'ageism', la fobia social por hacerse mayor

Madonna se cae y medio mundo se abalanza sobre ella. En i-D investigamos sobre cómo la sociedad percibe envejecer con gracia, (mucha) dignidad y (más todavía) belleza.

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feb. 28 2015, 7:45pm

​Photography Ronald Stoops

Monsieur Gustave, el conserje del Gran Hotel Budapest, dice en el film de Wes Anderson: "Cuando eres joven solo compras entrecot, pero con los años te vas pasando a carnes más baratas. Por mí no hay problema, porque las prefiero al entrecot".

El ideal de belleza de Gustave es una mujer de 84 años con los labios hinchados, la piel arrugada y manchas por todo el cuerpo. Vivimos en la era del sexo fácil, la comida rápida y una moda todavía más veloz: la industria bebe de la fuente de la eterna juventud. De hecho, en esta sociedad obsesionada con la edad, consideramos feo todo lo que es viejo y convertimos la juventud en nuestro bien más preciado. Pero no hay por qué resignarse ante ello: otras formas de belleza son posibles.

Cuando las mujeres empiezan a experimentar una serie de cambios en su cuerpo debido al paso del tiempo, los medios de comunicación las desexualizan y deshumanizan como si se trataran de brujas Disney. Incluso en términos lingüísticos, a la palabra "viejo" siempre se le asocian connotaciones negativas -sobre todo cuando está relacionada con mujeres-, porque, ¿acaso tienen alguna función aparte de preservar la especie? 

Bueno, está Madonna: llevar más de 30 años haciendo un trabajo física y mentalmente extenuante: ser la reina del pop. Pero, para muchos, sus números uno no pueden esconder el hecho de que sea 'vieja' y de que "no tenga edad" para llevar según qué escotes, bailar según qué bailes o echarse de novios a según qué hombres (se refieren a los que tienen 30 años menos que ella). Su caída en la última edición de los BRITS solo hizo que echarle más leña al fuego del asunto del ageism: al día siguiente las redes sociales se dividieron entre aquellos que lamentaban su tropezón y los que interpretaban la caída como una señal inequívoca de que Madonna 'está vieja'. 

La pregunta es: ¿Qué tiene de malo hacerse mayor? Sin embargo, el ageism no es una fobia nueva: en una entrevista con el periodista inglés Jonathan Ross en 1992 Madonna ya hablaba de lo que ya se le empezaba a venir encima: "¿Qué se supone que tienes que hacer a partir de los 40? ¿Morirte?".

¿Y cómo reacciona el capitalista ante esta fobia? Vendiendo. La industria de la belleza mueve alrededor de 400.000 millones de euros al año (y la mitad solo en productos anti-envejecimiento) que venden unas cremas que "te protegen y defienden" de la edad como si se tratara de algún tipo de enfermedad. En consecuencia, las mujeres son capaces de llegar hasta límites insospechados con tal de conservar su juventud. ¿Realmente les hace felices?

Pagar 120 euros por 15 ml. de crema anti-edad de La Prairie es un gasto importante, pero nunca se ha demostrado que estos productos funcionen de verdad. ¿Será por eso que un arsenal de mujeres se han rendido a "los encantos" del bisturí y del Botox?  El año pasado, solo en el Reino Unido se realizaron alrededor de 50.000 operaciones, y no fueron retoques sin importancia, sino ese tipo de cirugías que te estiran la cara, te suben los pómulos y acaban con todo rastro de humanidad en tu rostro. Una serie de procedimientos que hacen que todas las mujeres parezcan clones so pena de derretirse si se acercan mucho al fuego.

Y, evidentemente, estos métodos son increíblemente caros. Dependiendo de la reputación del cirujano y la localización de la clínica, un lifting facial puede llegar a costar entre 4.500 y 25.000 euros. Pero la gravedad es algo imparable y, tarde o temprano, sabes que tendrás que volver a llamar a tu camello de Botox para inyectarte otro chute. ¿Es la cirugía el nuevo Anticristo? No debería serlo: si realmente hace feliz a algunas mujeres, deben y pueden hacer lo que quieran. El problema de los productos anti-edad y la cirugía aparece en el momento en el que las mujeres recurren a ellos porque se han rendido ante la publicidad y el ideal institucional de que "viejo" significa "feo".

Por tanto, ¿qué conclusión podemos sacar de esto? La periodista Anne Karpf nos muestra una alternativa la batalla en contra de la edad y nos invita a pensar en cosas más importantes como la sanidad, las pensiones y los nombres de tus nietos. Lo que de verdad debería importarle a las mujeres es la salud en lugar de su imagen. ¿No es mejor sentirse bien que estar mona?

Las más jóvenes necesitan que alguien les enseñe que hacerse mayor es algo hermoso y que es un proceso de lo más bonito. Deben apreciar sus arrugas en vez de temerlas [porque cada arruga es un símbolo de vida] y no dudar de que "ser vieja" te da sabiduría, confianza y te hace mejor persona. Y el pelo cano no tiene porque ser corto, aburrido o, simplemente, gris (solo hace falta fijarse en mujeres como Jean Woods, Kristen McMenamy o Zandra Rhoades).

Para conseguirlo, se nos tiene que ver mucho más y los medios tenemos que empezar a tratar mejor a las mujeres de cierta edad. Necesitamos más fotógrafos como Ari Seth Cohen, que se lanzan a las calles de Nueva York en busca del savoir faire de la tercera edad; más firmas como Louis Vuitton que confían en mujeres como Catherine Deneuve para protagonizar su campaña otoño/invierno de 2014 y más modelos como Jacky O' Shaughnessy (62), Pam Lucas (66), Daphne Selfe (85) y Carmen Dell'Orefice (82), que rompen con el mito de que la belleza va ligada a la edad. Gracias a todas ellas, a su vitalidad y a su confianza en si mismas las cosas están cambiando y debemos poner de nuestra parte para redefinir las normas de la belleza y dejar atrás el pánico en cada cumpleaños.

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Texto Tish Weinstock
Fotografia Ronald Stoops
Maquillaje Inge Grognard
Modelo Catharina
[The Skin Issue, nº 262, enero de 2006]