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las discotecas de madrid están en peligro (pero las vamos a salvar)

El Ayuntamiento de la capital no para de poner impedimentos a los organizadores de fiestas, pero las nuevas generaciones no van a cesar en sus intentos para que Madrid vuelva a ser la que era.

Popy Blasco

Imagen vía @andreavandall

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Estábamos todos eligiendo modelazo para la inauguración de ChaChá The Club, el club privado para socios cuyos promotores son viejos conocidos de la noche de la ciudad: Laura Vandall (estilista y clubber de referencia en Madrid),  Andrea Vandall (probablemente la twerker más famosa de la capita) y Edgar Candel Kerri (una mitad de los Zombie Kids). La misma mañana de su apertura, Liam J. Aldous -redactor de Monocle y community manager del club- escribía en su muro (aunque todo en mayúsculas): 

Madrid está cambiando, pero parece que las autoridades no están a la altura de la gente joven todavía. Por motivos ajenos han cancelado la inauguración del Cha Chá Club. ¿Por qué? Porque nos siguen poniendo barreras, porque esto no parece muy distinto a la época del PP, porque piensan que no tenemos voz ni voto

En cuestión de minutos, Facebook, Instagram y Twitter se llenaban con los hashtags como #NiConCarmenaHayVerbena y #QueVuelvaLaNocheMadrileña. Realmente, ¿había ocurrido otra vez? La noche perseguida. Inmediatamente hablé con Laura, que me contó que el antiguo cine Bogart -la sala donde iba a dar lugar el evento- había recibido un burofax del Ayuntamiento advirtiendo que si abrían puertas se precintaría la sala (con diferentes dispositivos policiales esperando la orden para actuar).

Por suerte, en solo un par de semanas las cosas se han solucionado, y esta misma noche —si nada lo impide— el ChaChá The Club abrirá sus puertas por primera vez en Madrid. La fiesta será solo para invitados —al estilo de algunos de los mejores clubs de París, como Le Baron— y tiene la intención de marcar un antes y un después en la historia nocturna de la ciudad. 

Sin embargo, algo me rondaba la mente: ¿Qué piensan realmente las autoridades de los promotores nocturnos de la capital?¿Acaso creen que son delincuentes? Todos hablamos de la cultura club, pero parece que solo es cultura para unos pocos. Sin duda corren nuevos aires en el Ayuntamiento de Madrid, pero en lo relativo a esta escena nada ha cambiado. Siniestras estructuras burocráticas de leyes arrastradas del antiguo Gobierno Municipal que fueron creadas por oscuros alcaldes para la cultura de Madrid.

Imagen vía @amandaportillo

Lejos quedaron los años de La Movida de Tierno Galván y la eclosión de la fiesta en los 90 con todos los afters en los que no paraban de ocurrir cosas, algunos míticos como el Bocaccio Dance o el Midday, donde descubríamos mundos paralelos y uno se hacía más sabio.

Bali-Hai, el House of Devotion de Dani Pannullo... En cuanto pudo hacerlo, Álvarez del Manzano lo cerró todo, haciendque la gente tuviese que montar afters clandestinos y fiestas en casas (los llamados chill-outs, como los de la estrella del porno Candy Love o los de Álex Mercurio, frente de una academia de inglés). Incluso los bares corrientes de cañas y desayuno con porras se llegaron a convertir en locales improvisados, como La Sirena Verde de Gran Vía o el O Muiños de Leganitos.

Imagen vía @dreamcatcher_24

Según Abida Allouh, socia del Coppelia en la era electroclash anterior a las redes sociales y promotora en 26 salas (entre ellas Changó, But, Bash, Barnon o Pachá): "Lo que he visto a lo largo de los últimos 20 años es que Miguel Ángel Flores, el responsable del Madrid Arena, diseñó una ley solo para que estuviera abierta su sala Macumba, donde se hacía el Space. Cerraron todos los afters menos el suyo. ¿Por qué? Obviamente tenía comprados a los concejales".

Luego está el hecho de que cuando ocurre algún altercado nocturno, pagan justos por pecadores: "Cuando hay algún hecho muy mediático, por ejemplo cuando hay muertes, como ocurrió en el Balcón de Rosales, enseguida van a por todas las salas durante una temporada: cuentan la gente que hay en los locales, reducen los aforos y se vuelven muy rígidos".

Imagen vía @sala_but

La Sala Flamingo, que acogió clubs como el Goa (en su etapa after), Soul Kitchen, el Es una Fieshhta de Luis Venegas y Niño Fixo y el Ocho y Medio, también tuvo que cerrar, pero no por trabas de licencia, sino que, como nos cuenta DJ Smart: "Fue por las propias leyes del mercado. Inditex compró el local y el dueño simplemente no nos renovó contrato, pero al final hasta nos vino bien ya que la sala de ahora, BUTT, hasta tiene más posibilidades".

"Ese es el problema", dice Abida: "La traba real que existe ahora mismo en la noche madrileña es que toda la Gran vía se está convirtiendo en un gran centro comercial y están chapando todas las salas. Zara, H&M y demás se están comiendo todo...".

Hoy recuerdo a Alberto De Las Heras, que fue presidente de la asociación de empresarios: su padre en la época de la guerra civil se quedó con la sala Flamingo y él estuvo peleando hasta que se lo quedó Zara. Las únicas salas que quedan en Gran Vía son de viejas y luego está la Reina Bruja, Cool, Alcalá 20 y poco más.

Imagen vía @cuencaclub

Y del terror a la tragedia: "Los problemas a la hora de pedir licencia vienen desde los 80 en realidad, desde el terrible incendio de Alcalá 20. Desde entonces, si quieres abrir un bar cualquiera te ponen mil problemas de salida de emergencias despejadas, metro cuadrado por persona, que si un escalón está mal, que si los baños... Te lo miran todo milímetro por milímetro: lo sé por el Long Play y más salas. No viene de ahora, te lo aseguro...", añade Abida.

Andrés Borque, actual promotor de Cuenca Club, no ve que sea para tanto: "Lo cierto es que debe ser que no vivo en este mundo porque yo he montado varias fiestas en diferentes locales y nunca me han puesto trabas ni he tenido ningún problema".

Bali Valiente, promotor de la sala Charada y actualmente formando parte del equipo de Stardust o Diamante, cree que en otras ciudades europeas es incluso peor y siempre lo ha sido. "Aquí en España somos muy copiotas, tanto para lo bueno como para lo malo, y queremos copiar todo lo que viene de fuera: desde los movimientos culturales hasta, desafortunadamente, las leyes nocturnas. En Londres, por ejemplo, las leyes en cuanto a clubs son mucho más restrictivas que en España. Ojalá fuese esto como en Berlín, por ejemplo", nos cuenta Bali.

Imagen icanteachyouhowtodoit vía Flickr

Chema García, el hombre tras el tristemente desaparecido Nasti, ha visto de todo a lo largo de los 13 años en los que estuvo al frente del club indie más importante de la escena madrileña. "Lo más gordo fue tener cerrar tres horas antes el local durante un año entero porque de pronto el ayuntamiento se sacó de la manga que el local no disponía de licencia de apertura. Todo este disparate concluyó con una demanda interpuesta por nosotros al propio Ayuntamiento y este dándonos la razón, pero nadie nos indemnizó ni se hizo cargo de todo este tiempo que tuvimos que cerrar antes", asegura Chema.

También añade: "Haría falta más entendimiento y diálogo por parte del ayuntamiento hacía las salas. Se me ocurren mil cosas, como subvenciones o préstamos a bajo interés a quien tenga que insonorizar, más flexibilidad en las licencias de actividad de locales...".

En cualquier caso, y por fortuna, luchar contra la noche madrileña es una batalla perdida de antemano. En una ciudad en la que se sale hasta los martes, la fiesta va implícita en el carácter de sus habitantes, que pueden ser quién quieran (o una persona diferente cada noche). Además, es una batalla perdida de antemano porque cuanto más se le ataca, más pecho saca la noche de Madrid.  Es incombustible.

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Texto Popy Blasco