ser guapa ya no es suficiente para ser modelo

Hace no mucho tiempo, si querías ser la nueva supermodelo de fama mundial tenías que ser alta, delgada, guapa, tener una piel perfecta, el pelo brillante, diez dedos y, como cualquier fan respetable de Tyra sabrá, tener la habilidad de marcarte un...

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26 noviembre 2014, 12:10pm

Harry Carr

Ya no sólo va de ser increíblemente guapa, sino que la personalidad también cuenta. No se conocen muy bien las razones y, en realidad, podríamos achacarlas a multitud de factores: la lucha en contra de años de perfección vía Photoshop, el auge de las redes sociales, el fetiche de lo nuevo, la ganas de lo real, la cantidad de gente que mola por la calle...

Cara Delevingne es modelo, actriz, cantante, diseñadora y, según su perfil de Twitter, un ser humano profesional. Tiene alrededor de 6 millones de seguidores en Instagram y ha protagonizado todas las campañas que se te puedan pasar por la cabeza. Tendrá unas cejas increíbles, pero su personalidad bien lo vale. Hoy en día no es suficiente con una cara bonita: las supermodelos de hoy tienen un extra añadido. Tenemos a la brillante y delicada Edie Campbell -que acompañó su premio de Modelo del Año con un: "Las modelos no suelen hablar, así que puede que éste sea el final de mi carrera"; a la gótica Lily McMenamy: rara, maravillosa y que, todavía hoy, lleva corrector dental; a Jourdan Dunn, modelo, madre y aficionada al "Harlem Shake" y que además tiene su propio programa de cocina; a Natalie Westling, la skater de moda; a Charlotte Free y, cómo no, a la portada de otoño de i-D, Binx Walton, que viste como un chico y a la que le encanta jugar a fútbol.

"Ahora, con chicas como Cara y Joan, podemos tener personalidad," dice Binx, "Ya no tenemos que ser la típica rubia despampanante de ojos azules; podemos ser chicas normales."

Atrás quedaron las maniquíes mudas de hace años, aquella idea de perfección extraterrenal y las míticas "tops" de los 80. La nueva generación de modelos está orgullosa de sí misma, no se calla ni una y sus integrantes rebosan personalidad. Pero, sobre todo, son ellas mismas. "Ahora, con chicas como Cara y Joan, podemos tener personalidad," dice Binx. "Ya no tenemos que ser la típica rubia despampanante de ojos azules; podemos ser chicas normales". Tan normales que, de hecho, Jeremy Scott las ha dejado patinar por la pasarela en el desfile de Moschino, mientras que Karl Lagerfeld las ha dejado desfilar por una pasarela en forma de bulevar parisino armadas con megáfonos de Chanel customizados y eslóganes de protesta para reivindicar los derechos de la mujeres.

Vivimos en una época donde el omnipresente ojo de Instagram nos permite verlo todo sobre las vidas de nuestras modelos favoritas -desde qué desayunan hasta lo que comen sus mascotas- y donde podemos hackear los "selfies" más íntimos de los famosos y difundirlos por Internet. Una época en la que cuanto más vemos a los que idolatramos, más idolatramos a los que vemos. El halo de misterio que las rodeaba es cosa del pasado: ahora preferimos ver a nuestras modelos con vidas reales antes que a divas de realities ultraconocidos.

Recién llegado su debut editorial en el número de septiembre de Vogue y habiendo desfilado para prácticamente todas las firmas esta temporada, podemos asegurar que 2014 ha sido un muy buen año para la chica favorita de Instagram (con alrededor de 13 millones de seguidores), Kendall Jenner. Pero, ¿por qué están todos tan obsesionados con ella? La respuesta tiene que ver, obviamente, con el hecho de que los norteamericanos lo saben todo sobre ella, ya que la han visto crecer en el reality familiar Keeping Up with the Kardashians, protagonizado por Kim Kardashian y sus hermanas. Pero eso no es todo. No sólo queremos verlas siendo chicas normales; en 2014 también hemos visto muchos casos de jóvenes convertidos en modelos debido a los cástings a pie de calle y el auge de los anti-modelos.

Hacer fotos a la gente guapa de la calle no es nada nuevo; i-D fue fundada en 1980 como un fanzine de street style dedicado a mostrar la cultura punk, con sus agresivos peinados teñidos de colores, sus pieles paliduchas y sus rostros ultra maquillados. Por aquél entonces, las pasarelas y portadas de revistas se llenaban de modelos altas con cuerpos tonificados y bronceados del estilo de Christie Brinkley. Mientras que i-D siempre se ha identificado con estos rasgos contraculturales, ahora puedes encontrar modelos sacadas de la calle en todas las revistas de gran tirada, desde Vogue a Vanity Fair. De hecho, lo que empezó siendo una reacción en contra de los estándares de belleza en las modelos, se ha convertido en una revolución social.

Pronto despegaron plataformas como AAMO, Anti Agency, Tomorrow is Another Day, Joel B y otras agencias que seguían la tendencia de lo "real" y que alcanzaron un gran éxito rápidamente. De repente se había creado todo un universo donde la personalidad y los looks no convencionales constituían el eje principal de esta nueva estética.

Primero fueron los estilistas más jóvenes, al acecho de chicas con el pelo morado, septums y tatuajes de calaveras; después, cuando las redes sociales entraron en juego, todos empezaron a darse cuenta de las libertades que ofrecía el mundo online. Pronto despegaron plataformas como AAMO, Anti Agency, Tomorrow is Another Day, Joel B y otras agencias que seguían la tendencia de lo "real" y que alcanzaron un gran éxito rápidamente. De repente se había creado todo un universo donde la personalidad y los looks no convencionales constituían el eje principal de una nueva estética. Y, tal y como ocurrió con la nostalgia por los 90 o el Ice Bucket Challenge, comenzaron a difundirse.

"Durante mucho tiempo los agentes han dictado los cánones de belleza y ese era el baremo de elección que teníamos para escoger", dice Angus Munro, director de casting de AM Casting y de i-D. "Durante años hemos presenciado un aumento enorme en el número de castings que hacemos en la calle, ya que los clientes buscan cada vez más una belleza más genuina con una historia detrás", añade.

Encabezando esta ola revolucionaria, y para su primera campaña de Diesel Reboot, Nicola Formichetti abrió un casting para encontrar a sus protagonistas a través de redes sociales. Al mismo tiempo, Rick Owens contrató un grupo de bailarines de stomping step para su desfile de primavera/verano para el 2014, mientras que Donna Karan mezcló skaters, artistas y DJs para el otoño/invierno de 2014.

A principios de año, Katie Hillier y Luella Bartley eran Trending Topic en Twitter cuando anunciaron la campaña #castmemarc. Poco después, DKNY retomó el protagonismo lanzando la cruzada #CARAWANTSYOU.

Aunque en cierta manera revolucionaria, muchos han cuestionado la autenticidad de estas campañas. ¿Están realmente cambiando nuestra idea de belleza convencional, o lo hacen solo para conseguir publicidad gratuita? No estoy convencida de esto último, especialmente en casos como los de Champions of Diversity, Avengers of the Marginalized y Meadham Krichhoff que, recientemente, lanzó un casting abierto para su desfile primavera/verano'15. "Siento que los cánones de belleza están anticuados y que el modo en cómo se presenta, se distribuye, se vende y se ve la moda se ha vuelto, en parte, irrelevante", cita Meadham, "buscamos, simplemente, una personalidad diferente que se refleje en sus caras y en como los jóvenes se mueven".

Se podría decir lo mismo de Nasir Mazhar y Ed Marler, que también ha apostado por ejércitos de modelos callejeros para capitanear sus desfiles esta temporada. "Seleccionamos a nuestros modelos en la calle porque el desfile iba sobre personajes diferentes," afirma Marler. "Es como si las modelos estuviesen diseñadas para que sean la chica que tú quieres: por eso es genial tener a alguien que aporte su propia personalidad y algo inesperado a la ropa, con su actitud y su forma de caminar", concluye.

¿Nos hemos desecho de nuestros prejuicios superficiales y estamos de acuerdo en que ser modelo ya no depende exclusivamente del físico? ¿Ha ganado el interior al estilo? Es complicado, pero la revolución acaba de empezar y puede que, a la larga, continúe.

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Texto Tish Weinstock
Fotografía Harry Carr