soy becario, no idiota

Tradicionalmente, los becarios -los de expresión cansada y frustrada; las que llevan las maletas y envían cajas a showrooms- han estado poco menos que esclavizados en el mundo de la moda, trabajando gratis para las principales empresas del sector...

por Tish Weinstock
|
19 Noviembre 2014, 11:20am

Photography Mitchell Sams

"¿Hay alguna razón por la que mi café no esté aquí? ¿Se ha muerto o algo así?": Son las frases literales de Miranda Priestly en El diablo se viste de Prada, la película que recuerda a todos los becarios por qué se piensan dos veces lo de ir al trabajo los lunes por la mañana. Sus tareas incluyen recados -tipo ir a por café o a comprar cartuchos para la impresora-, hacer devoluciones de ropa, trabajar algunos fines de semana, trabajar todos los fines de semana y/o estar a la total disposición de sus superiores: es decir, de toda la oficina. ¿Es en realidad tan horrible? ¿Es posible romper el círculo vicioso de contratar a becarios sin que cobren absolutamente nada?

Las escuelas y universidades -las públicas y las privadas- proponen a sus alumnos como y a empresas privadas la posibilidad de acceder a una bolsa de prácticas. En algunos casos, hay una cantidad mínima estipulada por una jornada de prácticas a tiempo parcial que ronda los 150 euros; en otros, sin embargo, las empresas ofrecen "una maravillosa oportunidad de aprender" que se complementa con una contraprestación económica nula. ¿Es necesario pasar por el aro?

Parece que algo está cambiando. Los becarios están comenzando a emprender y ser más activos. En Inglaterra ha surgido Intern Aware, una campaña nacional que defiende las prácticas pagadas de forma justa; también destaca el lanzamiento de Intern Magazine, una nueva publicación independiente dedicada a becarios y a su situación en la actualidad. El resultado es que jóvenes de todo el mundo están comenzando a enfrentarse a una situación abusiva y demostrando que sí, puede que sean becarios, pero que no son idiotas.

Además de esto, y en una historia que recuerda a David contra Goliat, el año pasado dos becarios denunciaron al gigante Condé Nast porque les pagaba menos del salario mínimo. Lauren Ballinger y Matthew Leib siguieron el ejemplo de Diana Wang -que había decidido denunciar a Hearst Magazines en 2012-. Sin embargo, Condé Nast respondió amenazándoles con finalizar su programa de prácticas y, con él, su sueño de trabajar para cualquiera de sus publicaciones.

No hay duda: la situación de los becarios tiene que cambiar. Se les debería pagar un salario mínimo obligatorio (o, en el peor de los casos, los gastos de viaje desde su casa al trabajo). Sin embargo, y tal y como versa la profecía de Karl Marx sobre cómo toda materia sólida al mezclarse con aire se vuelve real, con todo lo que está pasando en el mundo online cada vez hay menos dinero para papel -y poco, muy poco o nada para pagar a los becarios-. Y luego está el gustazo de tener en Internet todo a nuestro alcance combinado con el bajón de que las publicaciones online apenas tienen dinero -en el otro lado está la crisis económica, que por el momento dejaremos en paz-. Así que en teoría pagar a todos los becarios es una idea genial, pero, ¿dónde está el dinero?

Esta situación no significa que deberían prohibirse las prácticas, especialmente las de multinacionales como Condé Nast, que edita Vogue, Vanity Fair y GQ, entre otras. A veces uno tiene la sensación de que al igual que ha pasado con la fiebre de los gatos, de los selfies o de los tutoriales: quejarse de tener que hacer prácticas está de moda. Excepto en casos puntuales y abusivos, ni los becarios son esclavos ni las empresas son monstruos de ocho cabezas. O, al menos, ésa es mi experiencia.

La realidad es que sin pasar por unas prácticas puedes decir adiós a ganar experiencia de primera mano, olvidarte de hacer amigos que se convertirán en los futuros profesionales de éxito en el sector y, obviamente, ni soñar con firmar artículos con tu nombre. Todo el mundo empieza con unas prácticas: de hecho casi todos los que integramos i-D comenzamos así. Son como una especie de necesario rito de iniciación y, aunque suene a cliché, cuanto más tiempo estés de becario en una empresa, más posibilidades tendrás de quedarte allí -eso sí: siempre y cuando no te estén tomando el pelo-.

Por último, y además de servirte como primera experiencia en tu carrera, las prácticas también ayudan a saber si realmente quieres dedicarte a esa profesión. Si has hecho prácticas en empresas de moda y no han sido como esperabas quizá es porque simplemente el trabajo no es para ti. Como me dijo una vez un amigo: "Si no puedes soportar el calor mejor sal de la cocina".

@tishweinstock

Recomendados


Texto Tish Weinstock
Fotografía Mitchell Sams 

Tagged:
Paris
barcelona
Milan
Madrid
Londres
Tish Weinstock
mitchell sams
trabajar en moda