Imagen cortesía de Pep Bonet. Río de Janeiro, Brasil. Abril 2012.

fotografías de las comunidades trans de brasil

Varios fotógrafos documentan a esta importante comunidad en un momento crucial de la historia de Brasil.

por Sam Davies; traducido por Eva Cañada
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12 Marzo 2018, 10:38am

Imagen cortesía de Pep Bonet. Río de Janeiro, Brasil. Abril 2012.

Este podría ser un momento decisivo para las comunidades queer de Brasil. En un país conocido en todo el mundo por tener una actitud liberal hacia la sexualidad y por sus festivales de género fluido, un reciente auge del apoyo a los valores conservadores profundamente religiosos está creando una división nacional.

Una exposición en Porto Alegre, Queermuseu, fue recientemente clausurada tras feroces protestas por parte de quienes afirmaban que fomentaba la zoofilia y la pedofilia. Otra exposición en el Museo de Arte de São Paolo se encontró con manifestaciones de hordas de cristianos evangelistas, cuyo número se ha incrementado y ha pasado de conformar el 9 por ciento de la población a suponer casi un 25 por ciento en los últimos 25 años. Los políticos de derechas también están aumentando su presencia. Sin ir más lejos, el obispo evangelista Marcelo Crivella fue elegido alcalde de Río de Janeiro en 2016 y el Presidente de centro-derecha Michel Temer sigue ostentando su cargo a pesar de las acusaciones de corrupción vertidas contra él.

Las comunidades transgénero de Brasil cuentan con una rica historia, que se remonta a los clubes nocturnos de Río de las décadas de 1950 y 1960, pero también han sido víctimas de un alarmante número de crímenes de odio. El 40 por ciento de los asesinatos de personas transgénero en todo el mundo se cometen en Brasil (según el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas). El año pasado, más de 170 personas transgénero fueron asesinadas en Brasil.

Mientras tanto, cada vez más fotógrafos están dirigiendo su lente hacia la cultura trans de Brasil. Las personas que aparecen en estas imágenes se están enfrentando a tiempos duros, a menudo viéndose obligadas a trabajar en la prostitución para ganarse la vida y experimentando prejuicios como parte de sus vidas cotidianas. Sin embargo, en medio de todo este tumulto, los fotógrafos a menudo han capturado la desafiante vitalidad que existe en estos grupos. Hablamos con las personas tras estas cámaras sobre su papel a la hora conservar una parte esencial de la cultura brasileña.

Imagen cortesía de Pep Bonet. Río de Janeiro, Brasil. Abril 2012.

En 2012, el fotógrafo español Pep Bonet pasó unos cuantos días con diferentes comunidades de transexuales en Río de Janeiro y las zonas circundantes para un proyecto llamado All Imperfect Things (Todas las cosas imperfectas). Shaw, de 19 años, resultó ser una modelo especialmente fotogénica (imagen superior), que vive en una habitación alquilada en una casa con más o menos otras 25 transexuales en Lapa, un vecindario de Río.

Aunque la casa, propiedad de la activista Luana Muniz, es algo así como un refugio seguro para ellas, las chicas que viven allí no tienen más opción que trabajar como prostitutas y muchas de ellas lo contemplan como el precio que tienen que pagar por querer cambiar. Por Skype, Pep me dice que se pueden sacar cosas positivas de la situación de las personas trans en Brasil, pero que todavía queda mucho camino por recorrer. Habla de un futuro en el que "se las tome en serio por su capacidad para hacer el trabajo que sea, no porque tengan un aspecto diferente al del resto de la sociedad”.

Cuando pregunto a Pep sobre el impacto de la derecha religiosa, su respuesta es contundente: "Creo que la iglesia ha cometido muchos errores y ha herido a muchas comunidades". Al preguntarle por casos específicos, señala hacia los sermones contra el uso de preservativos y la condena de las relaciones sexuales "no convencionales".

Imagen cortesía de Jetmir Idrizi. São Paolo, Brasil.

El proyecto de Jetmir Idrizi, TransBrazil, recibió el primer premio en la categoría de "Campañas" de los Sony World Photography Awards de 2016. Le pregunto por su papel en medio del clima político actual y me dice que documentar la grave situación de las comunidades LGBT+ nunca ha sido tan importante como ahora. Aun así, hace hincapié en la necesidad de representarles de manera positiva. "Era muy importante capturar el carnaval y las celebraciones", afirma. "Porque estos movimientos cruciales son una importante fuente de fortaleza".

Dicho eso, se muestra reticente a glamourizar ese estilo de vida. “No quería crear una imagen de cuento de hadas con respecto a la comunidad LGBT", explica. "La esperanza de vida de las personas trans es de 35 años, menos de la mitad de la media nacional". Para ese fin, sus fotografías poseen una cualidad seductora pero aun así contemplativa, como la imagen que mostramos arriba, de Ronalda Bi, una maquilladora de São Paolo.

Este contraste de las vidas de la población trans de Brasil ―entre la miseria y una imperante vivacidad― también sirvió de inspiración al fotoperiodista portugués Bruno Colaço. Para su proyecto An Ordinary World Cup Day (Un día cualquiera durante la Copa del Mundo), Bruno decidió capturar la vida cotidiana de tres transexuales en la ciudad de Campinas, en el estado de São Paolo, mientras se celebraba en Brasil la Copa del Mundo de la FIFA en 2014. “Simplemente quería retratar lo ordinario de sus vidas", me dice. "Conseguir que la gente sepa que estas chicas lucharon para llegar hasta aquí y aquello a lo que se enfrentan cada día me pareció un buen punto de partida”.

Imagen cortesía de Bruno Colaço. São Paolo, Brasil. 2014.

Las tres chicas en cuestión, Raíca (fotografía superior), Lara y Sasha, trabajan como prostitutas y dijeron que el incremento de la seguridad durante el torneo había tenido un impacto negativo en sus ingresos. No obstante, una clara actitud desafiante brilla a través de las sonrisas y del lenguaje corporal capturado en la obra de Bruno. “Resultaba obvio que, ahora, su día a día era como una declaración de principios", afirma. "Vivían la vida según sus propias reglas. No todo les iba bien, pero en cierto modo ellas tenían el control, para lo bueno y para lo malo".

La positividad desafiante es lo que une a gran parte de las comunidades más jóvenes de Brasil contra el resurgimiento de la derecha religiosa, a menudo de un modo deslumbrante. Y pocas veces se demuestra mejor que en las fiestas de Mamba Negra en São Paolo. Inaugurado en 2013 en respuesta a la opresión de las mujeres y de la comunidad LGBT+ en Brasil, Mamba Negra combina una machacona música techno con unos vestidos tan elegantes y deslumbrantes que quitan el hipo. La sección "Acerca de" de la página del grupo en Facebook ofrece nada menos que una definición de la mortífera serpiente cuyo nombre han utilizado: "serpiente venenosa con hábitos nocturnos libidinosos".

Hablando con Ivi Maigra Bugrimenko, fotógrafa oficial de Mamba Negra, da la sensación de que las fiestas contienen tanta diversión como carga política. Las personas trans que obtienen acceso VIP a todos los eventos de Mamba Negra aparecen en muchas de las fotos de Ivi. "Acabo haciendo un montón de fotos a las trans porque siempre tienen un aspecto exuberante", indica. "Y porque están ahí, justo delante de mí, disfrutando de la fiesta como todo el mundo”.

Este mes, el famoso Carnaval tomó las calles de nuevo. Ivi me cuenta que la celebración ha crecido tanto en tamaño como en importancia debido a la represión del estado ya que, igual que Mamba Negra, las festividades del Carnaval a menudo proporcionan un espacio seguro para expresión sexual. Sin embargo, este hecho no está libre de controversia.

Imagen cortesía de Ivi Maiga Bugrimenko. São Paolo, Brasil.

Pregunto a Ivi sobre la tradición de que los hombres asistan a las fiestas callejeras vestidos con ropa de mujer. "Es algo que la gente más joven y politizada asocia realmente con un tipo de humor anticuado que está desconectado de los avances de la lucha por la igualdad de géneros", afirma. Para las generaciones más jóvenes como la de Ivi, los hombres que llevan vestidos y faldas de mujer dan la sensación de ser una forma peyorativa de satirizar tanto a las mujeres como a los grupos LGBT+. "No tiene nada de divertido vestirse de mujer, ¿no te parece?". Y añade: "Solo es el reflejo de un estado opresivo y religioso".

Lo que nos devuelve al punto de partida, el impacto negativo de las enseñanzas religiosas sobre la población trans de Brasil. “La iglesia siempre está intentando echar una mano a los necesitados", dice Pep Bonet. "Pero lo que necesitamos en Brasil es una sociedad que comprenda lo que son estas personas, es decir, seres humanos con una orientación diferente o con un cuerpo al que no pertenecen".

Entre la compleja mezcla de emociones y temas que recorren todas estas fotografías ―adversidad, magnetismo estético y vitalidad desafiante, por nombrar solo unos pocos― se encuentra la humanidad subyacente, que es la que provoca un efecto más duradero. Quizá todo esto no haya sido capturado jamás con más maestría que en la imagen superior, una fotografía de Aline Becket en el backstage del Site Club, un local underground gay y trans ubicado a 50 kilómetros del centro de Río. Como un triunfo de la simplicidad, la modelo de la imagen se enfrenta al espectador con una mirada de prosaica vulnerabilidad. Es como si, con una sola mirada, nos viéramos forzados a preguntarnos por qué la sociedad está fallando tanto a las comunidades trans.
Pep me asegura que la fotografía por sí sola no es la solución y destaca la importancia de que el activismo trabaje codo con codo con el arte.

Pero, ¿se están dando pequeños pasos hacia una mejora de la situación? “Creo que es ahí donde entra mi trabajo", dice Pep. "Es importante porque ayuda a que la gente se abra y comprenda que son seres humanos que también tienen vidas, que también tienen familias, que también tienen sueños y desean un futuro mejor”.