"todos los artistas molan más que yo": david macho cura su malestar con obras surrealistas

Una divertida e interesante reflexión sobre la precarización del arte y, por qué no, de nosotros mismos.

por Raquel Zas
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22 Mayo 2019, 11:49am

El nacimiento de Internet puede despertar muchas cosas, buenas y malas, pero es probable que nunca hayas oído la teoría de que el apocalipsis empezó con Internet. Eso sí, se trata de "un apocalipsis esperanzador". Son palabras de David González Fernández, conocido como David Macho, un artista de 24 años afincado en Barcelona. David ha querido centrar su obra en su propia desgracia, y la de muchos artistas que viven bajo la precariedad más absoluta, tanto a nivel material como de identidad. En esta época surrealista donde las redes sociales son un hervidero de micro reality shows de nuestra propia vida, es difícil destacar y encontrar tu propio camino. "Cuando puedes abrir una pestaña del ordenador para ver Hannah Montana en Netflix y en la pestaña siguiente tienes un meeting de Trump, estos encuentros generan un choque apocalíptico, que aún no nos han enseñado a gestionar". Esto es lo que se presenta en Todos los artistas molan más que yo, una exposición sobre su obra que tiene lugar en el espacio multidisciplinar Miscelánea y que termina el próximo 26 de mayo. Hablamos con David sobre su universo, sobre la escena creativa española y sobre su maravilloso desconcierto sobre el mundo.

¿En qué momento surgió la idea de hacer este proyecto?
Surge en el momento en el que todos mis amigos se ven presionados para destacar los unos por encima de los otros, buscando innovar, aunque sea en el más mínimo detalle. Lo que podría resumirse como un campo de batalla de figuras emergentes (risas). También el hecho de preguntar a la gente a qué se dedica, y que de una forma u otra todos acaben contándote su faceta artística tuvo algo que ver. Aunque creo que todo surgió donde surgen todos los proyectos importantes, en una tarde de cañas, hablando con María Alcaide —una artista conceptual precaria— y Ttrraaccaa, un cantante de reguetón existencialista. Los tres estábamos (y estamos) en ese punto que se mueve entre la ansiedad y las ganas de gritar nuestra desesperación. Creo que vimos en este estado una buena forma de sacar algo plástico de ello. En otras palabras: queríamos estetizar nuestro malestar, y, por qué, no monetizarlo.

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¿Cómo está siendo la acogida de la exposición?
Muy buena. El día de la inauguración se llenó tanto que se cortó hasta la carretera, por no hablar que vino la policía asustada porque no entendía el motivo de tal despliegue de modernos en tan pocos metros cuadrados. Ahora me gustaría aprovechar esta puesta en escena para lanzar unos pendientes lienzo en los que estoy trabajando y una pequeña marca de ropa pintada con los motivos de mis cuadros. Por cierto, ya aprovecho para decir que si hay algún galerista que le interese hacer una expo con mis obras que me haga un llama-cuelga, o me contacte por Instagram, que es más contemporáneo.

Tus cuadros siguen una estética muy particular, ¿hay alguna intención detrás de esto?
Pues mi forma de pintar es muy similar a la intuición que siguen los niños en sus primeras etapas creativas, algo que creo que los adultos hemos descartado por lo naif que pueda quedar el resultado final. Yo lo he bautizado como tecnologías de la infancia. Enfrentarte a un folio en blanco y empezar a pintar aquello que realmente te interesa, o sea, el personaje principal, dejando a un lado el fondo, que más tarde rellenaré como buenamente pueda. Esta forma de pintar podría parecer infantil, y lo es, pero para mí eso no es insulto alguno, es más bien una forma de revisitar lo perdido, una escapatoria a las crisis existenciales adultas creadas por un sistema donde la burocracia legitima la responsabilidad y la cordura. Aunque si nos ponemos hablar de estética, existe una pincelada muy similar a la de un temblor de tierra, pues me gusta la incertidumbre que esta genera. Siempre desasosiego nunca indesasosiego. (Risas)

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En tu trabajo abunda el humor y las referencias a grandes artistas y sus obras más importantes, ¿tiene que tomarse el arte menos enserio a sí mismo?
¿El arte? Yo diría que la vida. Hay gente que vive y otros que juegan a vivir. Yo me quedo con este último. Si me preguntaras ¿cuál es la diferencia entre una obra que se cotiza por millones y una sin valor alguno? Posiblemente no sabría responderte. Pero sí te diría que ambas juegan en el mismo plano de realidad, y se toman igual de en serio los criterios estéticos de valoración. Yo en cambio prefiero jugar a ser artista, serlo me resulta aburrido. Yo no soy un artista que hace cuadros, fotografías, esculturas o performances. Ser artista es mi performance.

¿Somos todos artistas o se necesita algo más?
Esta pregunta me trae de cabeza. Podría decirte que sí, susurrándote desde la distancia; al mismo tiempo que te diría un NO rotundo gritándote al oído. Me explico: creo que artista no se es. Para mí la palabra ¨artista¨ es más una forma de relacionarte con el entorno, o una intención a la hora de generar diálogo, algunos lo sacan por accidente, como Cecilia y el Ecce homo de Borja, que para mí generó posiblemente una de las mejores intervenciones en la historia del arte de los últimos años, mientras que otros entran en el mercado y saben jugar esta performance y rentabilizarla hasta tal punto de ser millonarios, como el magnate del arte Damien Hirst. Aunque yo he de decir que todas y todos los artistas me parecen maravillosos. Soy tan fan de los artistas de ayuntamiento, aquellos que trabajan decorando la ciudad con fines culturales, como de los artistas que exponen en los museos más celebres, sin olvidar a aquellas personas mayores que pintan a sus nietos y demás familiares a pastel en academias de arte. Yo me "construí" como "artista" en una de ellas. Era el niño mimado entre tanto anciano. Para cerrar esta pregunta, decir que no se nace artista ni se llega a serlo, simplemente es una forma de relacionarnos con la que algunos nos sentimos más cómodos y a otros tanto trabajo les cuesta sacar.

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¿Qué crees que debería cambiar en la escena artística de nuestro país para que los talentos emergentes tengan más oportunidades?
La educación desde la infancia. Un artista no es un espectro de luz que se alimenta de energía solar, también tiene las funciones básicas de un organismo, come, vive en pisos compartidos y paga facturas. Con ello decir que pedir cosas gratis es una forma de precarizarnos a todos, por no hablar que el trabajo "creativo" tiene una parte que no se valora, y son todas las horas que no se ven. La gente solo se queda con las horas capitalistas/cronológicas que han sido necesarias para elaborar una pieza, solo aprecian el resultado final. Aunque yo creo que uno de los principales problemas es que no existe reclamo para tanto mercado, hay una sobre saturación de obras, y muy poca gente solvente con ganas de adquirirlas. En España no hay cultura de "poseer", nuestra educación nos lleva más a contemplar arte en museos y venerar obras sacras, pero no a comprar. Creo que existe algún miedo al hacer esta transacción que debería extinguirse. No digo que ahora todos se pongan a comprar como locos, sino que hay un tipo de obra más accesible, y es la de aquellos artistas que están en pleno desarrollo, los artistas emergentes.

¿Piensas que las redes sociales han devaluado el arte?
No. Lo que sí creo es que las redes sociales han performativizado la vida, hasta tal punto de teatralizar la cotidianidad. Con redes sociales como Instagram parece que ir a comprar el pan sea toda una aventura equivalente a las hazañas de Indiana Jones. Hay artistas muy buenos en redes sociales que pasan desapercibidos, al igual que hay artistas mediocres que saben manejar las redes tan bien que hacen de su interactuación con el público su propio mercado del arte. Incluso a veces estos últimos no son ni artistas, pero sÍ son muy buenos locutores. Al final en las redes sociales son los seguidores los que generan el museo, y ellos deciden qué desean seguir y por qué. Pero también te digo que utilizar las redes sociales y tener unos espectadores fieles a lo que haces es todo un arte.

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¿Crees que merece la pena estudiar arte en España?
SÍ. Yo he estudiado aquí y mira como he salido. (Risas). Creo que cuando estudias en un país como España puedes desembocar en dos formas de pensar. Una es la de aquellos artistas tradicionales que quieren replicar formas de hacer de las vanguardias o arte anterior a estas sin que nadie les moleste. Y la otra, que es por la que yo me he decantado, es la de hacer de los recursos precarios un método para la investigación, una forma de posicionarte y generar conciencia crítica. Creo que España es uno de los países que más avanzando está en este sentido. Pues el no tener a penas recursos se convierte en un statement que compagina muy bien con los problemas globales de la actualidad. ¿Al fin y al cabo no es el arte una predicción que retrata las vivencias futuras? Si vivimos este apocalipsis, que sea con Amaia Montero cantando El viaje de Copperpot en bucle, por favor.

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