Fotografía María José Govea

arcade fire en méxico y la importancia de la comunidad en la música

Nuestra colaboradora Susana Vargas conoció desde sus inicios a los integrantes de la épica banda canadiense y reflexiona el por qué de su éxito durante estos años.

por Susana Vargas
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12 Diciembre 2017, 5:30pm

Fotografía María José Govea

Montreal es una ciudad muy chica, bicicletera, y en el barrio donde vivíamos, Mile End, todos y todas eran artistas, sobretodo músicos que no querían seguir la ruta clásica, músicos experimentales. Cuando digo experimental, más que el género, me refiero a la acción, siempre están experimentando con diferentes proyectos a la vez. Crecer con una banda llamada Arcade Fire, en ese entonces no era excepcional, también existía Godspeed You! Black Emperor, Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra, Wolf Parade, The Unicorns, y Islands. Muchos de estos músicos se intercambian en diferentes proyectos y eran amigos cercanos.

Conocí a Sarah Neufeld, la violinista de Arcade Fire, en el 2001, en una clase de danza contemporánea en la Universidad de Concordia en Montreal, Canadá. Las dos estudiábamos la licenciatura y para el examen final de esa clase, yo baile y Sarah tocó el violín.


Arcade Fire ha venido a México en tres ocasiones. Durante su segunda visita, para tocar en el Vive Latino de 2014, coincidimos en México. En ese entonces fue cuando me enteré que eran una banda tan reconocida: tocaron en frente de casi 60 mil personas que aplaudían y gritaban sin parar. Desde los Beatles hasta Radio Head o Arctic Monkeys, estamos acostumbrados, a bandas de pop o rock que siempre tienen el mismo número de integrantes y en general es un número pequeño. Este no es el caso con las bandas en Montreal, y de Arcade Fire.

Casi todos los integrantes de AF tienen proyectos solistas, o distintos proyectos entre ellos. Este intercambio y combinación de proyectos, y estilos musicales nutre el éxito de Arcade Fire, pero para mí es el resultado de haberse creado en esta comunidad tan especial en Montreal, donde no solo se permite, pero también se impulsa todo tipo de experimentos. Pertenecer a una comunidad creativa como esta implicaba también pertenecer a un grupo de personas políticamente conscientes.

El último concierto que dieron en México este pasado noviembre en el Auditorio Nacional fue un éxito rotundo. Entraron al escenario como si fueran a luchar máscara contra cabellera en un ring de lucha libre y terminaron con mariachis tocando violines con ellos. Para Arcade Fire, México es uno de los mejores públicos, además de sentirse conectados por la gente que conocen aquí. El concierto duro casi dos horas y estuvo1 lleno de energía constante, todo el público de pie, saltando y bailando, mientras Will brincaba espontáneamente desde uno de los palcos tocando un tambor, Regine cantaba en la orilla del palco.

Arcade Fire como banda, se nutre estos proyectos de solistas de sus integrantes, y así se logran complementar. Los roles que cada uno tiene dentro y por fuera de la banda, han creado la dinámica tan peculiar que tienen sus conciertos en vivo. Han trabajado muy duro y tienen un talento excepcional, pero también han tenido mucha suerte. Su éxito, desde mi punto de vista, se genera dentro de una economía, sociedad y cultura que lo posibilita1. Es un privilegio crecer en una comunidad que no solo permite sobrevivir, sino también florecer.

Créditos


Texto Susana Vargas

Fotografías María José Govea

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