la tiranía estética contra las mujeres

“¿Qué te has hecho en la cara?” Si envejeces, te critican; si te operas para parecer más joven, también. ¿Importa más el talento o tu vestido? ¿Es el cuerpo femenino un mero objeto sexual o la carcasa que te lleva a las alfombras rojas? ¿Puedes estar...

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02 Diciembre 2014, 8:40am

Las gemelas más famosas del planeta, Ashley y Mary Kate Olsen, acudieron hace unas semanas a una gala neoyorquina e instantáneamente fueron protagonistas del diario amarillista The Mirror que asegura que ahora son dramatically different. La noticia se empeña en llamar Ashley a la que, a mi ojo, se parece más a Mary Kate, pero lo cierto es que a pesar de que van peinadas de formas distintas y que la piel de una brilla más que la de la otra parecen igual de gemelas que siempre.

La exigencia de los medios jamás había llegado tan lejos: obligar a dos gemelas bicigóticas (o sea, mellizas) sean idénticas pase lo que pase.

La obsesión con lo físico de las estrellas no hace más que superar sus propios clímax. Renée Zellweger reapareció hace poco con un rostro nuevo, más estándar, y se convirtió en trending topic instantáneo. Ella misma declaró que estaba distinta, "más feliz", y que sus cambios se correspondían a que había dejado hábitos poco saludables y había decidido cuidarse más. No negaba la cirugía, aunque tampoco le daba demasiada importancia, y dejó claro que se sentía mejor. ¿Qué más hace falta?

Aún así la reacción de los medios y de Twitter fue brutal. Días después incluso surgieron rumores de que la productora estaba planteándose si contar con Renée para la tercera entrega de El diario de Bridget Jones. Y ahora, pensemos un momento: ¿Acaso el personaje Bridget Jones no se hubiera puesto bótox o hecho un lifting? Bridget Jones vive en el mismo mundo que Zellweger: un mundo de imágenes constantes donde la juventud, especialmente la femenina, es idealizada.

Hoy la nueva controversia ha sido desatada por la nueva imagen de Uma Thurman en la presentación de The Slap, la nueva serie de la NBC que protagoniza. Sus rasgos han cambiado, y todo hace pensar que esto es consecuencia de una operación y/o tratamiento estético. Pocas horas han pasado, pero las críticas contra su decisión ya han comenzado tanto en medios de comunicación como en redes sociales. Sin ir más lejos, el periódico inglés Daily Mail asegura en su edición online que la mítica actriz estaba "casi irreconocible". ¿Cómo es posible que aceptemos frases así?

En el roast de James Franco, un conocido programa de Comedy Central que se dedica a despellejar a un personaje famoso y a todos los que participan en él, la humorista Sarah Silverman recibió algunos chistes sobre "ser vieja": tiene 43 años. Poco después explicaba que defendía esos chistes, aunque le afectaron, pero que respondían ciertamente a una fijación de la cultura pop sobre las mujeres fuertes que expresan su opinión y sobre cómo son sistemáticamente obligadas a avergonzarse por ello. No era un chiste acerca acerca de su edad, sino acerca de ser mujer.

Y lo cierto es que la cultura del entretenimiento sostiene una relación muy distinta con las mujeres y los hombres. Todo los días hay imágenes de alfombras rojas y photocalls, las herramientas más básicas de publicidad, que consisten ni más ni menos en ver cómo van vestidas ellas, ver si hay algún error en su cara, su cuerpo o su ropa. Si están guapas o no. Y si hay algún fallo, es noticia: ahí está Twitter para hacer viral la papada de Anjelica Huston o la ilusión de unos falsos pezones en el pecho de Anne Hathaway.

Esta manía de tener el físico de las mujeres bajo lupa pertenece a la cultura del "Aargh". Es la expresión que utiliza la revista Cuore, uno de los adalides de esta tendencia, para poner la atención en algo que les disgusta de ti. Las personas a pie de calle se sienten mejor cuando ven destruida la perfección de las estrellas, se sienten mejor si consiguen ver una foto de Mila Kunis con granos y sin maquillar o la celulitis de una modelo.

¿De dónde nace este placer? Estamos rodeados de imágenes de moda y de publicidad en las que la realidad es un factor ajeno. Las mujeres que aparecen en ellas son solo materia prima producida, maquillada, iluminada y tratada digitalmente. Se ha fallado en comprender que estas imágenes son una ficción, muestran un producto, una construcción de la realidad. La propia Cindy Crawford dijo: "Ojalá me pareciera a Cindy Crawford". La frustración generada de vivir con esta expectativa solo se libera tratando de destruir esos iconos, atacándolos, convirtiéndolos en humanos y así haciéndolos vulnerables y llenos de fallos.

Este constante bombardeo de imágenes no solo afecta a los espectadores, sino también a las propias estrellas, que en su obsesión por ser un producto tratan de llevar esa irrealidad a sus vidas diarias. Para muestra un botón: el famoso meme que compara las salidas del gym de Britney Spears: despeinada, sudada y comiendo plátanos; con las de Taylor Swift: resplandeciente, con outfits perfectos, piel blanca y labios rojos.

Para las mujeres el talento ha quedado desterrado de la cuestión, no se habla de su trabajo o sus proyectos, solo de lo externo. Da igual que hayas ganado el Oscar si has sido la peor vestida. A las mujeres se les exige un baremo físico durísimo solo para estar en el juego. Como bromeaba muy acertadamente Tina Fey en el monólogo de apertura de los Globos de Oro 2014: "Matthew McConaughey hizo un trabajo estupendo este año. Para su papel en Dallas Buyers' Club perdió 20 kilos, o como lo llamamos las actrices: hacer una película."

Pero la constante presión de ser joven y delgada no acaba ahí. Si de repente cayeras en el juego, no fueras de acero y la crueldad y las críticas atravesaran tu piel, llegaran a tu cabeza y te dispusieras a solucionar tus "fallos" mediante cirugía, también te estarías equivocando. Antes, criticaban a las mujeres por haber engordado o tener más arrugas, pero ahora también pasa si estás demasiado delgada y, si te operas, todo el mundo dice: "¿Pero qué se ha hecho en la cara?".

El cuerpo de la mujer en el show business y bajo las normas del patriarcado, es entendido como una herramienta estético-sexual. Una actriz exitosa, joven y atractiva, como Scarlett Johansson, apareció desnuda en Under the skin de Jonathan Glazer, un desnudo quirúrgico en el que una extraterrestre observa con extrañamiento las complejidades de su cuerpo de mujer ante un espejo, y cuando sus fotos se filtraron a la web la reacción no pudo ser más agresiva.

Cada vez quedan menos espacios donde poder representar la realidad. Quizá la aparición más rompedora en nuestros tiempos haya sido la de Lena Dunham, que desde su serie Girls en la HBO se ha desnudado en innumerables ocasiones, luchando contra la idea restrictiva del cuerpo que se expone en los medios, siempre acompañada de abundante polémica. Lena fue además portada de Vogue en febrero de este año

Inmediatamente después de que la revista saliera, la publicación "feminista" Jezebel ofreció una recompensa de 10.000 dólares por sus fotos sin retocar, arguyendo que Vogue precisamente representaba todo lo contrario a lo que Lena defendía, es decir, el retoque digital y la reconstrucción ficticia de la imagen contra el ser-una-misma. Efectivamente las fotos sin retocar salieron a la luz, y a pesar de que los cambios eran mínimos, la web los enfatizó tanto como pudo.

Lena salió en su defensa rápidamente, diciendo que ella estaba totalmente a gusto con esos retoques y que le resultaba difícil respetar la decisión de Jezebel. Y tenía perfecta razón: la ficción no es excluyente de la realidad, aunque una mujer sea una defensora inquebrantable de la libertad de representación del cuerpo femenino (y, de hecho, precisamente por ello) puede participar perfectamente y de un modo consciente en una representación ficcionada, fantasiosa y glamourosa de sí misma.

Estos dos mundos deberían poder coexistir perfectamente y ser juzgados siempre desde el único punto de vista posible: el de la capacidad de decisión. Siempre que una mujer pueda decidir sobre como ser representada será un triunfo, sea cual sea esa representación. Y se debe luchar contra la coacción estética de las mujeres y los intentos de avergonzarlas, es un grano de arena muy simple que todo el mundo puede aportar... incluso ellas.

Y volviendo a Sarah Silverman, ella se dio cuenta de la propia importancia de su decisión: "No quiero que las chicas jóvenes vean que me duelen los chistes sobre mi edad porque siento que no estoy dando un buen ejemplo.", y remató con un "chiste triste" acerca de las concursantes de The real housewives of Beverly Hills que disecciona perfecto el problema: "Tus intentos desesperados por parecer joven son la razón por la que tu hija no sueña con su futuro." La actitud con la que las mujeres se ven a sí mismas es la influencia más directa que los demás van a recibir.

Para redondear la ironía estas declaraciones acabaron subidas a Youtube bajo el título: Sarah Silverman is surprisingly intelligent.

¿Y hacia dónde vamos? ¿Cuál es el futuro?
Por lo pronto, hay una tercera vía. La que apunta la cantante Sia, que ha decidido voluntariamente desde una fuerte depresión y a pesar de su enorme éxito no volver a mostrar su cara, solo su voz. "No quiero ser criticada en Internet por mi apariencia. No quiero ser famosa." Y sin duda es famosa, pero su cara no.

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Texto Brays Efe
Fotografía Daniele + Iango [The Role Model Issue, no 321 Fall 2012]