el auge de la obsesión por "lo feo"

En un mundo donde la belleza es cada vez de más fácil acceso, apostar por la fealdad es la única forma de destacar. Repasamos la historia del feismo desde el expresionismo alemán hasta el punk, sin olvidar el reciente éxito de Vetements.

por Aleks Eror y i-D Staff
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26 Mayo 2016, 9:30am

Parece que vivimos en una era donde triunfa una moda que cada vez es más "fea" y que puede que algún día recordemos con desprecio, como les pasa a muchos con los 80. Por ejemplo, a pesar de que parezcan salidas de Futurama, las Huarache de Nike se han convertido en las zapatillas más populares del momento.

Mientras tanto, Vetements está consiguiendo el respeto y admiración de la industria (y hasta de la Alta Costura) vendiéndonos una estética que, hasta hace poco, solo los góticos adolescentes podrían considerar 'guay'. A todo esto, a muchos les asalta la siguiente duda: ¿No se supone que la ropa debería ayudarnos a estar guapos?

Imagen vía @lumpenmen

En el caso de Vetements, muchos entienden por qué la gente lleva las creaciones de Demna Gvasalia —por conceptos como la moda, la exclusividad y el prestigio consumista de los precios—, pero todo eso son síntomas del deseo más que un catalizador del mismo. No podemos negar que hay un talento artístico en su trabajo, pero también los hay que no están convencidos de que estas prendas le vayan a sentar bien a nadie (en parte, porque no están hechas para eso ni tampoco lo pretenden).

El gusto puede que sea algo subjetivo, pero hay unas claves objetivas que le dan forma: hablamos de cualidades como la proporción y la relación. La arquitectura clásica es algo de lo que disfrutamos de forma innata porque su construcción se basa en las proporciones del cuerpo humano. Resulta agradable observarla por la forma en la que encaja dentro de nuestra línea de visión. 

Su diseño es una constelación de proporciones áureas que nuestro subconsciente encuentra atractiva por instinto, independientemente de gustos estudiados que a menudo van ligados a la opinión y una identidad construida. Sin embargo, las propuestas de Vetements discuerdan completamente con estos principios estéticos, lo que por supuesto tiene su propio atractivo inconformista, y quizás sea ese precisamente el objetivo: la fealdad es lo que hace que la marca sea tan atractiva.

Imagen vía @karliekloss

Desde el #foodporn de Instagram hasta los anuncios plagados de seres humanos perfectamente retocados con sonrisas inmaculadas típicas de fotos de archivo, nuestro campo visual está cargado de imágenes con una estética agradable. Ikea ha transformado los pisos de estudiantes de todo el planeta en galerías de arte minimalistas y escandinavas a precios asequibles. Además, con la democratización de la información, Internet también ha hecho que la sensibilidad ante la estética sea infinitamente más accesible.

Mientras que en otros tiempos las mejores técnicas de maquillaje, por ejemplo, implicaban unos conocimientos especializados reservados a profesionales y a la gente que entendía del el tema, ahora son 'youtubers' como Zoella los que enseñan a legiones de niñas de 11 años cómo "arreglarse" a través de sus canales. 

Ya no tenemos que contratar a un interiorista para que nos ayude a convertir nuestro piso en la guarida de un villano de las películas de James Bond: en Internet podemos encontrar desde blogs impecables sobre diseño como páginas repletas de interiores de películas porno. Ejemplos como el éxito de colaboraciones de H&M, que ofrecen la oportunidad de obtener prendas diseñadas por firmas de lujo a precios de mano de obra barata, no hacen más que reafirmar que "estar guapo" ha dejado de ser un reto y ha pasado a ser un estándar.

Imagen vía @balmain

En definitiva, la industria de la moda le ha dado mayor importancia al concepto de exclusividad que al atractivo estético. En nuestro mundo visualmente gratificante donde todo el mundo y todas las cosas son bonitas (en el sentido normativo del término), la forma más obvia que tenemos de destacar es permitiéndonos un grado de revulsión.

Ugly Models, una agencia de modelos que goza de mucho éxito desde 1969, ha construido todo su modelo de negocio sobre esta constatación, que les ha ayudado a ganarse clientes tan prestigiosos como Calvin Klein, Diesel y Vogue. Por ejemplo, más allá de la estética visual, el anuncio del cantante de ópera de GoCompare se sirve de la irritación —que podría ser otra forma de fealdad— para lograr penetrar en la mente de todos los que lo tienen que soportar. Es bastante evidente que siempre ha existido cierta atracción por la fealdad, algo que Gvasalia sin duda sabe al proclamar: "En Vetements las cosas son feas, por eso nos gustan".

Sin embargo, el diseñador no está diciendo nada nuevo. Puede que todavía se vea como algo peyorativo o como la conversación del valor estético, pero la fealdad lleva más de un siglo atrayendo a pensadores y artistas. El filósofo alemán Karl Rosenkranz acuñó el término de "la estética de la fealdad" en 1853. A principios del siglo XX, expresionistas vieneses como Oskar Kokoschka, Egon Schiele y su predecesor Gustav Klimt pusieron en duda las nociones de la estética absoluta y cuestionaron la creencia de que la belleza era el objetivo inherente de todo arte.

Autorretrato

, de Egon Schiele (1912) vía Wikipedia

El expresionismo fue una forma de reacción contra la belleza clásica que fue tan prominente en esa época. Por el contrario, se dedicaba a representar a los enfermos, los desfigurados, las prostitutas y a los marginados por la reciente urbanización. Fue un movimiento que asociaba la fealdad con la verdad y veía el arte que predominaba en la época como un "guetto de la belleza y la verdad, que había degenerado hasta convertirse en una decoración bonita e inocua para el hogar". Los expresionistas creían que la belleza del arte clásico hacía que le fuera imposible ilustrar la realidad repugnante del mundo que les rodeaba.

Este mismo principio se manifiesta en otras formas artísticas. En la escena de hardcore de los 80, grupos como Black Flag y Minor Threat contrarrestaron la sobreproducción insulsa de la era del rock de los 70 y el 'yupismo' de Reagan simplemente tocando más fuerte y más rápido que los demás grupos anteriores.

Era una música discordante y desagradable compuesta por canciones que duraban alrededor de un minuto y que, a menudo, no eran más que una bola de sonido. Al igual que el arte de los expresionistas, su música reflejaba los conflictivos tiempos en los que se creó. Y a pesar de que fue rechazada por los gustos convencionales, fue totalmente revolucionaria y se recuerda como una de las escenas más importantes del siglo XX, cuya influencia todavía resuena en la actualidad.

Quizás sea eso lo que pasa con la belleza: a menudo resulta demasiado aplacadora de forma pasiva para que pueda ser algo memorable. Calma y satisface —su mera presencia es una fuente de satisfacción—, pero no hay nada desafiante o disruptivo en ello. La belleza, en todas sus formas, es algo demasiado agradable de una forma simplista; es la estética de la mayoría, nunca lo radical. 

Firmas como Apple, con su diseñada perfección, siempre representarán el 'status quo', mientras que la fealdad (y en particular la belleza opcional) tiene el poder de subvertir, y, como tal, a menudo es el terreno para lo radical. Tiene el poder para transformar, para hacer cambiar de opinión y dar forma a los gustos, y eso es mucho más atractivo que algo 'bonito'.

@slandr

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Texto Aleks Eror
Fotografía Jason Lloyd Evans

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