prostitutas, reclusas y 'celebrities': el complejo mundo de bettina rheims

Una nueva retrospectiva de la obra de la fotógrafa francesa nos muestra retratos de Madonna, Milla Jovovich y jóvenes trans.

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feb. 9 2016, 10:35am

Breakfast with Monica Bellucci, November 1995, Paris © Bettina Rheims

La fotógrafa francesa Bettina Rheims es discípula de Helmut Newton y su influencia es visible en su obra. Muchas de sus series se hacen eco del exhibicionismo con carga sexual y se centran en la carne femenina tan estrechamente relacionada con el icónico fotógrafo alemán. Sin embargo, el tono en la representación que Rheims hace de las mujeres varía a través de su obra. Ha creado discretos retratos en blanco y negro de prostitutas anónimas que conoció en París, ha escenificado desconcertantes burlesques de burdeles con mujeres extendidas en camas en "Chambres Closes" y ha fotografiado a varias celebrities (desde Catherine Deneuve hasta Mary J. Blige) en poses insinuantes.

La obra de Rheims se presenta ahora mismo en una retrospectiva completa en la Maison Européenne de la Photographie de París, con 180 imágenes repartidas en tres pisos. Sin seguir una cronología, la exposición esboza sus 36 años como fotógrafa profesional, abarcando desde las primeras obras de 1979 hasta las imágenes más recientes de hace tres meses.

Además de sus polémicos desnudos, Reims creó también series más delicadas (también en la exposición) que muestran un enfoque más empático: retratos crudos de mujeres prisioneras en Rennes, una curiosa exploración de la Shanghái del siglo XXI y dos series, creadas con 30 años de diferencia, que exploran la cultura trans. 

En la inauguración de la exposición -que lleva por título el nombre de la fotógrafa- Rheims nos habló sobre las conexiones entre las diferentes series, la relación entre el fotógrafo y el sujeto y sobre cómo fue testigo de la evolución de la identidad transexual.

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Milla Jovovich, estudio, March 2005, Paris © Bettina Rheims

Cuando te fijas en toda tu obra en conjunto, ¿sientes una distancia con tu producción?
En verdad, lo que intentaba era probarme a mí misma que había un hilo a través de toda obra. No sabía cómo relacionar todas estas series que desde el punto de vista formal son diferentes, ya sabes, blanco y negro, color, estudio, no estudio. En francés lo llamaríamos entre deux, es decir, entre dos cosas, hay una mezcla de fuerza y fragilidad, se revela algo pero, por supuesto, también es una ficción.

Me sorprendió la diversidad en el tono de tu obra, en particular con Les Détenues (2014), que presenta retratos crudos y sobrios de las reclusas. Es una representación muy diferente de la obra por la que eres conocida.
Es la primera vez que las muestro. ¿No te parece que [las diferentes series] hablan las unas con las otras? Creo que si nos fijamos en Les Détenues y las impresiones que tienen justo enfrente (Gwen Stefani, Kylie Minogue) no era obvio colocarlas así, están manteniendo una conversación. Es un mundo de mujeres, con sus complejidades, creo que se relacionan con bastante facilidad. Las presas han tratado de restaurar algo de esa feminidad perdida, aparecen arregladas y con sus mejores galas. Tuve muchas conversaciones con las presas antes de empezar a fotografiar y siempre parecía surgir una cosa, la pérdida de la autoestima. Es difícil, porque ya no tienes a alguien que te mire, y el hecho de que estas otras mujeres las cuiden y las miren, las hace crecer.

Kristin Scott Thomas con una peluca rubia, May 2002, Paris © Bettina Rheims

¿Tu enfoque es distinto en las diferentes series?
Yo diría que es siempre el mismo, los sentimientos son los mismos. Estoy detrás de la cámara, hablo mucho, y los sujetos contestan a través de sus gestos. Al principio es un poco extraño, no bailamos los mismos pasos, no escuchamos la música correctamente, pero a medida que pasa el tiempo, empieza a aparecer la armonía.

Hiciste dos series con modelos transexuales. ¿Cómo ha cambiado la conversación entre Modern Lovers (1990) y Gender Studies (2011)?
Oh, ha cambiado. Los años ochenta en Londres empezó con el SIDA, que era una pesadilla. Los jóvenes ya no podían tener relaciones sexuales, y los mayores tampoco. La puerta se cerró. Treinta años más tarde, cuando puse un anuncio en Facebook mostrando algunas de las imágenes de Modern Lovers, dije: "Si deseas iniciar esta conversación de nuevo, y si tienes algo que decir al respecto, entonces mándame una foto". Empecé a hablar por Skype con personas de todo el mundo, fue hermoso. Las cosas han cambiado mucho. Algunas personas dijeron: "Nos negamos a elegir; seremos ambos. Una mañana nos despertaremos y nos dejaremos crecer la barba y al día siguiente nos pondremos pintalabios y saldremos con tacones". Otros decían: "Preferimos morir que cambiar", fue algo muy fundamental que la gente estuviera dispuesta a dejar de vivir. Lo que me sorprendió es que la gente estaba muy sola. Las cosas no son fáciles.

El discurso público en torno al feminismo es muy amplio ahora mismo. ¿Dónde te sitúas en esa discusión?
Si nos fijamos en mi obra, más allá de lo que se dice de la desnudez (que es irrelevante, es decir, mis imágenes no tienen más desnudos que las imágenes en una revista) ha ido cambiando las fronteras a lo largo de los años, y la lucha del feminismo se ha desplazado, todo el fundamentalismo religioso lo está llevando a otro nivel y las mujeres no han dejado de tener problemas. No creo que pase los próximos años divirtiéndome y jugando a esos juegos con las mujeres, mi obra será más política, eso es todo lo que puedo decir.

Bettina Rheims se podrá ver hasta el 27 de marzo en la Maison Européenne de la Photographie de Paris.

mep-fr.org

Madonna tirada en el suelo de una habitación roja, septiembre 1994, New York © Bettina Rheims

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Texto Sarah Moroz
Fotografía Bettina Rheims