ibiza es la isla preferida de la moda

De ser una colonia hippie a un patio de juegos hedonista, la isla balear ha estado a la vanguardia del estilo durante más de seis décadas...

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ago. 13 2015, 1:50pm

Photography Dave Swindells

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Cualquiera que haya tenido la suerte de ver volar los aviones desde la discoteca DC10; quedarse dormido en la playa de Ses Salines o bailar en mitad de una multitud de cyborgs en Amnesia, sabe que Ibiza es un lugar muy especial. Inmersa en una historia de abandono hedonista, la isla blanca ha sido durante generaciones ese lugar ideal para dar rienda a tu imaginación y vivir un verano idílico repleto de gente guapa y clubes que han redefinido la cultura joven en todo el mundo.

Los primeros turistas llegaron a Ibiza allá por 1950 atraídos por los rumores de la belleza virginal de una isla paradisíaca llena de calas pintorescas y aguas puras, cristalinas y libres de contaminación. A medida que iban llegando más y más turistas, la isla fue prosperando y desarrollándose: Ibiza se convirtió en un refugio de la opresión política del gobierno fascista de Franco y en los años sesenta -mientras el movimiento hippie se extendía de San Francisco al resto del mundo-, muchas personas se instalaron en Ibiza por las rentas baratas y el estilo de vida rural.

Su fama se consolidó en 1964, cuando los Rolling Stones pasaron un par de días de vacaciones en San Antonio. El aislamiento y el estilo de vida despreocupado -y para los estadounidenses, la posibilidad de librarse del servicio militar- de la isla la conviertieron en un lugar muy atractivo para asentar las bases de la nueva cultura hippie en la que los chicos se paseaban con pantalones acampanados y las chicas no se despegaban de sus bikinis de ganchillo y los pañuelos en la cabeza.

Mientras tanto, los acontecimientos de 1968 acababan con el sueño hippie en todo Europa, desde la primavera de Praga a las continuas protestas contra Vietnam hasta Mayo del 68 en París. Ibiza se convirtió en un refugio para los jóvenes inconformistas: una visión reforzada por la película More de Barbet Schroeder -con banda sonora de Pink Floyd- que presentaba Ibiza como una utopía bañada por el sol en la que se promulgaba el amor libre y la decadencia (con ese lado oscuro del consumo de drogas siempre presente). Una reputación que nunca ha desaparecido.

A finales de los años setenta, la escena disco se había extendido de los clubes gay afroamericanos de Filadelfia y Nueva York a todo el mundo y encontró una segunda casa en el enclave hedonista de Ibiza. La cultura club también comenzó a tomar forma en este momento, cuando Amnesia fidelizó a su público y otras discotecas, como Ku (que más tarde se convirtió en Privilege), Pacha y Glory's and Lola's, atraían multitudes durante los meses de verano. 

El espíritu de estos momentos previos al acid house fueron capturados por el fotógrafo Derek Ridgers en unas vacaciones familiares a la isla en 1983; más tarde escribió sobre cómo "la noche, las calles y los bares de alrededor del puerto se transformaban en una versión candente y embriagadora de lo que estaba sucediendo en locales londinenses como Camden Palace, The Batcave, Heaven y The Wag".

La cultura 'after-hours' se convirtió en un pilar fundamental de la cultura club los años ochenta. Los revellers (como se les denominaba a los integrantes del movimiento) iban siempre de blanco, con turbantes, monos de leopardo, capas y chalecos de red. Una metamorfosis más kitsch y sexualmente promiscua, de la playa y del look 'New Romantic'.

En los 80, los clubes adaptaron su insonorización básica e invirtieron en sumas de dinero en sistemas de sonido vanguardistas. La música disco había evolucionado paralelamente con las propuestas de Bowie y Madonna, y los géneros de música como los conocíamos entonces, comenzaron a mezclarse en lo que definió al sonido de Baleares. Despareció la línea que separaba el pop del funk, el hip hop y los primeros sonidos de soulful house que aparecían en Nueva York. El dueño de Amnesia acogió el 'free style' y el house estaba a punto de estallar.

Fotografía Derek Ridgers

En 1987, los DJs británicos Danny Rampling, Nicky Holloway, Paul Oakenfold y Johnny Walker visitaron la isla y el sonido de las Baleares, así como la mentalidad y las pista de baile, les cautivó. "Estábamos drogados paseando por Amnesia y bailando al son de un tipo de música que en otro contexto nos habría horrorizado. Después de aquello, nos pasamos todas las noches en la discoteca pensado que estabamos en Narnia", confesó Nicky Holloway en una entrevista a i-D.

Estaban tan inspirados que a su regreso al Reino Unido inauguraron fiestas como Shoom y Spectrum; le agregaron el 'acid' al house y avanzaron a pasos agigantados en la creación de la escena 'dance' que tanto disfrutamos ahora. Por aquella época, los chicos británicos ahorraban durante todo el invierno para salir de fiesta durante todo el verano; bailar rodeados de modelos y travestis; llevar ropa holgada y ponerse sombreritos divertidos. Ese relajado estilo tan andrógino les otorgaba la libertad para bailar.

En 1989 cayó el Muro de Berlín y la música house traspasó fronteras. La noche del 22 de junio de 1991, Amnesia abrió con un director nuevo y miles de jóvenes volvieron a invadir el club. Esto también marcó el inicio de la época más lucrativa para las discotecas: con los precios de las entradas y las bebidas en constante aumento, el 'acid house' iba ganado popularidad. Los clubes de Ibiza se volvieron famosos en todo el mundo y el código de vestimenta se hizo más comercial.

En 1999, la ONU le otorgó a la isla el titulo de Patrimonio de la Humanidad (Ibiza, Biodiversidad y Cultura), reconociendo la verdadera importancia y repercusión de Ibiza en el mundo. La isla llegó a 100.000 habitantes y, a partir de los 2000, se convirtió en un destino de fiesta para todos: desde Calvin Klein hasta Puff Daddy y George Michael. Ya no era un paraje para extranjeros apartados o abandonados por la Europa mainstream: el estilo de vida de fiesta legendario de Ibiza se convirtió en un sinónimo mundial para lo cool, la buena música y la libertad. 

Ibiza sigue cambiando y evolucionando y, aunque hay otros destinos festivaleros intentando robarle la corona, es imposible luchar contra el alma de la isla blanca. Diseñadores como Riccardo Tisci, que celebró su 40 cumpleaños allí (#ibiza74) son la prueba de que Ibiza ha sido, es y será uno de los destinos más con más repercusión donde la moda, la música y la cultura club se fusionan.

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Texto Laura Hinson