¿cómo serán los festivales de música en el futuro?

La cultura festivalera cumple 20 años en nuestro país y analizamos qué ha cambiado desde entonces y qué tiene que cambiar para que este formato no se quede obsoleto.

por Alberto Sisí
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27 Mayo 2016, 10:00am

Imagen vía @sonarfestival

Veinte son los años que han pasado en España (o están a punto de pasar) de algunos de los festivales con un recorrido más largo dentro de España. El concepto de macrofestival, con incontables escenarios, horarios imposibles de cuadrar para todo aquel fan de la música (y no solo de la fiesta bestial que suponen), cervezas en vaso de plástico y extranjeros abrasados por el sol llegó a España a finales de los 90. 

Si afinamos un poco más el tiro y apuntamos a festivales urbanos, de los que se mimetizan con la ciudad en la que se celebra, la edad no llega a la veintena pero se le acerca. Es por ello que las grandes marcas en este tipo de ocio buscan reinventarse. El futuro de estas citas musicales pasa por una reinvención que los siga haciendo atractivos, incluso a sus más fieles seguidores que ya superan los cuarenta (y en algunos casos los 50).

Si hacemos caso de lo que hemos visto hasta ahora, el futuro de estos eventos se encuentra en la proliferación de enclaves, por un lado, que ofrezcan un elemento diferenciador a aquellos que se decidan a acudir a uno u otro lugar. Centrándonos en uno de los festivales más longevos e importantes de España, el Sónar lo hace con sede en Escandinavia y Latinoamérica (y más, es probable que quede poco planeta por colonizar por parte de la cita más importante de la música avanzada) aunque ha pasado por Japón e incluso por Sudáfrica.

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Imagen vía @sonarplusd

Sea aquí o allí, eventos de tal magnitud tienen que buscar una minimización del impacto sobre los lugares en los que se celebran. Y sí, nos referimos a producir el menor número de residuos posibles y a descongestionar el tráfico de los lugares en los que se celebran. El ejemplo de cómo minimizar la huella ambiental de los asistentes pasaría por el cobro de una tasa junto al precio de cada entrada. Doloroso, pero necesario. 

El consumo de envases y la generación de plástico es otro tema a debate, la reducción del papel se consiguió hace ya varios lustros. Ahora falta reducir el tráfico rodado para llegar a las actuaciones y, de paso, las emisiones de vehículos. Acuerdos con plataformas como Uber o Cabify serían una buena opción. Lanzaderas con varias paradas, también. Cuando hablamos, en algunos casos, de hasta 200.000 asistentes, el problema de la contaminación no resulta baladí.

¿Y qué podemos esperar sobre el escenario? Los artistas aprovechan su paso por los festivales para replicar conciertos que podrías ver en cualquiera de sus giras. Quizá en un formato más reducido en tiempo, sí, pero iguales al fin y al cabo. Lejos quedan aquellas actuaciones sobre un fondo plano y negro de antaño, ahora la pirotecnia y las luces también tienen cabida dentro de los festivales. 

Imagen vía @chickenorpastasir

Incluso hay quien se aventura a señalar que en breve, las colaboraciones entre humanos y hologramas serán el pan nuestro de cada día. Ya sean muertos o no, los cantantes podrán ofrecer duetos con artistas que no estén físicamente presentes. Ya lo hizo Madonna en una de sus giras al cantar su 4 Minutes con un Justin Timberlake que ni estaba ni se le esperaba.

Precisamente en el avance de la tecnología se encuentran los futuribles de los festivales, concretamente en la pulsera de acceso. Se han reducido los costes que suponía instaurar una pulsera multifunción en cada uno de los asistentes y algunos festivales ya no permiten pagar con algo que no sea el dispositivo de la muñeca. 

Pero todavía hay más. Aprovechando el chip que muchas de estas pulseras poseen, ¿por qué no hacerlas propias de cada usuario? Esto haría sencillo la conexión vía redes sociales para no perdernos al ligue de turno o al colega para toda la vida al que le prometimos todo en el último set de The Chemical Brothers.

Imagen vía @sonarplusd

La tecnología aplicada al mundo de los festivales también ha conseguido que estos eventos se disfruten casi de una manera más completa desde tu ordenador, en la comodidad de tu hogar, que presenciados en vivo y en directo. Si antes, como mucho, conseguías que la radio oficial o la televisión que por allí paraba emitiera algún fragmento en un programa especial, ahora lo habitual es poder ver el streaming en tiempo real con multitud de ángulos y un sonido bastante cuidado. Se pierde el factor humano y la experiencia de pasar por allí y vivirlo en comunión con el resto de asistentes, pero ganan los artistas, pues sus actuaciones resultan mucho más disfrutables para quienes de verdad buscan conciertos (y se enfadan cuando oyen hablar a gritos al vecino de pista).

La realidad virtual se abre camino de esta manera en los festivales, quizá como el paso a seguir en citas a las que ya les cuesta soportar tal cantidad de visitantes. Ir a festivales está de moda y los recintos amplían de manera algo artificiosa sus capacidades. Si los dispositivos VR ya se pueden comprar prácticamente en cualquier gran almacén, quizá los festivales deberían aplicarse el cuento a la hora de ofrecer experiencias casi mejores que las que te da la entrada. ¿Un paseo por el backstage en tiempo real? Eso no lo puede hacer cualquiera y esto supondría una oportunidad de oro.

Sea como fuere, el futuro de estos eventos que cada vez reúnen a más gente pasa por hacerlos más friendly en cualquier categoría (desde eco-friendly a city-friendly, pasando por user-friendly). Y si pasamos de anglicismos, simplemente tendrán que ser más agradables para el usuario, para los enclaves en los que se sitúen y para el medio ambiente en general -aunque esto debería ser norma para todos los eventos y no sólo para los festivales-.

sonar.es

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Texto Alberto Sisí

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