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Cultura

exploramos la obsesión con el mundo 'lo-life' en españa junto a elio toffana

Hablamos con el actor y MC madrileño sobre la subcultura de los 80 y de cómo ha influido Polo en su vida y obra.

Mirena Ossorno

Fotografía Adriana Roslin​

Elio Toffana y la fotógrafa Adriana Roslin se conocieron en un evento de Reebok hace poco más de un mes. De la complicidad de ese encuentro, surgió la posibilidad de hacer unas fotos juntos. Como nos cuenta Adriana: "Él me estuvo hablando del 'Lo-Life'. Quería hacer algo de ese rollo, lo tenía muy claro. Quería rodearse de todos los polos y jerséis que tenía de Ralph Lauren. Al principio íbamos a hacerlo en un estudio, pero se nos iba de presupuesto, así que me propuso hacerlo en el hipódromo de Madrid. Además, fueron sus amigos a apostar y vimos mazo carreras, fue súper divertido".

Elio acaba de terminar la obra de teatro The Great God Brown de Eugene O'Neil y está empezando a reunir material para un nuevo álbum. Esta entrevista no solo nos sirve para conocer un poco más al MC, sino que nos permite ver la evolución y el calado de la cultura hip hop en nuestro país a través de una de sus figuras clave.

¿Cómo descubriste la cultura 'Lo-Life'? ¿Qué relación tienes con ella?
Cuando tenía once o doce años andaba con un grupo de chavales de mi barrio. La mayoría de ellos eran delincuentes, siempre la estaban liando, pero también eran amantes del rap y la cultura hip hop. Sabían mucho de música, de grafiti, de toda lo que rodea al rap. Yo por esa época vestía bastante ancho, tipo rapero antiguo, y me empecé a dar cuenta de que esta gente vestía todo lo contrario: súper estrecho, súper elegante, con marcas de ropa bastante caras, la mayoría Ralph Lauren.

Según pasaba el tiempo y nos fuimos haciendo colegas, empecé a entender por qué vestían así. Una de las razones era porque, si eres un delincuente y vistes elegante, la policía te para menos y llamas menos la atención. Otro de los motivos es, obviamente, que estás haciendo "trapis". Lo que quieres es hacer dinero y vestir bien; ser el mejor en el barrio. Al final lo que pasa es que, cuando tienes poco o nada, lo que quieres es brillar. Le das más importancia a eso que cuando ya lo tienes. Si no tienes nada y en tu barrio apareces con unas pedazo de zapatillas, un "cadenón", un polo... Las chicas te miran y los colegas te respetan. Empiezas a tener, digamos, una posición social.

También en la época más de vestir ancho, con camisetas de Che Guevara, había mucho facha por el barrio y nos llamaban "guarros". Entonces, mi colega y yo dijimos: "Y una polla. Vamos a vestir tres veces mejor que ellos, para que vean lo que hay". Ahí empezó a cultivarse todo este germen. Luego, más adelante, uno de los mayores [del grupo] me descubrió a través de un reportaje en la revista The Source del año 96 a los creadores del 'Lo-Life'. Ellos habían cogido todo este concepto de allí. En ese reportaje, hablaban de cómo varias crews de Brooklyn —Los Ralphie's Kids y los Polo USA (United Shoplifters Association)— se empezaron a reunir en una crew tocha. Los colegas de mi barrio pillaron el concepto de esta gente: el rollo de vestir súper bien robándole la estética a los ricos para luego adaptarla a nosotros y quitarle su identidad. Haciendo esto, creo que elevas estas prendas al siguiente nivel. No es lo mismo cuando las lleva un rico.

Al principio, la peña no entendía nada cuando nos veía así vestidos. Me acuerdo que en 2005, cuando saqué el vídeo de Hijos Bastardos —[en el] que salgo vistiendo de Ralph Lauren y con un chándal Lacoste—, eso no se había visto en la puta vida en España. La peña nos llamaba "bakalas", nos llamaba fachas, nos llamaba "pokeros"... Era un canteo, nadie entendía nada. Pero es curioso que esa estética —que a la vez la cogimos un poco de Francia, porque esto llegó antes allí— se fue extendiendo poco a poco por España.

Ahora, con la globalización, [la estética] ha perdido un poco ese rollo exclusivo que tenía, pero a la vez también es bonito que se extienda. Una de las cosas importantes que ha hecho el rap es llevar todo eso al pop; a que lo conozca más gente.

Hubo gente que llegó a morir por conseguir estas prendas. ¿No es una locura obsesionarse tanto?
En Madrid ha habido una subcultura importante de ladrones: gente que iba a El Corte Inglés, a boutiques de caballero, que se recorría toda España robando por tiendas. Lo que robaban principalmente era North Face y Polo. Era una locura; mucha gente relacionada con el rap, con el grafiti, con los barrios salía a robar —me incluyo—.

Allí, en Estados Unidos, pues imagínate; si te pillan robando, vas directamente preso. Con el tema de las armas es una movida, porque te jugabas la vida robando, pero te la jugabas también en el barrio luciendo todas estas prendas. Por ejemplo, hay una chaqueta que se llama 'Suicide', con un esquiador lanzándose por una montaña —que parece que está cometiendo un suicidio—, que a la vez se le llamó así porque era un suicidio llevarla en la calle. El productor Just Blaze todavía tiene su 'Suicide' con puñaladas y sangre guardada. Yo que sé, son anécdotas locas.

¿Qué significa para ti la moda?
Para mí, la moda es arte. La gente puede criticar y decir que es engañosa y que es superficial, pero para mi realmente no lo es; es un arte que retroalimenta a otros artes. Qué sería de la música sin la moda, el cine o el baile. Realmente, si amas el arte, amas la arquitectura, amas el diseño y amas la moda.

Los colores vistosos, por ejemplo. Viniendo de un entorno tan jodido y tan gris como el de Ralph Lauren —que venía del Bronx—, [el diseñador] en su ropa ponía sus aspiraciones, sus sueños, sus obsesiones; de ahí el colorido. Eso fue lo que conectó luego con la peña de los barrios bajos. Tu ves estas prendas y parecen caramelos. Luego, [esto] tiene el lado más consumista y capitalista que es un poco asqueroso: el hecho de querer siempre más y gastarte dinerales por una prenda es algo que no mola. A nosotros, por ejemplo, siempre nos ha gustado cuidar todo lo que hemos hecho al máximo, desde las películas, al teatro, la música, las rimas, la ropa que hemos llevado...

Me llamó mucho la atención cuando contaste en una entrevista que, de tus tías, una estudió filosofía y la otra moda. Dos disciplinas que están muy presentes en ti y en tu obra. ¿Cuándo te empezaron a interesar?
Pues la verdad es que sí. Eres la primera persona que me lo pone así en la cara de esta manera y, de repente, me has hecho pensar. Es verdad, desde muy pequeño lo he "mamao". Mi tía siempre me pasaba a Nietzsche con trece años, y mi otra tía siempre estaba en su mesa con sus patrones y sus diseños. En mi casa siempre hubo mucha música, moda, filosofía, literatura...

Toda la obsesión por este estilo de vida, tan de los ochenta, parece volver a estar muy presente estos días. ¿Nos persigue el espíritu de aquel tiempo?
Creo que un poco sí, realmente no ha cambiado tanto. La sociedad ha cambiado en muchas cosas, pero en este sentido no. Siguen siendo bastante parecidas las ilusiones y los sueños de un chico de barrio de ahora con [las de] uno de antes. La ambición por crecer, por ser mejor... Nosotros siempre la hemos mantenido y, de alguna manera, creo que sigue estando este hambre por prosperar a todos los niveles y ser mejor persona. De hecho, el significado de ser artista creo que es ese: querer ser mejor persona.

Relacionando todo lo del 'Lo-Life' con el álbum, la verdad es que tiene sentido. Yo llevaba tiempo dándole vueltas a este concepto de El espíritu del tiempo, de Edgar Morin. La democratización de la cultura, por ejemplo. Todo esto que veníamos hablando sobre la moda es algo que ha ocurrido, y este tío ha resultado ser un puto visionario. No solo con la moda, sino con todo. Ahora mismo, todo el mundo hace música, todo el mundo hace cine, hace diseño... Es una locura. También se paga el precio que él predijo, [y también] que a costa de la democratización se perdería un poco el sentido, la profundidad.

¿Crees que digerimos toda la información que consumimos?
No. Por eso este reportaje ayuda, porque en España, cuánta gente ves por la calle con una gorra Polo, sus Air Max y su movida Supreme que no tienen ni puta idea de dónde coño viene. Yo creo que lo que hay que seguir haciendo es profundizar en el porqué de las movidas. Estéticamente está muy bien, pero tienes que seguir buscando. Creo que nuestro deber también es ese: hacer saber a la peña los verdaderos porqués de la movida. Nosotros no nos limitamos a hacer música y a vestir así para ser guay, sino que todo tiene un sentido y un significado detrás que hay que seguir transmitiendo y guardando.

Tu trabajo tiene varias lecturas y además respira un trasfondo bastante espiritual. ¿En qué crees tú? ¿Qué libros lees?
Sí, intento no mantenerme en este consumo rápido, este 'fast food' cultural; intento comerme el tarro cuando escribo. Yo no sé en qué creo. No creo en ninguna religión como tal, pero creo que todas tienen llaves bastante potentes con grandes razones. Sin embargo, no soy seguidor de ninguna en concreto.

Lo que más leo es teatro, es una locura. Me encanta porque es como el punk, que son canciones cortas pero súper potentes. El teatro es eso: libros cortitos que te lees súper rápido, pero con unos mensajes y una poesía brutales que te hacen conocer al ser humano y a ti mismo. Te hacen tener un lugar en el mundo.

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Texto Mirena Ossorno
Fotografía Adriana Roslin