la historia política del pop

El nuevo libro del ex editor de i-D, Mateo Collin, es un viaje cargado de adrenalina a través de algunos de los focos culturales de las últimas décadas: de Public Enemy a Pussy Riot, de la escena techno anárquica de Berlín después de la caída del Muro...

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jun. 8 2015, 11:05am

Su carrera como corresponsal en el extranjero y como editor de The Big Issue y i-D, sus ideas progresistas, su pasión por la música y su buen oído fueron los factores determinantes que atrajeron a Mateo Collin a venerar el pop en su sentido más amplio y más allá de un mero entretenimiento. La música está politizada -sea consciente o no-, desafía constantemente el status quo, inspira a millones de personas y nos arrastra al futuro.

Altered State -su primer libro- se centraba en el acid house y en la cultura del éxtasis. El título es un paralelismo entre las propiedades alucinógenas del MDMA y las semillas de la transformación social. Con su último trabajo, Pop Grenade, Collin ha recopilado un total de seis ensayos que nos devuelven la energía opositora y la subversión que expresan los artistas a través de la música. "Este libro está basado en un reportaje en primera persona. "He tenido la suerte de experimentar situaciones muy inspiradoras y extrañas a lo largo de mi carrera como periodista y no quería incluir ninguna historia con la que no mantuviese una relación personal. Obviamente, es una obra muy subjetiva y no trata sobre historia de la música y la política", asegura.

El libro está enfocado en los encuentros de Collin con estos activistas iconoclastas del pop cultural y encontramos opiniones fascinantes sobre la aparición de las valientes Pussy Riot: "el colectivo artístico punk más incendiario de su tiempo, encarcelado y sometido a un juicio público absurdo al estilo soviético por maldecir públicamente al líder del país más grande del mundo", o capítulos como el de Public Enemy (que está escrito con el entusiasmo propio de un fan, pero sin olvidar el aspecto más crítico). Es lógico que el estilo sea tan atractivo como el contenido, ya que Collin asegura que el radicalismo tiene que ir más allá de escribir letras de protesta. "Lo que pasa con bandas como Public Enemy es que están dispuestas a ser tan musicalmente aventureras como políticamente radicales y eso es lo que las hace especiales. La música tiene que ser tan potente -o incluso más- que el mensaje. Como me dijo una vez Bill Adler, el relaciones públicas de Public Enemy en Def Jam Records: "Si no hubiera sido gracias a la música, a algunas personas no les habría interesado nunca la política", asegura el autor.

Está claro que el espíritu radical del acid house que nació en locales como el Garage de Nottingham no tenía nada que ver con la letra. No obstante, sí que consiguió sembrar la semilla del idealismo: "Cuando experimentas algo que te cambia la vida -como le pasó a toda esa gente que vivió en la época del acid house y de la cultura rave-, quieres pensar que es mucho más que un momento fugaz de felicidad, pero lo cierto es que sí fue mucho más para mí. Aquello fue mi entrada al mundo del periodismo y, gracias a todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, ahora he podido lanzar Pop Grenade. No suelo citar a Paul Oakenfold, pero tenía toda la razón cuando dijo que la experiencia del acid house te hace más fuerte y te anima a hacer cosas significativas".

Posteriormente, Collin se dio cuenta de que el radicalismo no era intrínseco a cualquier género o subcultura, si no que implicaba lo que los marxistas definieron como "las condiciones de la producción musical" (la independencia de la corporación diktat: el colectivismo) y el consumo (el partido libre o el aspecto de concienciación). "Había, sin duda, elementos socialmente radicales dentro de la escena en sí que iban más allá de la demanda de bailar hasta las 6 de la mañana. Sobre todo cuando los involucrados lo veían como una nueva especie de contracultura en lugar de como un simple concepto de entretenimiento tecnológicamente avanzado", nos cuenta.

Esta es la dimensión social de la música (su función como punto de reunión o su enfoque en la participación cultural y la acción) de lo que nos habla el capítulo sobre la Tekniva Scene, los anarco-crusties y "los sistemas de sonido psicodélico militantes". Ellos, a raíz del trascendental Castlemorton Rave y las medidas drásticas del posterior Criminal Justice Act, se fueron hacia el continente para crear un estilo de vida alternativo y nómada. Collin no puede ocultar su admiración: "Creo que se necesita una gran dedicación para vivir esa vida itinerante de sistema de sonido techno", explica. "Hay un compromiso casi ascético de ser un extraño, escuchar el acid techno más extremo y meterte las drogas más fuertes conocidas por la humanidad". Realmente admiraba a las personas que conocí en esa escena -el sistema de sonido Desert Storm, que hizo una serie de viajes de ayuda a Bosnia durante la guerra a mediados de los años noventa- como creo que se ve en el capítulo que escribí acerca de sus increíbles hazañas tanto en el extranjero como en el Reino Unido. Lo cierto es que eran hardcore. Creo que la cultura pop necesita más gente así: los radicales, los soñadores y los que van más allá que cualquier otra persona solo para ver el paisaje desde el borde del acantilado".

En otro capítulo, el periodista analiza el legendario Love Parade de Berlín y el papel del techno en la sanación de una ciudad dividida. "La caída del muro de Berlín en 1989 y la reunificación de la capital alemana fue un punto de inflamación cultural. Coincidió con el inicio de la escena techno y la gente bautizó esté género como "música de la liberación". No hay duda de que el techno ayudó a redefinir la imagen de Berlín en el proceso de convertirse el centro neurálgico de los librepensadores creativos.

Aun así, muchos creen que el Love Paradefue captado por la economía capitalista del ocio, diluyendo y aniquilando así su espíritu reivindicativo. Lo mismo que se ha dicho de Berlín, aunque Collin no está tan seguro: "Si nos fijamos en Berlín ahora, encontramos lo que parece ser una subcultura floreciente y, espero, sostenible. Tiene valores que son diferentes a la ética hipercapitalista del superclub. En cuanto a su vida nocturna, es lo opuesto a la ostentación y el gasto que encontramos en lugares como Ibiza: Berlín es cruda, desaliñada y relativamente barata todavía. Así que, a pesar del avance de la comercialización, sigue siendo un lugar donde los fans de la música pueden sobrevivir e incluso prosperar".

Sin embargo, ese poder de captación del capitalismo y el hecho de que la música "de vanguardia" y subversiva se pueda utilizar para vender cualquier cosa, presenta algunos problemas al pensar en lo que podría constituir el radicalismo musical actualmente. "La asimilación de las escenas 'underground' es mucho más sofisticada ahora", argumenta. "El patrocinio y las marcas comerciales se han convertido en una parte aceptada de las subculturas pop emergentes. Red Bull se ha convertido en uno de los mayores clientes globales de la cultura dance. Esta es una iniciativa de marketing dirigida a la venta de bebidas energéticas que tata de convencer a la gente de que una bebida gaseosa cargada de cafeína es 'guay', pero no veo mucha resistencia en contra de este patrocinio. Ahora lo sorprendente es no ver el logotipo de Red Bull en las discotecas".

Sin embargo, a pesar de que la música de hoy parece mansa y algo castrada, Collin tiene un optimismo implacable y cree que todos los géneros contienen la posibilidad de la disidencia, y que el poder incendiario de la música como arma todavía retumba en todo el mundo.

Trata de "héroes" a grupos como Public Enemy, The Clash y Fela Kuti, hay una banda de su ciudad natal que considera que captura a la perfección esa energía que tanto admira: "Me encantan los Sleaford Mods porque son el reflejo perfecto de la actitud y la austeridad británica de nuestros días a la perfección. Jason Williamson es puro cólera y es capaz de soltarle una serie increíble de groserías a cualquier persona que le moleste. Me recuerda a Arthur Seaton, el héroe de la clase obrera de la novela de los 50 Saturday Night and Sunday Morning, que trata sobre la vida de un trabajador de una fábrica en Nottingham. Es la definición perfecta de la palabra 'atormentado'. Así es exactamente como me sentí cuando me desperté el pasado 8 de mayo y vi los resultados de la elecciones del Reino Unido".

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Texto Scott Oliver
Fotografía Igor Mukhin