en defensa de marissa cooper

Ella es una de las protagonistas del drama adolescente más criticadas de la televisión, pero es hora de empezar a rendirle el respeto que merece.

por Alim Kheraj
|
13 Septiembre 2018, 8:41am

El sol está brillando. Es verano en el Condado de Orange, California, y una adolescente está tomando el sol junto a una piscina en el jardín de su lujosa mansión. Su tranquilidad no durará. No tardará mucho en tener una fuerte discusión con su madre que acabará con los muebles del jardín tirados por la piscina. Esta es la ya icónica escena del primer episodio de la segunda temporada de The O.C, donde Marissa Cooper, su protagonista, empieza a colapsar.

Fue hace 15 años cuando la televisión se introdujo en el mundo glamuroso, lujoso, complicado y sórdido de The O.C. Fue una serie que, como Dawson crece, trascendió la nostalgia pura de aquellos que siguieron las hazañas de Ryan, Seth, Summer y Marissa mientras navegaban por el embriagador mundo de los dramas adolescentes; peleas, angustia, triángulos amorosos y sobredosis en Tijuana.

La premisa de la serie es bastante simple, honestamente. Después de ser arrestado por el robo de un automóvil, Ryan Atwood es acogido por la familia de su abogado, los Cohen. Con la madre de Ryan incapaz de cuidar de él, no pasa mucho tiempo antes de que Kirsten y Sandy lo adopten legalmente. Pero los Cohen tienen sus propios dramas. Ryan rápidamente se hace amigo del hijo de la familia, Seth, a pesar de que son dos seres humanos totalmente diferentes. Ryan es un chico malo y melancólico. Seth, un marginado social fan de los cómics y de la música indie. Y, en poco tiempo, los dos extraños se enamoran de las dos chicas más populares de todo el Condado de Orange: Marissa Cooper y Summer Roberts. El amor, la vida y la pérdida, naturalmente, unen mucho.

Pero mientras Ryan era nuestro punto de entrada a The O.C., y Seth y Summer fueron el respiro cómico que nos hacía reír, fue Marissa la que se convirtió en el alma del programa. Se acaba liando con el chico malo, Ryan, en parte para escapar de las diabólicas tramas de su madre, Julie Cooper, y las hazañas ilegales de su padre. Con su aire de adolescente rebelde y autodestructiva, el drama de Marissa siempre fue mucho más interesante que cualquier cosa que sucediera en la casa de sus vecinos los Cohen. Con excepción, por supuesto, de aquella vez en la que Kirsten tuvo que ir a rehabilitación y fue estafada por una mujer que conoció allí y que fingía ser una alcohólica en recuperación. Porque ese fue un momentazo.

Desafortunadamente, Marissa Cooper tiene una mala reputación. Retrospectivamente, la gente ha llegado a la conclusión de que Coop y sus travesuras en realidad eran bastante molestas. En nuestro cambiante paisaje de moralidad, Marissa ha sido vetada muchas veces. Hay muchos artículos que la califican como "el peor" personaje de la serie y, el año pasado, Buzzfeed la clasificó como el decimocuarto personaje más despreciado que haya aparecido jamás en la televisión.

Es cierto que ella no siempre fue fácil de amar (sobretodo en la temporada 3). Pero en mi opinión, sin embargo, el alcance de la virulencia dirigida a Marissa Cooper no está justificada. Probablemente se beba todo el vodka de su gigantesca mansión, arroje muebles a la piscina y en alguna ocasión tome prestado algo ajeno. Pero debajo de las faldas de Paul Frank y de los bolsos de Chanel, Marissa Cooper es en realidad un ser incomprendido. De hecho, ella fue quien hizo a The O.C. todo un icono.

Según un artículo de Bustle, Marissa Cooper es "el peor" personaje por su impacto negativo en la vida de Ryan. Personalmente, creo que el problema es la llegada de Ryan a la vida de Marissa. Es poco probable que la espiral de Marissa hubiera sido tan extrema (y fatal) si no fuera por Ryan. Tal vez, como sugirió su madre después del incidente en Tijuana, ella no habría tenido que buscar ayuda en un centro de rehabilitación. Por lo tanto, nunca habría conocido a Oliver ni se habría visto envuelta en esa trama fatal. Ella no habría pasado un verano bebiendo en una caseta de salvamento. Ella nunca habría necesitado disparar a Trey porque Trey nunca la habría atacado. No habría Johnny, ni Volchok, y en última instancia, ningún accidente automovilístico que dejara su cuerpo inerte descansando sobre el costado del pavimento mientras la melancólica melodía de "Hallelujah" de Imogen Heap nos hacía llorar a lágrima viva. Marissa Cooper podría haber estado bien.

Gran parte del odio hacia Marissa proviene de su pobre toma de decisiones y su aire permanentemente melancólico. Pero cuando se considera el tipo de trauma que experimentó en las tres temporadas de The O.C. antes de su muerte prematura, su impulsividad y su comportamiento irracional es comprensible. Sus padres se divorciaron y eran un completo desastre: él era un criminal y ella una psicópata intrigante que llegó a acostarse con uno de los ex novios de su hija. Luego está el impacto de dispararle literalmente a alguien. Marissa le disparó a Trey sin causarle la muerte para salvar la vida de Ryan. Ella nunca se recuperó del Trastorno de Estrés Postraumático que experimentó después de ese incidente.

Finalmente, su familia perdió todo su dinero, dejándola sola en un remolque mientras su madre exploraba el condado de Orange en busca de un esposo adinerado. Claro, no es lo peor que le haya pasado a alguien, pero si cualquiera pasa por todo eso, estoy bastante segura de que terminaría siendo tan irritante como Marissa. Su inexpresividad, su adicción al drama y la habilidad para mezclarse con adolescentes problemáticos no deberían usarse como munición contra ella.

Es fácil criticar a Marissa, pero cuando consideras lo que sucedió después de que su muerte, es difícil no reconocer lo importante que era para la serie. Su muerte dejó a los escritores y al elenco sin saber muy bien qué hacer después de ese suceso. Sin su tornado de drama, la serie pasó de ser un drama juvenil descabellado a una tontería indescriptible. Esto, junto con una caída extrema en la crítica y la audiencia, llevó a los creadores a poner fin a The O.C. tan solo 16 episodios después.

Quizás ahora, 15 años después de su éxito, es hora de hacer las paces con Marissa y lo que ella representa. Ella es una manifestación física de todos nuestros males adolescentes. Puede que no hayas sido tan extremista como ella, pero su crisis de identidad, su incapacidad para tomar decisiones responsables y la tristeza inherente que emitió representaban todas las duras realidades sobre nuestras propias experiencias adolescentes.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

Tagged:
Television
The O.C.
Seth Cohen
ryan atwood
marissa cooper
summer roberts
orange county
Serie
Cultura