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conoce a los periodistas que están cambiando el mundo

Estos jóvenes e intrépidos periodistas hablan sobre las cosas que hay que hablar y lo hacen en plataformas globales y masivas donde todos podemos verlos. En una era llena de odio, chantaje, amenazas de muerte y atentados como los que sucedieron en...

por Sarah Raphael y i-D Staff
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07 Mayo 2015, 8:00am

Julia Macfarlane, 25, reportera en la BBC.

Cuando eras pequeña, ¿qué querías ser de mayor?
Quería ser David Attenborough. Cuando me hice un poco más mayor, me leí un libro de Rory Stewart que trataba sobre cruzar Afganistán a pie durante la invasión estadounidense: cambió mi perspectiva del mundo por completo y me hizo preguntarme cómo sería mi vida si hubiese nacido en un país como ese.

¿Cómo es trabajar para la BBC?
La cierto es que es maravilloso. Crecí como expatriada en Asia y mis padres escuchaban la BBC a todas horas: era nuestra única fuente fiable de información y me recuerda a mi hogar. Siempre quise trabajar para la BBC. He empezado a colaborar en varios boletines de noticias de BBC One a principios de año y es increíble trabajar con los editores y corresponsales senior. He crecido con la mayoría de ellos dando las noticias.

¿A quién admiras especialmente en el ámbito profesional?
A demasiados como para nombrarlos a todos. Estoy rodeada de gente que te inspira a diario: hay periodistas de la BBC Sri Lanka que han sobrevivido a intentos de asesinato y otros de BBC Persia que han sido expatriados por informar sobre lo que pasa en su país. Jeremy Bowen es la persona más trabajadora que conozco y sabe en todo momento lo que está pasando en el Oriente Medio. Igual que Cara Swift -su valiente compañera y productora-. Luego están Fred Scott y Darren Conway que son unos verdaderos artistas con la cámara: nunca me canso de ver lo que hacen.

¿Qué es lo más duro de tu trabajo?
Trabajar para la BBC conlleva una serie de responsabilidades que son todo un privilegio, pero a la vez es muy fácil agobiarse pensando en la infinidad de formas en las que puedes meter la pata.

¿Cuál fue la primera historia que cubriste?
Los primeros informes que hice en solitario para BBC, tanto para radio como para televisión, trataban sobre los refugiados sirios en el Líbano. Cuando salimos en directo, más de un millón de personas habían cruzado la frontera y mis informes trataban sobre los miles de personas que no se registraban como refugiados por miedo; por tanto, el número era mucho mayor. Me pasé semanas tratando de conseguir el testimonio de alguno de los refugiados, pero estaban tan asustados que no se registraban ni para primeros auxilios. Fue muy duro, pero de alguna forma conseguí que algunos hablaran sobre la situación por la que estaban pasando y fue algo realmente maravilloso ofrecerle al mundo sus historias a través de la BBC -tanto por el canal nacional como por el internacional-.

¿En qué historia dirías que te has involucrado más personalmente?
Pasé casi todo el verano pasado en una sala de prensa cubriendo el conflicto entre Gaza e Israel desde Londres para la web de noticias de la BBC. Lo cierto es que todavía me pongo muy tensa cuando pasa algo en Levante (que es la zona en la que estoy más interesada) pero antes me volvía literalmente loca porque viendo todo lo que le estaba pasando a esa gente no me sentía segura ni en mi casa de Londres. Mi traslado a Gaza era mi primera misión como parte del equipo (antes trabajaba como reportera freelance) así que me puse mucha presión aunque el resto de mis compañeros me ofrecieron todo su apoyo. Tenía que ir por mi cuenta grabando video-reportajes, haciendo radio y subiendo contenido a la web, por tanto lo más difícil fue tratar de compaginar todos esos formatos tan distintos sin olvidarme de los elementos básicos que tiene que haber en una buena noticia. Estoy muy orgullosa del trabajo que hice en Gaza pero, para ser mi primer trabajo, fue un reto de lo más complicado. 

¿Alguna vez has sentido miedo haciendo tu trabajo?
La BBC se toma la seguridad muy seriamente (incluso diría que a veces demasiado): a algunos periodistas les refiere con el apodo "tito" o "tita" para preservar su identidad y antes de ir a un destino conflictivo tenemos que pasar por una semana de entrenamiento para habituarnos al ambiente hostil. En comparación con el resto de mis compañeros he pasado por varios momentos de terror, pero también es cierto que he tenido experiencias de lo más interesantes: en Beirut me vi atrapada en una manifestación en la que nos rociaron con gas lacrimógeno, pero nunca me sentí en pelígro. Era más una sensación de mucha adrenalina. El verano pasado me encontraba muy cerca de una zona donde explotó una bomba que había puesto un suicida; sin embargo, hasta que no lo conté en la radio, no me pareció algo real.

¿Quién es la persona más interesante que has conocido en el último año?
Después de pasar un tiempo en Gaza, me trasladaron a Israel para conocer a la gente que vivía al otro lado de la frontera. Conocí a una familia de colonos que vivían al lado de los palestinos que llevaron a cabo el ataque a una sinagoga en Jerusalén el pasado noviembre y me contaron su historia: eran una gente muy amable y gentil que lo único que querían era vivir en paz y harmonía con el resto de sus vecinos. Me contaron que este tipo de conflictos son demasiado complejos y que no solo vale con comparar las dos versiones del problema y ya. Es cierto que hay que tener en cuenta las dos versiones de la historia y los pies en la tierra, pero también hay sentir algo de empatía por ambas partes y dejar que compartan sus perspectivas. El contexto es importante pero hay que tratar de ver las cosas desde todos los puntos de vista posibles.

¿Y cuál es la historia más extraña que has cubierto?
Fue más una experiencia extraña que la historia en sí: antes de trabajar para la BBC, estaba en el campamento palestino de Trípoli grabando de forma encubierta con un equipo freelance. La mitad del equipo fue descubierto después de que un espía alertara a las milicias de lo que estábamos haciendo (el ejército libanés no puede entrar en el campamento). Los detuvieron e interrogaron pero tanto mi compañero como yo pasamos el día escondidos en un zona de seguridad. Aquella noche era la Celebración del Sacrificio -la festividad musulmana más importante-, así que cuando se fue el Sol nos escapamos de incógnito y pasamos la fiesta con una familia enorme hasta altas horas de la madrugada fumando cachimba e intercambiando anécdotas. La recuerdo como una de las mejores noches de mi vida, a pesar de que el día empezó con una persecución y perdimos todo el material que teníamos hasta el momento.

¿Qué dirías que significa el periodismo?
Odio ponerme tan melodramática pero creo que el periodismo es una de las cosas más importantes a las que te puedes dedicar en la vida: es la piedra angular de una sociedad libre. Tenemos el deber de informar al público sobre los sucesos más crudos para luchar contra la presión y la intimidación de fuerzas externas y nuestro objetivo es hacerlo de la forma más honesta y precisa. He leído una cita por ahí que dice que una sociedad no puede ser libre sin libertad de expresión, y no puedo estar más de acuerdo.

Henry Langston, 26, editor de Vice News

¿Querías ser periodista o surgió por casualidad?
Supongo que llegue hasta aquí por casualidad. Empecé de fotógrafo cubriendo manifestaciones por Reino Unido, pero me di cuenta de que no podía contar la historia completa solo con fotos y me pasé al periodismo fotográfico. Me dieron la oportunidad de informar mejor al público, pero yo quería hacer las cosas de otra forma: quería escribir para gente de mi edad y Vice me permitía hacerlo.

¿A quién admiras en el ámbito periodístico?
Todavía me sigue fascinando Don McCullin: puedo decir -sin miedo a equivocarme- que es el mejor fotógrafo de guerra de todos los tiempos. Era muy perspicaz y su trabajo sobresale por encima del de sus compañeros. También respeto mucho al resto de mis compañeros. Algunos han documentado los conflictos en Ucrania. He podido ver reportajes maravillosos de esa guerra y es gracias a una nueva ola de periodistas que cada vez son más jóvenes, valientes e innovadores.

¿Qué es lo más difícil de tu trabajo?
Cuando te toca cubrir un conflicto ves muchas cosas brutales y desoladoras, y eso siempre es difícil. Aunque creo que lo más difícil es llegar a conocer bien a los civiles. Sus vidas están completamente dominadas y muchos se resignan a ese destino. Conoces gente que está tan acostumbrada a la violencia que, cuando oye un bombardeo, solo encoge los hombres como si fuera algo normal.

¿De dónde dirías que viene tu buena reputación?
Yo diría que de mi trabajo en Ucrania: desde los largometrajes que filmamos sobre las distintas etapas de la revolución hasta los cortos de la guerra en el este del país. Algunas piezas han tenido más de un millón de visitas, y eso es algo increíble. La mayoría de los que las han visto tienen menos de 25 años y a ese tipo de público es muy difícil llegar. Ni los periodistas más reputados lo han conseguido.

¿De qué iba tu primer reportaje?
Me tocó cubrir el arresto del antiguo presidente de Bosnia-Serbia, Radovan Karadzic: llevaba 15 años como fugitivo y lo buscaban por su papel en la masacre de Srebrenica que tuvo lugar en Bosnia. Cuando lo detuvieron, yo estaba en Belgrado trabajando en un proyecto de fotografía para la universidad. Ese mismo día, cientos de miles de personas salieron a las calles de la ciudad para apoyarlo. La protesta duró toda la semana, pero después lo extraditaron a La Haya y sus seguidores se enfrentaron a la policía. Yo me puse a hacer fotos de inmediato y fueron publicadas en la página de la BBC. En ese momento me di cuenta de que eso era lo que quería hacer.

¿Con qué reportaje te has sentido más involucrado?
Yo diría que con el de Ucrania. Lo he vivido tanto que me resultaría imposible dejarlo. Es un país lleno de gente increíble, fuerte y muy valiente. El mundo le ha fallado a Ucrania y con la mala propaganda ha le ha hecho la prensa es muy difícil que la gente se haga una idea de lo que realmente está pasando. Por eso me gusta pensar que nuestra cobertura ayuda a que la gente vaya más allá y no se quede solo con lo malo.

¿Alguna vez has sentido miedo mientras hacías tu trabajo?
De hecho, lo siento a todas horas. El año pasado cubrí varios episodios en Ucrania, Gaza e Irak, y todos han tenido sus momentos de terror: desde el bombardeo en el este de Ucrania hasta los tiroteos en Irak. Lo peor es cuando te quedas atrapado en un área que está siendo bombardeada porque la incertidumbre te deja destrozado. Yo -casi siempre- puedo irme, pero hay muchos civiles no tienen a donde ir y me sorprende mucho cómo a gente se adapta y maneja estas situaciones.

Aws Al-Jezairy, 25, reportera en Vice News

¿Querías ser periodista o llegaste a ello por casualidad?
Los medios de comunicación siempre me han interesado: estudié periodismo fotográfico en la universidad, pero cuando empecé el último año me di cuenta de que las imágenes violentas ya no tienen ningún efecto sobre el receptor y eso es muy peligroso. Ahí fue cuando empecé a interesarme en el periodismo audiovisual. El arte de contar historias en vídeo es algo muy poderoso si se hace debidamente. Nunca me interesó la idea de ser presentadora. Lo mío es la cámara, pero lo cierto es que la experiencia ha resultado ser maravillosa. Mis padres también forman parte de esta industria: mi padre fue periodista y jefe de redacción en una agencia iraquí de noticias y mi madre es productora, pero no diría que fuera eso lo que llevó a involucrarme en el periodismo. Estoy aquí por mis propios méritos.

¿A quién admiras a nivel profesional?
A Louis Theroux. El periodismo puede llegar a ser un mundo muy machista y egocéntrico, y siento que su enfoque dista de todo eso.

¿Qué es lo más difícil de tu trabajo?
La responsabilidad. La presión puede llegar a ser devastadora porque somos los encargados de informar de las cosas de las mejor y más honesta forma posible.

¿Cuál fue tu primer reportaje?
Uno sobre una manifestación en contra del abuso sexual en Egipto. Todo esto pasó poco después de que unos pandilleros violaran a una mujer en la plaza Tahir.

¿Con qué reportaje te has sentido más involucrada?
Con uno sobre los campos de refugiados sirios en Turquía. Siempre he querido visitarlos porque yo soy siria y nací en Irak. Aunque estemos saturados de imágenes cargadas de violencia, lo cierto es que la realidad me impactó más de lo que pensaba.Cuando estuve allí, tenía la sensación de que no le dediqué el tiempo suficiente o de que no hice todo lo que pude para ayudar a los refugiados. Sé que el periodismo y tener la posibilidad de compartir sus historias con los demás es un primer paso, pero pensaba que no les había hecho justicia. Aunque se ha hablado mucho sobre este conflicto, es algo que haría otra vez y mucho mejor.

¿Has sentido miedo mientras trabajabas?
Sí. El día que más miedo pasé fue cuando conocí a un hombre que se rumoraba que era un contrabandista de la ISIS en la frontera turca. Me puse paranoica y empecé a fijarme en todo lo que me decía y en todo lo que hacía, especialmente cuando me enteré de que los contrabandistas suelen secuestrar a gente para alcanzar su objetivo. Estaba con el cámara y traté de encontrar una forma discreta de decirle "vámonos de aquí, no me fío de este tío", pero no pude.

¿Y en qué reportaje te lo has pasado mejor?
Uno en el que Charlet Duboc (corresponsal de Vice) y yo nos montamos en un coche con un leopardo que iba a toda velocidad por el desierto de Kuwait.

¿Cuál dirías que es el verdadero objetivo del periodismo?
La humanidad.

Louise Callaghan, 24, corresponsal extranjera en The Sunday Times

¿Querías ser periodista o surgió por casualidad?
Es lo que siempre he querido. En cuanto me di cuenta de que te pagaban por ser cotilla, no quería hacer otra cosa.

Cuando eras pequeña, ¿qué querías ser de mayor?
Estaba entre ser un león o espía.

¿A quién admiras en tu campo de trabajo?
A Ron Burgundy. También a Courtney Weaver, la corresponsal en Moscú del Financial Times. Hace cosas como pasarse por los bares del este de Ucrania para conseguir pruebas de que envían a soldados rusos para participar en la batalla.
El trabajo de Lauren Collins en el New Yorker es divertido e interesante a la vez y te pude llegar a atrapar hasta con artículos absurdos que hablan sobre la estética de Ikea. Es muy difícil conseguir algo así. Mujeres impresionantes como Nicci Smith, Hala Jaber, Christina Lamb y la recién fallecida Marie Colvin y su labor en The Sunday Times fueron la razón por la que entré en el mundo del periodismo.

¿Qué es lo más difícil de tu trabajo?
Ponerme en contacto con la gente. Creo que -de media- solo una de cada diez personas a las que llamo contesta el teléfono inmediatamente. La semana pasada no me contestó nadie en tres días. Cuando tienes una fecha límite fijada y nadie te hace caso, acabas de los nervios.

¿En qué has estado trabajando últimamente?
Hace poco me mandaron a Dinamarca para investigar sobre los ataques terroristas en Copenhague. Al final pude contactar con Lars Vilks, el artista sueco que era el objetivo principal del atentado. Conseguí hacerle la primera entrevista para un periódico británico desde el ataque.

¿Con qué reportaje te has sentido más involucrada?
El año pasado fui a Calais (Francia) para hacer un reportaje sobre los inmigrantes que acampan en el norte de Francia a la espera para dirigirse hacia Reino Unido. Me resultó muy extraño caminar por el bosque y encontrar a miles de personas tratando de protegerse en la lluvia. Me da vergüenza pensar en cómo el Reino Unido los ignora por completo.

¿Quién es la persona más interesante que has entrevistado en el último año?
Pasé una semana muy extraña en Siria entrevistando a un yihadista danés sobre su relación con su ex mujer. Me contó la historia de su separación decidieron separarse y que le deseaba toda la felicidad del mundo. Ese tipo de cosas. Fue realmente extraño tener esta conversación relativamente normal -incluso llegó a enviarme emoticonos por el chat- con un asesino fundamentalista.

Milène Larsson, 31, reportera y productora de Vice

¿Querías ser periodista o surgió por casualidad?
Hice unas pruebas de acceso sobre medios de comunicación en Estocolmo, pero lo del periodismo simplemente surgió. Cuando era más joven, me interesaba más la música y el arte: toqué en varios grupos y hasta llegué a pensar que quería ser diseñadora gráfica. Después empecé a escribir y ya no quise parar. Nunca me imaginé que me convertiría en reportera ni que me dedicaría al cine. Creo que nunca me vi capaz.

Cuando eras pequeña, ¿qué querías ser de mayor?
Quería ser arqueóloga porque estaba obsesionada con la historia. En la primaria, me aprendí una especie de a-z de las ruinas y convencí a mi madre para que me llevara a Ábo en Finlandia. Allí quería visitar el castillo donde estuvo presa la reina Katarina Mánsdotter.

¿A quién admiras en tu campo de trabajo?
Admiro a mis amigos: son periodistas y fotógrafos freelance y tienen mucho talento. Gente como Andoni Lubaki, Olga Kravets y Karlos Zurutuza que se arriesgan constantemente cubriendo nuevas historias en condiciones muy difíciles y con una remuneración pésima. También me impresionan páginas web como openDemocracy, en las que se dedican a denunciar las injusticias con unos presupuestos muy ajustados.

¿Cuál dirías que es la parte más difícil de tu trabajo?
Soy productora, directora, reportera y presentadora, por tanto diría que lo más difícil es mantenerse concentrada en todos los ámbitos y asegurarte de que obtienes los mejores resultados, de estar al día con todo, de que tu equipo esté a gusto y de que la información que transmites delante de la cámara sea correcta. No importa lo organizado que seas;casi siempre te encuentras con situaciones impredecibles y de máximo estrés, días largos y pocas horas de sueño, así que estar alerta y a la vez parecer tranquilo frente a la cámara es más complicado de lo que parece. La ventaja que tiene este trabajo es te da la oportunidad de ver y experimentar el mundo de formas que mucha gente no puede y eso, para mí, es un privilegio.

¿Con qué reportaje te has sentido más involucrada?
El que más me ha afectado es mi proyecto más reciente. Se llama Europe or Die y se trata de una serie en la que viajo por toda Europa para descubrir -en primera persona- las practicas fronterizas y (cuestionables) pólizas migratorias de la Unión Europea y de la crisis humanitaria. Vi mucho sufrimiento, abusos de los derechos humanos y situaciones insostenibles. Conocí a mucha gente que, a pesar de ser consciente de los miles de personas que mueren en el mar, estaban dispuestos a arriesgar sus vidas por un futuro mejor en Europa.

¿Alguna vez te ha dado miedo hacer tu trabajo?
En Bangkok Rising (el documental de Vice News en el que participé) estuve documentando las protestas en Tailandia que llevaron al golpe de estado el año pasado. En algunas ocasiones, las cosas se pusieron muy complicadas porque la gente colaba explosivos dentro de los grupos y llegamos a estar en medio de tiroteo un par de veces. La peor noche fue la que visitamos el área más radical de la protesta. En plena entrevista con el líder del movimiento, escuchamos una fuerte explosión. Estábamos en medio de la muchedumbre y no nos podíamos mover porque la zona estaba rodeada de rejas y los que disparaban estaban afuera. No había forma de escondernos, así que tuvimos que tumbarnos en el suelo y esperar. Recuerdo que llamé a mi novio para que me ayudara a tranquilizarme porque sabía que si se enteraba mi madre, la mataría del susto. Lo más extraño de todo fue que, cuando cesaron los disparos, la gente se levantó y empezó a cantar y a bailar como si no hubiera pasado nada.

¿Quién es la persona más interesante que has entrevistado en el último año?
Poco después de los atentados de París, entrevisté a Luz: un caricaturista que sobrevivió al ataque de los yihadistas en Charlie Hebdo. Nos invitó a su casa para aclarar todos los malentendidos que habían promulgado los medios de comunicación. Él estaba muy traumatizado -evidentemente- y ambos sabíamos que le tenía que hacer preguntas muy duras.
Fue muy conmovedor porque contestó a todo de forma honesta. También consiguió reflejar la tristeza que sentía por la pérdida de sus amigos y lo absurdo que le resultaba que todo el mundo se haga llamar "Charlie" cuando, hasta hace poco, era solo una publicación pequeña, anarquista y satírica.

¿Y en qué reportaje te lo has pasado mejor?
Pasé diez días en una pequeña isla en Indonesia llamada Sumba: un área olvidada por la civilización moderna hasta hace más o menos un par de décadas. Era un lugar mágico repleto de chamanes llamados ratus y caballos salvajes. Me encantan los caballos. Estuvimos ahí para descubrir la Pasola: un ritual anual que conlleva un sacrificio de sangre para esperar la llegada de los gusanos de mar sagrados (que después se comían durante el festín). Los clanes se peleaban entre ellos con espadas montados a caballo hasta que alguno derramaba su sangre por el suelo para asegurar una buena cosecha.

¿Cuál dirías que el verdadero objetivo del periodismo?
Yo diría que es informar y tratar que la gente se interese por lo que ocurre en el mundo y a su alrededor. Si informamos a las personas de una forma interesante, con suerte llegarán a generar sus propias opiniones y puede que así la gente se anime a cambiar las cosas.

Aisha Gani, 25, reportera en The Guardian

¿Tenías vocación de ser periodista? Sí, esa era mi intención.
Cuando eras niña, ¿qué quería ser de mayor? Cuando tenía siete años quería ser bióloga marina. Y ya como adolescente quería ser comentarista de fútbol americano.

¿A quién admiras en tu campo de trabajo?
A Lyse Doucet, la jefe de corresponsales internacionales de la BBC.

¿Cuál es la parte más difícil de tu trabajo?
Hablar con las víctimas o con los testigos que puedan estar sufriendo algún tipo de trauma.

¿Cuál es tu método para escribir un artículo? ¿Por dónde comienzas?
Primero me preguntó: ¿Cuál es el objetivo? ¿A quién le importa? Luego lo tuiteo y pregunto por todos lados para obtener el mayor número de perspectivas posibles. También pienso en la mejor manera de contar una historia: si es mejor hacerlo mediante texto o si será mejor a través de un ensayo fotográfico o un vídeo. O simplemente un gran número de tuits incrustados.

¿Cuál fue tu primer reportaje, escrito o presentado?
Mi primer artículo publicado en un periódico nacional fue sobre unos zapatos deportivos Nike con una temática de cerveza Guinness el día de San Patricio, que fueron estúpidamente llamados Black and Tans. Los Black and Tans era el apodo de la fuerza de reserva de la Policía Irlandesa real, la unidad paramilitar violenta británica en Irlanda, durante la guerra Anglo-Irlandesa a inicios del siglo XX. Es muy insensible- alguien claramente no hizo bien su investigación al nombrar esas porquerías. Fue uno de los artículos más leídos ese día en la página de Internet.

¿Con qué reportaje te has sentido más involucrada?
He estado investigando sobre las tres niñas británicas que se decía que habían viajado a Siria. Me presenté la escuela el primer lunes después de las vacaciones y me quedé fuera desde las 8 de la mañana esperando alguna reacción de los padres, que estaban en estado de shock. Habían cámaras y camionetas por todas partes; todas estacionadas fuera del recinto.
Me afectó mucho su historia, sobretodo porque soy una mujer joven británica y bengalí. No podía evitar pensar en esas adolescentes y en qué podía haber salido mal. Los periodistas no tardaron en juzgarlas (esposas de yihadistas, hijas del demonio…). Sin embargo, sacamos conclusiones de forma muy precipitada y, por supuesto, sin conocer la versión de los familiares ni de los amigos de las niñas.

¿Has sentido miedo mientras trabajabas?
Todavía no. Vivo y trabajo en Londres, pero cada que me entero de un nuevo ataque terrorista, no puedo evitar pasar miedo. Pienso: ¿cómo reaccionará la gente con los musulmanes que no tenemos nada que ver? ¿Acaso esperan que me disculpe?

¿Quién es la persona más interesante que has entrevistado en el último año?
Conocí a un agricultor palestino increíble. Se llama Dawud y perdió 250 olivos que quedaron chamuscados tras los ataques israelíes en la zona del West Bank. Aún así, me dijo que volvió a plantar semillas de olivo y que, aunque tardarán más de diez años en dar fruto, todavía tiene esperanza: "Si no creyera que seguiré vivo en diez años, no los plantaría ¿O sí?" Nunca lo olvidaré.

¿Cuál ha sido tu reportaje más extraño?
Uno que realicé en un barco fantasma tripulado por ratas caníbales que se dirigía a las Islas Británicas. Sí, fui yo la que acabé con el mito.

¿Cuál dirías que el verdadero objetivo del periodismo?
El periodismo consiste en contarle algo nuevo a la gente. El objetivo de este trabajo también es desafiar a las personas e informar sobre hechos relevantes en un contexto significativo. Hay periodistas menos refutados que también son maravillosos, pero parece que si no eres un jefazo que lo pone todo en duda, es muy difícil convertirse en una voz creíble y auténtica.

¿Tienes algún mantra personal?
No juzgar. Pasa tiempo con aquellos con los que te identificas; es muy sencillo.

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Texto Sarah Raphael
Fotografía Harry Carr
Estilismo Bojana Kozarevic
Peluquería Louis Ghewy de The Book Agency con productos Moroccan Oil.
Maquillaje Natsumi Narita con productos M.A.C.
Set William Farr. 
Asistente de fotografía Andrew D Moores.
Asistente de maquillaje Naomi Nishida.