¿por qué hay tanta gente dispuesta a pagar por afecto?

Del síndrome del celibato en Japón ha surgido una emocionante variedad de paraísos del amor: Love Hotels, Cat Cafes, Circus Bars... ¿Qué conclusiones podemos sacar este comportamiento japonés?

por i-D Staff y Scottee Scottee
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09 Octubre 2015, 11:55am

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Las mejores transacciones en Japón vienen en una máquina expendedora: té verde caliente en una lata, las braguitas usadas de una "niña que va al colegio", figuras de anime para niños en máquinas gaccha gaccha (apiladas en una torre a la altura de un niño que se tragan monedas de 100 yenes -unos 0,70 euros- a cambio de un huevo de plástico con un premio sorpresa) y menús de restaurantes con pantalla táctil para hacer tu pedido.

La tecnología avanza en detrimento del contacto humano, y la potencial vergüenza que podría conllevar una interacción interpersonal en la vida real se evita usando estas máquinas. La pregunta es: ¿Por qué en una sociedad como la japonesa donde todo está conscientemente preparado para evitar hablar con desconocidos hay tantas personas dispuesta a pagar por recibir afecto de un extraño?

Imagen vía @alisaueno

Tal y como le ocurre a la gran mayoría de los occidentales, siento una cierta atracción por las que creo que son las costumbres más perversas de la cultura japonesa. Estoy hablando de cosas como usar guantes al dormir para mantener las manos jóvenes, estar en silencio total en el transporte público o ser cliente de lugares como los Love Hotels: los "dormitorios del amor" en los que, durante unas horas, las parejas tienen tiempo y espacio para hacer el amor -o lo que sea- con calma. 

Se trata de habitaciones temáticas que se alquilan por hora para tener sexo. Tratando de llegar al fondo de este fenómeno tan japonés, mis espectativas son muy altas y me pongo a buscar sordidez, hombres viejos y sucios con abrigos para la lluvia y prostitución underground. Rápidamente me doy cuenta de que esa es mi idea occidental del comercio del sexo y que no encontraré nada de lo que pensaba. 

Después de descifrar la manera de entrar en el hotel a través de un complicado laberinto diseñado para salir y entrar en el edificio discretamente, mis amigos y yo estamos de pie en el vestíbulo mirando a una pared de luces intermitentes; una voz en off nos invita a seleccionar una modalidad y optamos por el "romance europeo".

Empiezo a preguntarme cómo será el romance europeo para ellos y si la transacción podría ser realmente una apropiación cultural. El ascensor se abre y se encuente una luz en la parte superior para indicarnos que podemos entrar. Una vez dentro, empieza a sonar una versión del Heartbreaker de Mariah Carey cantada en inglés y japonés [sí, el jinglish existe] y, de repente, se para.

Nos encontraos una flechas que parpadean y apuntan en la dirección de nuestra habitación. En el interior del dormitorio de satén color rosa hay aún más máquinas expendedoras. Puedes alquilar juguetes sexuales por menos de 4 euros; comprar condones adicionales en caso de que se agoten los diez que vienen incluidos y pedir comida para que te la suban a la habitación (y, obviamente, pedimos pizza).

20 minutos después, se abre una ventana pequeña a traves de la que vemos el torso de una empleada que nos pasa la comida por la ventana y nos encontramos con uno de los snacks favoritos de los japoneses: patatas fritas en forma de cara sonriente.

Le pregunto a Sumi -nuestra guía- por qué los Love Hotels son tan populares: "En Japón, todavía no hablamos de sexo abiertamente y no puedes llevar a tu novio o novia a casa a menos que te vayas a casar. Nunca hablamos de sexo con nuestros padres y la mayoría de la generación más joven todavía vive con ellos. Yo vine a uno cuando era adolescente por esta razón, mentí a mis padres y quedé con mi novio".

En el resto del mundo nos gusta pensar que somos superiores como para usar este tipo de espacios, pero el impulso de ir a un Love Hotel es muy similar al de todos los hombres jóvenes en occidente que pagan por sexo: querer y que te quieran. A primera vista, los Love Hotels pueden parecer algo perverso, pero puede que en realidad los japoneses sean más honestos que nosotros a la hora de tener relaciones.

Imagen vía @dmxvoice

La necesidad de afecto viene en muchas formas diferentes. Por ejemplo, la tendencia más reciente que se ha disparado en todo el país se trata de acariciar gatos durante un tiemp asignado. Los Cat Cafes son establecimientos de lujo con focos descubiertos (y un café muy caro) que te permiten hacer amigos felinos sin las complejidades de las amistades humanas. Los clientes los acarician y juegan con ellos hasta que vuelven a su rutina diaria.

La tendencia comenzó en el distrito Akihabara de Tokio, un lugar donde los jóvenes compran productos anime, babean por la tecnología y pasan el rato con las AKB48, la girlband más grande de Japón (formada por 48 chicas), pero el lugar más popular del momento es Co-Sleeping Specialty Shop. El propietario, Masashi Koda, vio una oportunidad en el mercado del afecto y decidió abrir la primera sala de abrazos en el mundo: "Sí, es solo para abrazar", nos cuenta Koda.

Por casi 30 euros puedes sentarte al lado de una chica durante 10 minutos; si le añades unos 10 euros más, puedes acariciarle el pelo y otras acciones incluídas en un menú servicios adicionales como limpieza de oídos, "mirar con deseo" y opciones de vestuario kawaii. Una de las 'profesionales del abrazo' asegura: "La mayoría de las personas que vienen son jóvenes y solteras y me sorprende mucho porque a mí no me gusta tener un marido que me moleste".

Creo que la "molestia" a la que refiere es mucho más compleja que una simple preferencia por la vida de soltera. La disparidad de pago en Japón es la más alta de cualquier otra nación desarrollada con un 66% y las presiones de la vida matrimonial y la expectativa de las familias de tener hijos es muy sofocante. Tal vez sea esto lo que ha llevado a las mujeres japonesas a empezar a tener encuentros sin compromiso.

Imagen vía @macaroni21

Incluso el simple arte de la socialización se ha vuelto una franquicia a través de la escena del 'host bar'. Tanto si quieres a un pretendiente vestido con trajes de "Frank Perry" en replicas de pubs británicos o prefieras la compañía de mujeres gordas comiendo bolas de arroz vestidas de cerdos, los 'host bars' le ofrecen a sus clientes una compañía variada.

Los hombres y las mujeres pagan a acompañates por no estar solos y algunos incluso les compran joyas caras y se apropian de ellos. A cambio, los acompañantes ofrecen conversación y halagos ocasionales. Después de pasar la noche cumpliendo con el contrato que han estipulado sus clientes, los mismos profesionales se gastan casi todos sus ingresos en otros 'host bars', generando un constante círculo de soledad.

A las 9 de un martes por la noche, me pierdo en un laberinto de callejones en el centro de Osaka, pero nuestra guía, finalmente, nos encuentra y nos lleva a otro ascensor iluminado. Le pedimos ir a ver un cabaret y, al entrar en el Universe Show Bar, nos damos cuenta de que no estamos tan interesados en verlo. Los 'show bars' son cuevas para beber donde los hombres de negocios más mayores van a beber whisky escocés mientras ven espectáculos típicos del circo, solo que da la casualidad que todas las performers están semidesnudas.

Imagen vía @watanabekazue

Una acróbata increíble llamada Bambi nos dice: "Creo que son populares entre los hombres de negocios japoneses porque son lugares abiertos para el entretenimiento sexual. Me gusta mi trabajo porque consiste más en entretener a los hombres que practicar sexo; soy como una call girl". Abrazar aquí es mucho menos inocente que en Akihabara donde juegan a 'piedra, papel o tijeras' con el público. Si ganamos, nos dejan tocarle las tetas a las performers y, aunque suena sórdido, en realidad es algo muy juvenil.

Como occidental, es fácil querer defender a estas chicas porque, en nuestra cultura, el comercio sexual está relacionado con la trata de personas y el abuso de drogas, pero después de explorar el país, no encontramos ningún tipo de explotación. No estoy diciendo que no exista en Japón, pero la locura por la cercanía es mucho menos sexual de lo que muchos creen.

Fotograma de 'Lost in Translation' de Sofia Coppola

¿Qué desventajas tiene una sociedad centrada en el contacto 'no humano'? ¡La disminución de la población más rápida en el mundo! Hay más personas mayores de 50 años que menores de 15; la gente no se casa ni tiene hijos y los novios cibernéticos son preferibles a los de la vida real. Quién sabe lo que esto significa para el futuro de Japón, pero, si lo pensamos bien, en un país ya tan poblado y en un mundo a un punto de romperse... ¿Es esto algo malo?

¿Quién es culpable de esta actitud? ¿Será un movimiento feminista revelándose frente al patriarcado? ¿Un movimiento que le está dando a las mujeres jóvenes más control? ¿Es la ética de trabajo de una nación impulsada por el éxito financiero? ¿O es solo timidez?

Personalmente, creo que los japoneses simplemente son más honestos sobre la forma que tenemos de consumir afecto en el siglo XXI. Antes de pensar en esto como un problema de una panda de japoneses excéntricos, pregúntate qué buscas realmente la próxima vez que hagas un 'match' en Tinder. 

@scotteeisfat

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Texto Scottee
Fotografía gaelx

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