17 looks que definieron 2017

Desde chaquetones acolchados hasta trajes suficientemente grandes como para vivir dentro de ellos, este año destacó por unos looks que abarcaron desde lo asequible y excéntrico hasta lo dolorosamente caro.

por James Anderson; traducido por Eva Cañada
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dic. 22 2017, 9:07am

Botas calcetín de Balenciaga
Tan codiciadas y omnipresentes durante 2017 que incluso los queridos grandes almacenes M&S ahora ofrecen una versión filtrada de un prototipo que fue adorado desde el principio por los seguidores de Demna, por los fanáticos del streetwear y por los compradores de presupuesto limitado que se dejaron caer por DSM para probárselas, hacerse un selfie rápido y subir el resultado precipitadamente a Instagram antes de que el guarda de seguridad tuviera siquiera tiempo de echarles la bronca.

Chaquetas acolchadas
Cuanto más envolventes y enormes, más gustaban a la gente (o más las deseaban, o más las necesitaban). Disponibles en una interminable gama de incongruentes tejidos y acabados ―incluyendo terciopelo rosa, charol y forro polar color cobalto―, fueron llevadas por todo el mundo, desde skaters esclavos de los caros chándales de Gosha, hasta ese machaca de dimensiones gigantescas en la puerta de Fashion Scout que no te dejó entrar al desfile de Pam Hogg allá por febrero.

Cadenas para el cinturón
En determinado momento casi parecía que había una competición entre los club kids para demostrar cuántas cadenas podían engancharse juntas con mosquetones, muelles de cuaderno y pendientes de aro ―en ocasiones mejorando el resultado con sogas y llaveros― para maximizar el look. Este estilo tan individual se abrió camino hasta las cadenas de tiendas y los centros comerciales, donde se vendían versiones genéricas ya construidas de fábrica.

Gafas estilo secretaria sin montura
Una interpretación muy exclusiva de la "Executive Realness" al estilo de Paris Is Burning. Generalmente compradas en Poundland, con los cristales lo más finos posible, que garantizaran tan solo un nivel medianamente manejable de visión. Sobre todo fueron llevadas por imitadoras de Lotta Volkova en prácticamente todas las fiestas de inauguración de la moda a lo largo del año y con frecuencia subidas a Instagram con el hashtag #secretariasexy.

Pieles falsas
El anuncio en octubre por parte de Gucci de que iba a abandonar el uso de pieles auténticas fue un indicador masivo del gusto actual por todas las cosas que resultan acogedoras, esponjosas y libres de crueldad. Pero la icónica marca no estaba sino adaptándose a la mentalidad millennial moderna, que ya había decidido que el futuro pasa por las pieles falsas. Por lo tanto, durante cualquier noche de fiesta en este año podías ver abrigos de piel falsa ―de diseñador o de una cadena de tiendas más asequible― formando un bulto multicolor y generando electricidad estática mientras era arrojado despreocupadamente detrás de la cabina del DJ.

Botas de cowboy
El calzado ideal para cualquiera que quisiera este año que el mundo entero supiera que era un fan enorme de Raf en Calvin Klein, que incluyó dichas botas en su colección otoño/invierno '17. Las tiendas vintage de East London hicieron su agosto y vieron a sus clientes pelear entre ellos por conseguir un polvoriento par viejo (la última vez que estuvieron de moda fue cuando Little Mix todavía eran populares) por una fracción del precio, en una puja desesperada por reproducir la vieja fantasía del country y el western.

Trajes masculinos extragrandes
Su versión más popular fue la de raya diplomática y tan voluminosos que las manos no asomaban por el extremo de la manga. La gran demanda de esta versión aumentada de la sastrería masculina significó que cada vez que te pasabas a dar un vistazo rápido por el Humana, la percha de trajes de hombre siempre estaba totalmente desordenada.

Gabardinas de charol
Con bastante probabilidad muchos de los compradores más jóvenes ni siquiera sabían quién era Helmut Lang hasta 2017, pero cuando Shayne Oliver se implicó como "diseñador residente" en la influyente marca, se convirtió en uno de los nombres más mencionados. De pronto todo el mundo quería una gabardina de Lang ―o una copia, claro―, que por lo general se acompañaba con una bandolera de Freitag y unas plataformas Buffalo que suscitan la típica división de opiniones " ¿realmente molan o son simplemente horrorosas?".

Un solo pendiente largo de piedras brillantes
Popular entre quienes quisieron caminar por la cuerda floja que separa el glam de lo ligeramente "extremo". Estas pequeñas joyas se vieron y se escucharon tintinear suavemente contra diversos cuellos en todo tipo de glamurosas fiestas de la moda y polvorientas raves, ya fuera en The Scotch of St James, o en alguna antigua lavandería abandonada en Margate.

Zapatos de tacón fino y bajo comprados en una tienda de beneficencia
Con unos tacones diminutos que se mantenían estables solo mediante la fuerza de voluntad y el encogimiento de los dedos, no solo estuvieron de moda este año, sino que también tenían crédito extra si te habían costado solo un par de euros en una tienda de segunda mano y venían adornados con algún motivo ecuestre o con un lazo. Por desgracia no eran el calzado más práctico del mundo para tambalearse por una fiesta clandestina organizada en un almacén en medio de un polígono industrial...

Prendas procedentes del mundo de la brujería
Inspiradas por un montón de artículos en fanzines y revistas, las ventas de velas negras y cartas de tarot se dispararon, desatando el consecuente incremento de la popularidad de las camisetas del aterrador Marilyn Manson, llevadas con botas de puntera y acompañadas por, ejem, hechizantes conversaciones sobre el wiccanismo.

Zapatillas Triple S de Balenciaga
Fervientemente deseadas, se convirtieron en una especie de abreviatura de "tengo dinero para tirar a la basura" y/o "el esnobismo es mi biblia". A pesar de que muchos aficionados a la moda seguían negando la evidencia, estas creaciones parecían iguales que las zapatillas Raf Simons x Adidas Ozweego, pero podían adquirirse por diez veces su precio en Wallapop.

Botas de gogó compradas en eBay
Adquiridas de buena fe, creyendo que eran lo más de la individualidad, después resultaba que todo el mundo que llegaba a Sink the Pink llevaba un par casi idéntico. ¡Vaya por dios! Era imposible caminar con ellas (¿qué más da?) y cortaban tanto la circulación que convirtieron las rozaduras en una micro tendencia.

Gafas de sol Matrix
Un regalo del cielo para quienes querían que el mundo supiera que "vivían para el tecno" y que "sentían a tope la estética cíber-gótica de los 90". Llevadas a menudo por el tipo de reina de la moda admirablemente fanática que se abría paso a codazos para llegar a la primera fila del concierto de Arca, después de llamarte "básico".

Cinturones de avión
Para cualquiera obsesionado con los "CINTURONES" Virgil, abrocharse este particular accesorio fue absolutamente clave en 2017. Es muy posible que esos mismos tíos también tuvieran un álbum en Facebook titulado "Berlín" y dijeran cosas como "Tío, esto no tiene nada que ver con el Berghain..." literalmente cada vez que pisaban un club que no fuera el Berghain.

El factor Fiorucci
Tras el relanzamiento de esta marca ultra kitsch de la era del disco ―que abrió una nueva tienda en el Soho de Londres en otoño―, muchos miembros de la escena empezaron a canalizar los días y noches de gloria de su icónica boutique de Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80, donde gente de la talla de Grace Jones, Debbie Harry, Madonna, Keith Haring y Andy Warhol solían acudir de camino al Studio 54. De modo que empezaron a verse bombers con el logotipo de los rechonchos querubines y pantalones súper estrechos, elásticos y brillantes llevados por personas demasiado jóvenes para recordar el apogeo original de Fiorucci y por personas suficientemente mayores como para no olvidarlo jamás.

Mullets
Para quienes querían que el mundo supiera que eran subversivos hasta la muerte y que "las nociones convencionales de belleza" les importaban una mierda, un mullet desaliñado ―preferiblemente creado empleando un par de tijeras desafiladas, decolorado con tinte de supermercado y con raíces de un mes sin teñir― se convirtió en el peinado definitivo cuidadosamente artificial para parecer natural. A menudo visto en los pases privados de la NOW Gallery, en la pista de baile del Dalston Superstore y en la cantina de Central Saint Martins.

Créditos


Texto James Anderson con investigación adicional de Honor Cooper-Hedges.