esta exmodelo utiliza la fotografía para sobrellevar su depresión

La modelo convertida en fotógrafa Kimbra Audrey se sincera en un artículo para i-D sobre cómo utiliza los autorretratos para explorar sus problemas de salud mental.

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may. 24 2017, 7:25am

Destrozada por años luchando contra la depresión, la adicción y una traumática estancia en un pabellón psiquiátrico durante la turbulenta década en que trabajó como modelo ―empezó trabajando en la alta costura antes de pasar a trabajar en una agencia más comercial ―, Kimbra Audrey pasó a dedicarse a la fotografía y volvió a recomponerse. A continuación, nos habla de la importancia de su terapia creativa.

Llevo toda la vida sufriendo de depresión. Crecí en un hogar desestructurado y empecé a trabajar como modelo cuando tenía 15 años, en Seattle, como forma de escapar y ser económicamente independiente. Siempre he adorado la fotografía y la moda, de modo que una carrera como modelo parecía el empleo más lucrativo que podía tener siendo adolescente.

Me gradué en el instituto muy pronto y me mudé a Nueva York yo sola cuando tenía 17 años, para perseguir mi sueño de ser modelo. Trabajé en la alta costura cuando era más joven, pero la presión de tener siempre una talla 32 era demasiado para mí. Así que firmé un contrato con una agencia y empecé a hacer trabajos más comerciales. Sin embargo, nunca me acabé de sentir bien. Siempre había algo en mí que no encajaba: o era demasiado ancha, o demasiado delgada, o demasiado alta, o demasiado exótica, o tenía el cabello demasiado castaño... Y la lista sigue y sigue. Durante los primeros años, me costaba mantenerme en la misma agencia debido a mis cambios de peso. Mi autoestima estaba hecha trizas. Me odiaba a mí misma cuando me miraba en el espejo. Así que aprendí a interpretar un papel y a parecer segura de mí misma para los clientes cuando en realidad por dentro solo quería llorar. Estaba profundamente deprimida y me sentía vulnerable, pero no se me ocurría que pudiera dedicarme a otra cosa. 

Cuando tenía 19 años sufrí una sobredosis de drogas y alcohol y casi me muero. Tuve un fallo hepático y los médicos me dijeron que si no me hacían un trasplante me moriría. Me pusieron la primera de la lista, esperé una semana poniéndome cada día peor y finalmente, después de dos transfusiones de sangre, mi enfermedad empezó a mejorar. Fue un milagro. Pasé un mes en el hospital, la mitad de ese tiempo internada en la unidad psiquiátrica. Fue uno de los peores momentos de mi vida.

Con solo 19 años, era la persona más joven allí. Me desnudaron y me registraron. Me observaban mientras me duchaba. No había puertas, ni cerrojos, ni privacidad. Mi compañera de habitación era una mujer de 80 años llamada Katherine que pensaba que todos los días era su cumpleaños y se despertaba chillando en medio de la noche y tenían que sedarla. No se me permitía salir al exterior a respirar aire fresco o hacer ejercicio. La comida era repugnante y la mayoría de los días los pasaba sin comer nada. De pronto se producían peleas, los pacientes gritaban a las enfermeras, se gritaban entre sí, gritaban a las paredes. Me obligaban a tomar una medicación que me hacía sentir peor en lugar de mejor, pero si quería marcharme de allí tenía que demostrar que estaba, según sus estándares, "mentalmente bien", pero aquel lugar me estaba volviendo loca.

Cuando me dieron el alta decidí cambiar completamente mi estilo de vida. Físicamente estaba todavía muy enferma, mi hígado tardó casi un año entero en recuperarse del todo. Dejé de beber, me hice vegana y empecé a practicar yoga. Me sentía agradecida de estar viva, una sensación que no había tenido en años. Las cosas más simples me llenaban de alegría, como poder respirar aire fresco. Encontraba auténtica paz detrás de mi cámara. Había estudiado fotografía en blanco y negro en el instituto y siempre me había encantado fotografiar cualquier cosa, sobre todo a mis amigas.

Cuando trabajé como modelo para una amiga hace algunos años, me contó que ella también se había sentido muy deprimida cuando era modelo. Viajaba por todo el mundo, nunca permanecía en la misma ciudad más de unos meses, nunca tenía dinero, estaba cansada y se sentía muy sola. Empezó a hacerse autorretratos y aquello le ayudó mucho con su depresión. Inmediatamente fui a casa a fotografiarme, más como un experimento que otra cosa, y fue realmente difícil. Ni siquiera tenía un trípode, ponía la cámara en equilibrio sobre una silla o encima de unos libros. Y fue todo un desafío ser a la vez la fotógrafa y la modelo, a veces me daba una sensación extraña, pero también resultó muy liberador.

Los autorretratos me dieron el poder para crear fotografías que reflejasen el modo en que yo me veía a mí misma. Solo fotografío con carrete y no edito mis imágenes. En la industria de la moda casi todas las fotos se retocan, cuando era modelo a veces no podía ni reconocerme a mí misma. Quería crear imágenes sinceras de mí misma con el único motivo de obtener claridad mental, así que empecé a fotografiarme casi todos los días. Era una sensación increíble liberar mis emociones y plasmarlas en una fotografía, ya fuera alegría, ira o tristeza.

A través de mis autorretratos aprendí a ser vulnerable y a aceptar mi vulnerabilidad y verla como algo positivo. He aprendido a amar mi cuerpo, en lugar de sentir constantemente que no soy suficiente porque no uso la talla 32. Ahora me siento cómoda en mi piel y aprecio mi cuerpo tal y como es, algo que no había sentido en años. Me frustra que nuestra sociedad esté tan obsesionada con la perfección, llevar un maquillaje perfecto, tener un cuerpo perfecto y una vida perfecta. ¿Por qué no puede haber belleza en la imperfección? ¿Por qué no puede la gente simplemente ser natural y quererse como es?

Documentar mi depresión me ha ayudado más que cualquier médico o fármaco. Sin embargo, mi depresión nunca se ha ido del todo y no sé si alguna vez lo hará. Tuve otro intento de suicido el año pasado. Por suerte, mi mejor amiga fue a recogerme al hospital, así que no tuve que quedarme ingresada mucho tiempo. El sistema de salud mental que se aplica ahora está creado para el fracaso. La mayor parte del tiempo te recetan algo y te despachan rápidamente, sin hacer un seguimiento y sin comentar otras formas de tratamiento. Tratar mi depresión ha sido una lucha para mí y he estado dispuesta a probar cualquier cosa: medicación, terapia, acupuntura, ejercicio... Finalmente he llegado a un lugar donde sé cómo gestionarla mejor y ya no quiero hacerme daño a mí misma.

También dejé la profesión de modelo el año pasado después de nueve años de carrera y me mudé a París para centrarme únicamente en mi fotografía. Intento hacerme autorretratos todos los días. Incluso he instalado un cuarto oscuro en mi apartamento para poder procesar e imprimir mis fotos en casa. Hacer la fotografía, mezclar los productos químicos, revelar, secar, imprimir y escanear, todo forma parte de un proceso terapéutico para mí. Mis fotografías a veces pueden ser bastante oscuras, pero para mí es muy importante capturar todas mis emociones, las buenas y las malas. 

Si crees que podrías estar sufriendo una depresión, tienes problemas de autoestima o cualquier otro problema de salud mental, no dudes en ponerte en contacto con entidades como la Confederación de de Salud Mental Española en busca de apoyo y consejo. 

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Texto y fotografía Kimbra Audrey