yoko ono nos enseña las claves para ser creativo

Como motivo de su nueva retrospectiva en el MoMA de Nueva York, hablamos con la leyenda del arte sobre su carrera, John Lennon y la sencillez.

por VICE Staff
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08 Junio 2015, 8:18am

La primera pieza que nos encontramos en la muestra retrospectiva de Yoko Ono en el MoMA de Nueva York es una simple manzana (bueno, lo es y no lo es). Es una 'Granny Smith' brillante colocada en un pedestal de plexiglás exactamente igual a la que John Lennon le dio un mordisco en la Indica Gallery de Londres en 1966: uno de los primeros indicios de la relación entre el arte y la cultura pop.

50 años más tarde, Yoko explica: "Apple es una pieza que siendo única y lo cierto es que no creo que nadie haya tratado de convertir la fruta en un objeto. En ese momento, hubo gente que se empezó a reír de la obra y se lo tomó tan enserio que la mordió. A mi me sentó muy mal porque no tenía que hacer eso, pero no le dije nada: solo me enfadé. Cuando se dio cuenta, paró y la volvió a poner en el pedestal. Fue realmente maravilloso".

"Que ambos reaccionaramos de esa forma es como una especie de camino en la memoria y los recuerdos", añade. Ahora, Yoko -a los 82 años- es honesta, abierta y reflexiva sobre el pasado. Dice que preguntarle sobre John es algo invasivo y anti-feminista porque la gente no debería centrarse en su compañero de vida, sino en su obra. Cuando llegué al edificio Dakota en el Upper West Side para entrevistarla, tuve que abrirme paso por una masa de turistas que estaban sacando fotos con el móvil en la entrada (donde Lennon fue asesinado en 1981), pero lo cierto es que el tema de su difunto esposo aparece en la conversación de forma natural y Yoko empieza a fusionar el pasado y el presente de una forma increíble. Eso es -en parte- lo que hace tan especial la exposición Yoko Ono: One Woman Show, 1960-1971.

En 1971, la joven artista japonesa "organizó una exposición" muy revolucionaria en el que -por aquel entonces- era un MoMA bastante aburrido. La llamó Museum of Modern [F]art y consistía en liberar cientos de moscas por los jardines del museo con un cartel en el que se invitaba a los visitantes a perseguirlas por toda la zona. "Pensé que sería divertido: como un gran chiste", asegura. En un vídeo de la performance, podemos ver a un joven preguntarle a un grupo de burgueses asiduos de los museos en Nueva York que qué piensan del trabajo y ellos responden confundidos, pero intrigados. Por tanto, se podría decir que Ono obtuvo el resultado que quería.

Los comisarios de arte del MoMA, Klaus Biesenbach y Christophe Cherix, se acercaron a Ono con una pregunta: "¿Qué tal si organizamos una retrospectiva sobre los años anteriores a la famosa performance?". En otras palabras, ¿qué tal si hacemos lo que el museo debería haber hecho en 1971?. Yoko nos cuenta: sido lo suficientemente profético en 1971 para darle una exhibición correcta? Como ella dice: "En aquellos días, las artistas eran rechazadas y no había artistas asiáticos en la industrias. Nadie pensaba en mí".

Sin embargo, ahora todo el mundo está preparado para apreciar su arte. Cientos de fans hacen cola a diario para ver la extensa exposición en la que podremos encontrar algunas de las obras más conocidas de Ono como Painting to be Stepped on (1960/61), Grapefruit (1964) y vídeos documentales de sus performances como Cut Piece (1964). Pensó que era muy interesante -en el buen sentido- que el museo decidiera mostrar únicamente 11 años de su obra (que alcanza ya los 60 años). "Aunque sea una pequeña muestra, en la imaginación puede expandirse", afirma.

Ono ve su aquella obra conceptual de 1971 como un sueño que la ha llevado a la retrospectiva actual y nos explica: "Trato de decirle a los demás lo que pueden hacer para crear aquello que más desean y cómo hacerlo".

Su obra -generalmente- trata de ese mismo poder de sugestión y de posibilidad. La sencillez de las instrucciones de que nos ha brindado en su obra ocultan su poder. Por ejemplo, en Beat Piece de 1963 nos dice: "Escucha un latido del corazón" y en O Earth Piece, "Escucha el sonido de la rotación de la tierra". Además, en plena entrevista me dio una nueva instrucción (¡oro puro!) para los lectores de i-D: "Cread vuestras propias instrucciones".

Cuando le pregunto si los vídeos de algunas de sus actuaciones pueden hacer que los espectadores se sientan como si estuvieran allí, me dice: "Bueno, eso depende de la persona. Algunas personas tienen mucha imaginación y ni siquiera necesitan que ver todo Cut Piece. Solo ven un poco y lo pillan, pero también hay algunas personas que pueden ver Cut Piece al completo y seguir sin entenderlo".

Uno de los súper poderes de Yoko es su capacidad para hacernos redescubrir las cosas más simples que nos rodean, como la redondez: "¡Todo es redondo! Nunca me había parado a pensarlo, pero el sol es redondo y la luna es redonda. ¿Y por qué los culos son redondos? No solo son redondos, sino que tienen movimiento muy complejo. Hay cuatro secciones y cada sección se mueve de forma diferente. Es increíble.", reflexiona.

El título de la expo, One Woman Show, juega con el legado de millones de 'One Man Shows' en los museos a través de la historia del arte. El feminismo de Ono es muy profundo: "Me encantan todas las mujeres. Es una cosa muy extraña de decir. Porque suena como una declaración política con mucho tacto. ¡No! La razón por la que estoy empezando a amar a cada mujer es porque las mujeres sufren mucho. Cada una de ellas. Y todavía están vivas. Y me maravilla el hecho de que sigan avanzando. Todas son tan valientes".

Antes de marcharme, Yoko empieza a bromear conmigo y nos inventamos un juego de asociación de palabras:

Manzana: "Naranja"
Pomelo: "Precioso."
Sexo: "Complejo."
Mujer: "Las amo."
Nueva York: "Llevo aquí mucho tiempo y ahora es parte de mí."
Guerra: "¡Por Dios! Bueno, hay que meterla al armario y cerrarlo".
Paz: "Algún día llegará y es importante creer en ella".
Amor: "Es la fuerza para todo".

Antes de irme, me giro para ver a Yoko -que no se ha quitado las gafas de sol ni el sombrero-, se levanta y empieza a gritar: "¡Corre la voz!".

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Texto Rory Satran
Iimágenes cortesía del MoMA de Nueva York