Fotografía Vicki King 

tienes que ver las películas de la artista charlotte prodger

Su singular percepción del tiempo, la existencia y el mundo queer la convierten en una de las más radicales de su generación.

por Charlie Porter; fotografías de Vicki King
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mar. 12 2018, 2:32pm

Fotografía Vicki King 

Este artículo apareció originalmente en 'The Radical Issue', nº 351, primavera de 2018.

“Siempre estoy recogiendo cosas,” dice la artista Charlotte Prodger. Ella está sentada en su estudio de Glasgow y yo en la oficina de i-D en Londres. Es el último día del mes de enero y estamos hablando por Facetime. Ambos tenemos un tubo de luz de neón por encima de la cabeza. "Siempre. Cuando camino, también recojo. Escribo a todas horas. Siempre estoy recolectando y pensando. Así es como el material se acumula para mí. Por lo general, necesito un proyecto para producir". Debería dejar algo claro: soy súper fan de Charlotte Prodger. Su obra —especialmente sus films más recientes, Bridgit y LHB— ha tenido un profundo impacto en mi percepción del tiempo y la existencia. Charlotte dibuja conexiones entre lo antiguo y lo moderno, mostrando cómo quizás ambas cosas son realmente lo mismo; habla sobre lo queer con un punto de vista radical y honesto y siente la necesidad de refugiarse, de adentrarse en el paisaje.

"No soy una persona de ciudad", asegura. "Para mí es importante largarme al campo a menudo. Me siento muy queer en esos espacios donde no hay gente. También me siento queer en la ciudad, obviamente, todo el rato, pero también me siento queer cuando estoy sola en medio del paisaje. Históricamente, el contexto de la mayoría de narrativas queer ha sido urbano. ¿Qué significa entonces para un cuerpo queer estar lejos de todos esos significantes?". Su deseo de retiro no trata de anhelar una existencia más acogedora.

"No se trata de algo pastoral", dice. "No me va la vida de pueblo. Hablo de lugares salvajes, de algo animal. El tema del retiro es muy complejo. Ahora y cada vez más, existe una extraña relación entre lo público y lo privado para los artistas. Para mí, hay una tendencia hacia el concepto de retiro. Por otra parte, también me gusta Instagram. Es complejo".

En el film Bridgit, proyectado por primera vez en octubre de 2016 en Hollybush Gardens —su galería de arte en Londres— y luego el pasado mayo en el Sculpture Center de Nueva York, Charlotte graba con su iPhone una larga toma de un bosque escocés mientras narra detalladamente con su voz en off la historia de su salida del armario en Aberdeenshire. Es como ver las cosas que piensas y las historias que te cuentas a ti mismo cuando estás solo, en la naturaleza. "Bridgit es importante para mí porque es mucho más personal que el resto de mi trabajo", confiesa. En el pasado, Charlotte ha mostrado sus películas en monitores pequeños que formaban parte de esculturas, situadas en andamios de tamaño humano. "Las obras del monitor eran más lejanas", añade. Ahora, hace piezas que se pueden ver en un contexto tipo cine o en una pantalla grande montada en una galería. "Ya no piensas más en la máquina. Es como un sueño", comenta.

Obra: BRIDGIT, single channel video, 2016. Fotografía Kyle Knodell

Su film más reciente, LHB, es audaz y real. Gran parte de los primeros minutos son tomas de la estación nuclear de Torness, una construcción brutalista en la costa de Escocia vista desde el tren a Edimburgo. En la parte superior, Charlotte empieza a hablar de su obsesión con el Sendero del Macizo del Pacífico (SMP), una ruta de más de 4000 kilómetros a través de los parajes más salvajes de Estados Unidos que va de la frontera de México a la de Canadá. Luego habla de cambiar la imagen a porno gay amateur y de la mecánica de quién se folla a quién y de quién edita el vídeo. Luego vuelve a leer los blogs de los excursionistas del SMP. Después, la pantalla pasa a mostrar a Charlotte pellizcándose la piel del brazo bajo la luz del sol. Dice que dos de los blogs están escritos por dos mujeres queer diferentes, caminando a la vez por el sendero sin darse cuenta de la presencia de la otra. Luego la pieza combina imágenes intercaladas de Charlotte meando por la ruta. Es muy simple, y en la película supone un gesto queer radical.

"Camino mucho", dice. "Tienes que mear. Meo muchísimo en exteriores. Me gusta. Desde que hice la película, muchas mujeres me han dicho que les gusta mear al aire libre. Me gusta pensar en mi cuerpo en relación con el paisaje de esa forma. Lo he estado grabando durante un tiempo. Cassie (la novia de Charlotte) y yo podríamos estar caminando juntas y yo decirle: 'Voy a mear', y luego le diría 'oh, ¿puedes grabarlo?".

Ahora, Charlotte está esperando confirmación de algunos proyectos. Está pensando en publicar un libro. Dice que es una lectora desobediente: que a menudo empieza los libros por la parte trasera. Le interesa indagar en cómo controlaría ella el camino del lector a través de un libro. "La narrativa personal es algo muy importante para mí", asegura. "Me interesa el hecho de que cada persona tenga todas esas narrativas, esos fragmentos, dentro suyo. Experiencias que van cargando y que se van añadiendo de forma permanente. No es tan lineal la manera de acceder a ese archivo personal. Es constantemente contingente y aleatorio".

Ahí está el quid de su trabajo y el motivo por el que es tan conmovedor e instructivo. "Me interesa el hecho de que tengamos dentro un mapa complejo que no es necesariamente lineal. Por eso mi obra es así, creo. Es el tiempo. Todo se mueve alrededor del tiempo y el espacio".

Charlotte lleva total look de la modelo

Créditos


Fotografía Vicki King
Estilismo Louis Prier Tisdall

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.