la crisis de la masculinidad en el cine

Los cineastas se están centrando cada vez más en el papel del hombre moderno. Con esto en mente, repasamos varias películas y su deconstrucción del frágil y obsoleto concepto que la sociedad alberga con respecto a la masculinidad.

por Amrou Al-Kadhi
|
10 Noviembre 2016, 9:40am

taekwando

En el BFI London Film Festival de 2015, el film Chevalier —de la directora griega Athina Rachel Tsangari— obtuvo el premio a la mejor película. En ella, seis hombres en un barco compiten por el arbitrario título de 'El Mejor en General'. Sus comparativos e inútiles temas de evaluación abarcan desde "quién puede montar este mueble con mayor rapidez" hasta "quién puede correrse antes", tareas en las que se califican unos a otros para determinar quién es el mejor "hombre" entre todos ellos. 

Si estás pensando "ay no, otra película más sobre hombres blancos heterosexuales actuando como gilipollas no, por favor" te equivocas: esta película es, en realidad, una aguda sátira sobre la masculinidad fallida. Tsangari sustituye la tradicional 'mirada masculina' que suele verse en el cine por una visión femenina que analiza la idiotez de los hombres. Y aunque en la superficie la película es desternillante, está enmarcada a nivel sub-textual en el contexto de la tremenda depresión económica que sufre Grecia, un país con una deuda externa de 360.000 millones de euros y una tasa de desempleo del 24 por ciento. 

En una nación regida por unos valores característicamente patriarcales y con la mayoría de puestos gubernamentales ocupados por hombres, la representación surrealista que ofrece Chevalier del frágil ego masculino esconde una reflexión más amplia sobre el fracaso de los sistemas de poder en Grecia. De forma muy acertada, el lugar donde se celebran los 'juegos' en Chevalier es un barco que, aunque es sinónimo de odisea y de triunfo masculino en la tradición mitológica griega, en esta película no se dirige a ninguna parte y flota sin rumbo sobre las agitadas aguas de Grecia.

La masculinidad griega que se desmorona vista a través de una mirada femenina volvió a verse en el programa del festival de este año, en concreto en la película de Sofia Exarchou titulada Park. Heredera en cierto modo de la presentación abstracta de Tsangari (aunque también perteneciente a lo que los críticos denominan Nueva Ola del Cine Griego), la visión de Exarchou es más literal: observamos a través de ella a un grupo de muchachos adolescentes asilvestrados que deambulan por el abandonado y desierto Parque Olímpico que se construyó para las Olimpiadas de Grecia de 2004. Sin esperanza de un futuro mejor y sin absolutamente nada que hacer, los chicos imitan -literalmente- el comportamiento de los perros callejeros que comparten su espacio. Con la Gloria Olímpica ―y el símbolo del hombre como héroe― como telón de fondo, la representación de Exarchou del hombre como animal básico apunta directamente a la regresión que experimenta una nación considerada como la cuna de la civilización occidental.

Le Chevalier

Mientras que la Nueva Ola del Cine Griego ha criticado prominentemente la masculinidad ―y en concreto la asociación económica que esta conlleva―, la producción cinematográfica ha mostrado este año un interés global por explorar lo que significa ser un 'hombre'. De un modo más específico, el vínculo entre la sexualidad de los hombres gais y la represión ha sido un hilo conductor bastante dominante. Desde Argentina, la película Taekwondo de Marco Berger examina el homoerotismo latente en un grupo de jóvenes que van de vacaciones a una casa rural en el campo. Taekwondo es la respuesta cinematográfica al "dolor de pelotas por falta de sexo" y, durante más de dos horas, Berger atormenta al espectador con deseos homoeróticos que nunca llegan a satisfacerse o a mencionarse siquiera entre los jóvenes protagonistas. 

En un cálido paisaje argentino, la sudorosa piel desnuda de esos hombres aislados del mundo es una fuente de constante excitación tanto para los personajes como para los espectadores, y aun así el manto de masculinidad argentina y la represión de los deseos naturales desembocan en una enloquecedora experiencia de visionado. Durante su estreno en Londres, los segundos finales de la película ―en los que dos de los personajes finalmente sucumben a sus deseos y se besan― fueron recibidos con un atronador aplauso que sonaba más a alivio que a satisfacción.

Mientras que Taekwondo se sirve de la burlona comedia para observar el homoerotismo cocido a fuego lento a través de las presiones masculinas, La región salvaje del director mexicano Amat Escalante toma un giro más oscuro. El filme se centra en un alienígena con tentáculos que vive en una cabaña y se dedica a dar placer o a destruir a todos los humanos que buscan su contacto sexual, y en un reprimido marido violento que se acuesta con el hermano de su mujer. México es un país cuya tasa de violencia doméstica es terroríficamente elevada y cuyo número de denuncias por crímenes homófobos ocupan el segundo lugar en el ranking mundial. La visión que ofrece Escalante de los impulsos sexuales reprimidos en forma de una violenta alienígena que se oculta en una cabaña es el núcleo mismo de su crítica a la masculinidad mexicana. Nos está diciendo que el alienígena mutila a los personajes que ignoran deshonestamente sus propios deseos sexuales, mientras que proporciona un intenso placer orgásmico a los personajes que están sincronizados con sus impulsos psicosexuales.

King Cobra

El aspecto criminal de la represión gay adquiere una forma bastante literal en la película de Justin Kelly King Cobra, protagonizada por James Franco. Basada en una historia real, narra la subida al estrellato del actor porno gay Brent Corrigan y los deseos capitalistas de sus competidores en la industria Joseph Kerekes y Harlow Kuadras. La película culmina cuando la pareja asesina al anterior contratista de Corrigan para compartir el éxito de la estrella. 

Lo que la película captura sin tapujos son las presiones masculinas que ciegan a Kerekes y a Kuadras y motivan el asesinato. La cinta se ha estrenado en un momento muy interesante para la comunidad gay, donde las presiones para ser "masculino" y "actuar como un hetero" contaminan los espacios gais masculinos en un esfuerzo consciente por parte de los hombres gais contemporáneos por rivalizar con el éxito hereronormativo y parecer "heteros". King Cobra está completamente teñida de este sentimiento: una escena memorable muestra a Kerekes gritándole a su novio que debe "trabajar como un hombre" durante un entrenamiento en el gimnasio. De hecho, todo el ímpetu de la pareja de rivales por dominar el porno gay norteamericano se ve impulsado por lo que podríamos describir como una fantasía de éxito masculina y capitalista.

Ninguna película ha manejado este año la masculinidad con tanta sensibilidad como Moonlight, de Barry Jenkins, una trascendental presentación de la masculinidad de los hombres gais negros en el gueto norteamericano. El toque mágico de Jenkins consiste en representar la masculinidad como una necesidad y también como una debilidad para sus personajes. Los tres capítulos en que se divide nos guían a través del mundo de Chiron, un vulnerable joven que reprime su sexualidad en medio de una comunidad hostil. 

Empleando una tradicional estructura de narración sobre el paso a la edad adulta, Jenkins transforma el momento del segundo acto en el que el personaje 'sale del armario' y, en este caso, vemos cómo el adolescente Chiron ataca violentamente a uno de los matones que le acosan. Aquí él se adentra todavía más en el armario, en un intento de erradicar cualquier asociación con la debilidad. Y en el tercer acto vemos a Chiron como un camello abiertamente masculino que emplea la masculinidad como máscara para inhibir su vulnerabilidad. Sin embargo, aunque es cierto que emplea su masculinidad en legítima defensa, es una máscara que le ahoga, esto se ve reflejado en el momento más poético de la película, cuando el primer chico al que besa en su vida le prepara la comida. Para poder comer, Chiron se quita el grill de oro que lleva en los dientes (un símbolo inequívoco de 'tío duro') para que el chico que ama pueda alimentarle.

La masculinidad, en el momento actual, se representa como una caprichosa construcción que a veces se halla muy desconectada de nuestras vulnerabilidades humanas innatas. 

Recomendados


Texto Amrou Al-Kadhi

Tagged:
queer
Cultură