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¿alguien se acuerda de cómo era estar aburrido?

Cuando era niña morirme de aburrimiento era uno de mis principales problemas, pero con la llegada de internet nos hemos reprogramado para absorber información durante las 24 horas los 7 días de la semana. Sin embargo, ¿no nos estamos perdiendo algo...

por Felicity Kinsella
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29 Julio 2016, 7:35am

"No he tenido una vida demasiado emocionante", dijo Kurt Cobain en una de sus citas más famosas. "Hay muchas cosas que desearía haber hecho, en lugar de haberme quedado por ahí sentado y quejándome de lo aburrida que era mi vida. Por eso me gusta inventarme cosas, prefiero contar historias sobre otras personas". 

Cobain fue uno de los representantes de la generación X, la generación de los perezosos; esos chavales que Richard Linklater representa en la película del mismo nombre y que se describen como "jóvenes y sin ambiciones, desde los apasionadamente excéntricos hasta los peligrosamente apáticos. Aquí, los nobles vagos pueden evitar la responsabilidad en pro de alimentar sus obsesiones esotéricas". Está claro que hoy no estaríamos donde estamos si la generación de los vagos no se hubiera aburrido lo suficiente como para inventarse historias y alimentar sus obsesiones esotéricas para crear algo como Nirvana.

Este aburrimiento fue una gran parte de lo que significó crecer (al menos para toda esa generación) con largos viajes en coche, vuelos retrasados y domingos lluviosos antes de que internet y los teléfonos móviles llegaran a nuestras vidas, cuando no había nada más que hacer que dejar vagar nuestras mentes. Hoy, sin embargo, en un mundo donde cada pocos minutos se nos acribilla con nuevos mensajes, e-mail, me gustas, shares o Snapchat, ¿es todavía posible que lleguemos a experimentar esos intensos periodos de aburrimiento que solíamos vivir de niños? 

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Imagen vía @adriennedarnell

Podemos recorrer todos nuestros perfiles online hasta aburrirnos y desconectarnos, pero cinco minutos después volvemos a estar ahí, porque estamos aburridos, y queremos ver si ha pasado algo nuevo y alucinante en esos preciosos (o no tan preciosos) cinco minutos. "Vivimos en unos tiempos frenéticos, hiperactivos y con demasiadas estimulaciones", escribe la académica Eva Hoffman en su libro How to be Bored (Cómo aburrirnos). "Desde la introducción de internet y las tecnologías digitales, tenemos una cantidad infinita de información, imágenes visuales, comunicación personal y mensajes impersonales a nuestro alcance desde cualquier lugar y en cualquier momento".

¿Cuándo fue la última vez que apagaste tu teléfono por completo? ¿Cuándo fue la última vez que te paseaste por la calle sin los cascos puestos? ¿O te quedaste dormido sin que tu portátil estuviera reproduciendo la última serie que estás viendo para evitar que se cruce por tu mente cualquier pensamiento existencial que pudiera perturbarte antes de irte a la cama cuando no tienes nada más en qué distraerte? ¿Viste una película entera sin mirar tu cuenta de Instagram ni una sola vez? 

Imagen vía @amandafordycephoto

Todo el mundo sabe que si algo no se publica online podemos cuestionarnos si sucedió realmente, así que ahora todo lo que pasa en la vida real se reinventa en una versión más bonita e idealizada en las redes. Mientras que antes el FOMO (o el miedo a perderse algo) solía limitarse a las fiestas a las que no te invitaban, para la generación moderna significa cualquier cosa que pase en Internet. Quién sabe qué puedes perderte si no has comprobado tu cuenta de Facebook, Instagram o incluso las noticias de la BBC en un solo día. 

Aunque la constante avalancha de información significa que no hay excusa para no saber qué está pasando en el mundo a tu alrededor, tal y como dice Hoffman: "demasiado a menudo consumimos cultura animados por el puro consumismo". El experto en lenguaje corporal, Dr Harry Witchel, ha previsto incluso que los ordenadores en el futuro nos tendrán permanentemente enganchados manteniendo registros de lo aburridos que estamos basándose en nuestros movimientos, e inmediatamente harán algo para acabar con el tedio. Tener un smartphone que es más listo que nosotros significa que quedarnos sin tener absolutamente nada que hacer es un recuerdo distante de algo que la generación Z nunca conocerá.

Imagen vía Flickr

¿Pero qué efecto tiene sobre nuestra mente este clima actual de estimulación constante, gratificación al instante y comunicación sin voz? ¿Podrías distinguir entre lo que es relajarte o simplemente matar el tiempo navegando por tus redes sociales? En algunos lugares la adicción digital ha sido reconocida como una enfermedad mental y en países como Corea del Sur y China (que con 632 millones de usuarios es el país con el mayor número de usuarios de Internet del mundo), han aparecido por todo el país reformatorios que intentan desintoxicar a sus clientes con métodos similares a los del ejército, con la esperanza de poder desconectar a los adolescentes adictos que acuden a ellos. 

Hemos visto historias de chicos adolescentes (que es el mayor grupo demográfico de adictos a la web) alardeando por haber pasado 300 horas seguidas jugando al World of Warcraft, poniéndose pañales para evitar tener que interrumpir el juego para ir al lavabo y atacando a sus padres cuando intentan apartarles de la pantalla. Está claro que la adición a internet del usuario medio seguramente no es tan extrema, pero ¿podrías negarme que si tus padres te confiscaran el teléfono ahora mismo te daría un ataque?

Para aquellos de nosotros que no pasamos doce días y medio lanzando flechas virtuales a orcos en el mundo virtual, nuestra obsesión online es más similar a la fijación que hemos mencionado antes por comprobar constantemente nuestras redes sociales. Hoffman argumenta que "tras un tiempo, la actividad incesante puede llevarnos a sentirnos acabados y extrañamente desnutridos, como si nuestra existencia no hubiera echado raíces o llegado a formar parte de nosotros". 

Fotograma de 'Heaven knows what'

Todos esos pequeños y abreviados pedazos de información que nos pueden llegar a través de un estado de Facebook o actualización de Twitter pueden mantenernos al tanto de lo que se cuece, pero con una capacidad de atención que dura solo hasta la siguiente notificación, podemos pasarnos una hora online y acabar sintiéndonos completamente frustrados y pensando que bien podríamos no haber hecho absolutamente nada durante ese tiempo, aunque puede que sea justo eso lo que hagamos hecho.

"El aburrimiento es una emoción fascinante porque se ve como algo negativo a pesar de ser una gran fuerza motivadora", escribe la psicóloga Dr Sandi Mann en la revista The Psychologist. Puede que el aburrimiento tenga una mala reputación, ¿conoces el dicho "solo la gente aburrida se aburre"? 

Estudios recientes han demostrado que cuando la gente está realmente aburrida es cuando florecen las ideas más creativas. Básicamente, si te pasas el día observando una pantalla y viendo pasar ante tus ojos un flujo constante de información nunca vas a sentirte claramente aburrido, y si nunca te encuentras haciendo nada en absoluto, tu mente no empezará a divagar, no soñarás despierto y no te perderás en tus propios pensamientos. 

Imagen vía @lukasz_wierzbowski

Quizás todo usuario de internet debería pasar por un breve periodo de 'desintoxicación digital' de vez en cuando, porque si no llegamos a aburrirnos nos vamos a acabar convirtiendo en unos aburridos. Solo cuando nos separamos de todos esos estímulos online podemos llegar a formarnos una opinión que es realmente solo nuestra, y no una que haya quedado justificada por la cantidad de likes que hayamos recibido en Facebook. Aunque desconectarnos de las redes puede darnos algo de pánico, la verdad es que incluso aunque no hayas compartido tus pensamientos más íntimos en tus redes sociales, estos han sucedido realmente, y puede que tus seguidores no lo sepan, pero tus amigos en la vida real sí.

Nos han reprogramado para que vivamos vidas extremadamente ajetreadas, donde el aburrimiento no es una opción, porque ¿por qué deberíamos malgastar nuestro tiempo cuando siempre hay más y más cosas que podemos absorber en nuestro ya abarrotado bagaje de conocimientos? "Los conflictos, catástrofes, triunfos y las dificultades corrientes de gente de todas las partes del planeta entran en nuestra vida a través de imágenes vívidas que vemos en las pantallas de televisión, ordenadores o smartphones", escribe Hoffman hablando de nuestro mundo complejo e interconectado. 

Fotograma de 'Buzzard'

Pero, ¿de qué nos sirve todo ello si pasamos a cada nuevo pedazo de información sin ni si quiera haber reflexionado sobre él? Hay tal cantidad de datos allá a fuera que para cuando hayas acabado de revisar todos los titulares de ayer y pasado a los de hoy, todo lo que hayas acabado de asimilar puede que ya parezca agua pasada. Volviendo a ese miedo existencial que puede llegar a perturbarnos cuando se acerca la hora de irnos a la cama, una forma de deshacernos de él y vivir una vida llena de sentido podría ser desconectándonos, aburriéndonos y pensando realmente en qué es lo que estamos haciendo en lugar de ahogarnos con una rutina diaria llena de distracciones digitales. ¿Alguna vez has tenido una mejor excusa para no hacer absolutamente nada?

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Texto Felicity Kinsella
Imagen principal de Somewhere

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