitaria? ¿Es siempre algo negativo?
Chanel, por ejemplo, estaba encantada con aquellos que plagiaban sus creaciones. Supongo que entendía bien como funcionaba la industria de la moda y que la mala prensa no existe. Al principio, en 1930, unió sus fuerzas con Vionnet para acabar con el industria de la falsificación pero, una vez entrados los 60, se dio cuenta de que a pesar de las copias, todo el mundo sabía que aquello era Chanel.

Faking It estará del 2 de diciembre de 2014 al 25 de abril de 2015 en el museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York.

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Texto Alice Hines
Imágenes © Fashion Institute of Technology
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