Fotograma de'Splendor'

'splendor': la subestimada oda al poliamor de gregg araki

Recordamos esta olvidada película que, de una forma muy innovadora, presentaba en 1999 a un trío amoroso más allá de los tópicos morbosos y sexuales.

por Adam White
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14 Febrero 2019, 9:56am

Fotograma de'Splendor'

"El amor es una cosa misteriosa y desconcertante", dice una voz 'en off' al principio de Splendor, de Gregg Araki, una comedia romántica sobre el poliamor de 1999. Las palabras se escuchan sobre exuberantes primeros planos de labios, dientes y manos, todos bañados por una luz tenue y una banda sonora muy sensual. Pero a medida que los colores se desvanecen, formando una imagen de los cuerpos entrelazados y desnudos de dos hombres y una chica tumbados en la cama, la voz vuelve para aclarar algo: "No, esto no es una secuencia de ensueño".

En solo uno o dos minutos, Splendor se distingue por ser diferente a otros trabajos más conocido de Araki, como La generación maldita u Oscura inocencia: cine queer que siempre ha bailado entre lo real y lo hiperreal. Araki pinta mundos donde se abrazan las yuxtaposiciones; lugares donde el descubrimiento sexual y la violencia surrealista pueden coexistir; donde los visitantes extraterrestres pueden operar como testamentos de la avidez de Los Ángeles. Pero mientras las otras películas de Araki a menudo dominan ambos mundos —y nunca se sienten cómodos en ninguno de los dos— la primera aclaración de Splendor declara que, a pesar de su suntuosa estética y su pansexualidad utópica, la película está totalmente vinculada a la tierra.

Y eso podría explicar por qué, en comparación con las obras de Araki tan queridas por la comunidad queer, por los punks y por los drogadictos (o una combinación de los tres), Splendor es un film bastante olvidado. En la superficie, está claro por qué. Splendor no es un himno premonitorio para el fin del mundo, ni es tan anárquico como Nowhere. Tampoco existe la ira palpable de The Living End o The Doom Generation, ambas películas endeudadas con los horrores del SIDA, en las que cada acto de expresión sexual se traduce en muerte y violencia. En su lugar, Splendor es una comedia ligera, tan dulce como una piruleta de fresa.

Splendor es la historia de Verónica (interpretada por Kathleen Robertson), una aspirante a actriz que vive en Los Ángeles y está inmersa en un ciclo de raves nocturnas, palos luminosos y audiciones de malas películas para televisión. Pero su política sexual traiciona la educación que recibió en su pequeño pueblo, ya que Verónica encarna una firme devoción a las sutilezas heteronormativas y al romance a la antigua usanza. Eso es hasta que conoce a dos hombres muy diferentes: un sensible periodista de música llamado Abel (Johnathon Schaech), y Zed (Matt Keeslar), un batería taciturno pero guapísimo con un apetito sexual voraz.

Al principio, al más puro estilo Carrie Bradshaw, Verónica intenta salir con ambos sin que se enteren, con la intención de romper con uno de ellos cuando se decida. Pero no tarda en darse cuenta cómo Abel y Zed satisfacen diferentes partes de sí misma. Con el tiempo, se pregunta si es necesario hacer tal elección, proponiendo una sutil mezcla de lo que antes era un triángulo amoroso tenso y muy recto. Entonces comienzan a salir en trío, a compartir la cama, a tener sexo en grupo y, finalmente, a mudarse juntos.

Splendor fue la tercera película de Araki en explorar este territorio. Su película estudiantil de 1987, Three Bewildered People in the Night, es impulsada por la tensión sexual en ciernes entre una pareja heterosexual y su mejor amigo gay, mientras que The Doom Generation se presenta como una road movie con una desquiciada trama bisexual en la que un par de marginados son seducidos por un psicópata hiper-sexual. Pero mientras que el primero es un trabajo disperso y el segundo una comedia negra ácida y pesimista, Splendor es Araki disparando a través de una lente de optimismo sin límites. En muchos aspectos, es el opuesto de The Doom Generation, donde el sexo puede conducir al hedonismo y al éxtasis primordial, en oposición al horror gráfico.

Lo que no quiere decir que Araki esté generalmente impregnado de nihilismo. En todo caso, es una mala interpretación de su trabajo, incluso cuando es muy violento. A lo largo de la "Trilogía del apocalipsis adolescente" de Araki, compuesta por Totally Fucked Up, Doom y Nowhere, James Duval se presenta como un soñador sensible, un adolescente que acepta su cuerpo y sus impulsos, algo que finalmente se manifiesta en una brutal tragedia y en un amor tierno con un chico que cree que ha sido secuestrado por extraterrestres. Es la pubertad a través de un espejo funerario arakiano, en ocasiones un tanto gonzo, pero siempre reconocible.

Splendor, entonces, es la introducción de Araki a la edad adulta temprana, un momento en el que las decisiones son más fáciles de lo que solían ser, los problemas se definen con mayor claridad y el sexo no es tan divertido. También es la primera película de Araki en las que sus protagonistas deciden su vida por ellos mismos, en contraposición a otras cintas en las que los personajes eran individuos encadenados a figuras paternas o dinámicas escolares o expectativas sociales. Así que, de alguna manera, sigue siendo una fantasía, pero una que emocionante en lugar de aterradora.

Promocionando su film Kaboom en 2010, Araki hizo mención en algunas ocasiones a cómo su trabajo ha propuesto durante mucho tiempo una libertad sexual que apenas ha comenzado a manifestarse en el cine hoy en día: las franjas de adolescentes modernos que deciden retirarse de las "reglas" históricas de género y sexo y en su lugar, explorar una especie de pansexualidad, junto con todas sus variables. "Mis películas anteriores son más o menos sobre esa idea de la sexualidad más allá de categorías y etiquetas, algo que es flexible y no en blanco y negro", dijo a AV Club. "Es mucho más común y mucho más frecuente que en mi época univeresitaria. Estas realidades siempre han existido, pero creo que las personas se sienten más cómodas consigo mismas y más conscientes de estas alternativas ahora".

Teniendo esto en cuenta, es posible que Splendor sea el trabajo de Araki más 'para todos los públicos' a la hora de tratar una nueva era de exploración sexual. Hay una fuerte carga erótica en la primera interacción sexual del trío, cuando Verónica pregunta a Abel y Zed si han tenido relaciones sexuales con otro hombre antes, y ella en particular parece emocionarse con la idea de aventurarse en rincones sexuales sin explorar previamente (particularmente una vez que los hombres se besan). Pero Splendor rápidamente decide no erotizar más su premisa, el trío cae en una felicidad doméstica atípica, libre de ansiedad, drama o disfunción sexual.

Y tampoco analiza los aspectos específicos de la actividad sexual del trío. Verónica le dice a su curiosa amiga Mike (Kelly Macdonald, de Trainspotting) que en realidad no sabe si Zed y Abel han tenido relaciones sexuales con terceros, pero no parece molesta en absoluto ante esa posibilidad. Pero más tarde, cuando la relación del trío se vuelve tensa, Abel llega a decir que no tiene problemas con que tengan citas con otras personas, pero que no soporta a Zed como compañero de piso.

Al representar a Verónica, Abel y Zed como tres adultos que simplemente viven y aman atípicamente, Splendor marcó un punto de partida sorprendente para una era del cine en la que cualquier representación de poliamor era de naturaleza intrínsecamente sexual. No hace falta irse muy lejos, tan solo un año antes, para encontrarnos Juegos Salvajes y un sórdido Matt Dillon que empuja físicamente a Denise Richards y Neve Campbell hasta que se besan. Splendor, por otro lado, se baña en su normalidad alternativa, y es por eso mucho más rompedora.

Tras su lanzamiento en 1999, Splendor obtuvo bastantes críticas negativas por su aparente falta de apuesta dramática ("Una comedia que trata de ser una película", afirmaba un crítico) y, en opinión del New York Times, por su ausencia de sexo explícito. Una reacción tan despectiva no era nada nuevo para Araki, un hombre que pasó su ascenso de los 90 sin cesar descrito como un "enfant terrible" de la era responsable de las películas que Roger Ebert calificó de "repugnantes". Otros estaban más distraídos con la propia vida sentimental de Araki; en concreto con su relación con Robertson, una pareja poco conocida que expone la frecuencia con la que los medios de comunicación han identificado erróneamente la fluidez sexual de Araki, y una historia que rompió con la ignorancia de medios como el New York Post que tituló así uno de sus artículos: "Extraños compañeros de cama: director gay se enamora de una de las chicas de 'Sensación de vivir'".

En retrospectiva, es gracioso la frecuencia con la que los críticos de la corriente principal lucharon por "captar" el trabajo de Araki y los mensajes que transmitía, su importancia como una figura de la cinematografía de los 90 que los expertos reconocen realmente como consecuencia de Oscura Inovencia. Más de 25 años después de The Living End, es una especie de justicia pop que un hombre responsable de tantas películas pioneras, ahora sea tratado como una deidad punk adorada por una generación de inadaptados que crecieron viendo su trabajo.

Pero Splendor también garantiza un lugar en ese canon magistral. No es la película más llamativa de Araki, ni la más ambiciosa desde el punto de vista visual o estético, pero es profundamente radical, pues es un saludo a la diversión y la imprevisibilidad de la fluidez sexual, los estilos de vida alternativos y vivir al margen de los cánones sociales. Y, recordando la asombrosa voz de Verónica al comienzo de la película, que pinta su escenario central no como un sueño fantástico de otro mundo sino más bien como algo alcanzable y válido, solo afirma lo importante que sigue siendo.

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

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