breve historia de los disfraces usados por las 'celebrities' para escapar de los paparazzis

Esa inexplicable necesidad de los famosos por esconderse pero llamando aún más la atención.

por Philippa Snow
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30 Julio 2019, 11:03am

Bienvenido de nuevo a TMZ Theory, la columna de investigaciones sobre celebrities de Philippa Snow. Desde la peluca rosa de Taylor Swift hasta el falso bigote de Justin Bieber, esta semana hablamos del curioso afán que tienen los famosos de esconderse, pero hacerlo de tal manera que no pueden hacer otra cosa que llamar la atención.

Por la razón que sea, últimamente no paro de ver en todas partes el mismo GIF de Natalie Portman desnuda, con el pelo rosa, vestida para interpretar a una bailarina en la película Closer de 2004. Quizás tenga que ver con los colores vibrantes de la escena, su mirada fija y sensual, o quizás ese conjunto de lencería rosa palo con brillantes. Probablemente, lo que más llama la atención es su subtítulo: "Mentir es lo más divertido que una chica puede hacer sin quitarse la ropa... Pero es mejor si lo haces". El personaje, una stripper llamada Jane Jones a quien le gusta Alicia en el país de las maravillas, contesta a un cliente que le pide que diga "una cosa verdadera". Ella no defrauda.

Uno de los placeres más grandes y raros de un símbolo sexual deseable y reconocible podría ser algo de privacidad: la oportunidad de ofuscarse, de esconderse. Sin duda, Natalie Portman, persuadida no solo por la invasividad de los medios de comunicación sino también por la destrucción pública de su privacidad por parte de ciertos hombres de mediana edad, puede dar buena cuenta de ello. "Abrí con entusiasmo mi primer correo de admiradores", dijo a la multitud reunida en la Marcha de las Mujeres de 2018, y acabé leyendo una fantasía de violación que un hombre me había escrito. En la radio local se inició una cuenta atrás de mi cumpleaños número 18, eufemísticamente la fecha a partir de la cual ya no sería un delito dormir conmigo. Los críticos del cine hablaron sobre mis pechos en ciernes en las reseñas". ¿Quién no querría mentir, o mantener una parte de sí mismo en secreto, en circunstancias como esta? En la escena final de Closer, el personaje de Portman se ve en una calle de Nueva York, girando la cabeza a un ritmo asombroso. En la vida, como en la Marcha de las Mujeres, parece haber aprendido a atenuar su extraordinaria belleza, como lo hizo Marilyn Monroe cuando quería pasar desapercibida.

Ocultar a tu yo famoso es a su manera una forma de desvestirse, huir de lo que te hace reconocible y pasar al modo oscuro. Si el mundo te conoce como Alice, ¿quién crees que fue Jane Jones? Cuando un rumor infundado circuló brevemente en la prensa rosa este año afirmando que Taylor Swift había usado una peluca rosa para esconderse de los paparazzi, era difícil no creer que podría haber estado haciendo referencia a esa escena de Closer. Lo mismo ocurrió cuando Britney Spears, para ocultar su cabeza rapada en 2007, se puso una de manera casual como si fuera una gorra de béisbol, como si dijera: "Mentir es lo más divertido que una chica puede hacer sin quitarse su personalidad... Pero es mejor si lo haces”. Y a veces, lo admito, es mejor: nunca me había intrigado más una imagen de Katy Perry como aquella en la que aparece tapada de pies a cabeza con una toalla de Chanel. Tampoco puedo olvidar el momento en el que Justin Bieber se puso un bigote y una perilla de mentira para burlarse de los paparazzis, aunque fuese en forma de sátira. Rita Ora, cuyo estilo suele ser más bien pin-up, llamó la atención de los flashes cuando salió vestida de un rapero fantasma.

"Por tentador que sea tocar la campana del reconocimiento perpetuo, todavía hay un deseo de ser visto que sobrepase cualquier deseo de desaparecer por completo".

Cuando las personas famosas deciden esconderse, se da una situación interesante al verlos intentar regresar a sus vidas antiguas, el efecto no es diferente a ver a un mago aficionado tratando de ocultar un conejo blanco en un sombrero hecho polvo. Por norma general, el resultado suelen ser imágenes dignas de disertaciones, como con esta fotografía extraordinaria de la actriz y ex estrella de Nickelodeon Amanda Bynes, arrestada con una peluca que nos recuerda mucho a un trabajo de Cindy Sherman: "[ella] se presenta a sí misma de una manera que nunca haría una modelo", afirma el crítico Martin Gayford sobre la imagen de Sherman, ofreciendo involuntariamente una descripción justa de Bynes en mitad del colapso. "Desesperada, con los ojos desorbitados, aparentemente sufriendo una resaca severa, con el cabello enmarañado".

Tampoco podemos olvidar una secuencia de 2016 en la que Kim Kardashian, de vacaciones con Joe Francis en su propiedad de México, engañó a los paparazzis con una amiga que se le parecía mucho y llevaba puesto el mismo biquini que se había puesto ella esa semana. El hecho de que Kim y el señuelo de Kim tuvieran caras completamente diferentes apenas importaba, dada la atención garantizada que se le prestaría al cuerpo del doppelganger. Leonardo DiCaprio, por su parte, a quien se le permite tener una vida privada porque es un hombre de mediana edad que ha elegido parecerse a un hombre de mediana edad, ha ideado su propia táctica para camuflarse: enterrarse la cara en gorras y cuellos de sudaderas demasiado sucias.

La mayor ironía es que solo una cosa funciona al esquivar a los paparazzi, que es evitar disfraces elaborados y simplemente actuar con naturalidad: volver a usar atuendos, de forma aburrida y poco sensual, hasta que las imágenes de la vida real carezcan de interés. Kristen Stewart, que una vez también probó una peluca rosa como un medio para ocultar su luz extraña y malhumorada, ha sugerido que su amor por la ropa de gimnasia y las camisetas fuccboi-ish tiene mucho que ver con pasar desapercibida. "La razón por la que me pongo ropa sencilla es porque no quiero dar nada [a los paparazzi]", explicaba en 2012. "Literalmente, salgo todos los días de la misma manera, por lo que no pueden decir nada”. Se necesita una personalidad inusual para querer ser totalmente anónimo, por lo que aparecer como cualquier persona es un disfraz menos popular que una bolsa de papel en la cabeza, o una máscara de tigre, o un traje hecho para parecerse a un pepperoni, o una hoja de papel con un mensaje moral urgente garabateado en tinta. Por tentador que sea tocar la campana del reconocimiento perpetuo, todavía hay un deseo de ser visto que sobrepase cualquier deseo de desaparecer por completo.

El verdadero nombre de Natalie Portman, de todos modos, es en realidad Natalie Hershlag, y si crees que has visto todo su cuerpo, estás equivocado. Recuerdo que una vez, ocultándose de los paparazzi, llevaba un sombrero rosa colocado de tal manera que a primera vista parecía que llevaba la famosa peluca de Closer, lo que probablemente fue un accidente, pero aún así la situación produjo una imagen indeleble. "Creo", le dijo a CBC el año pasado, "que todavía puedo caminar por la calle sin que me reconozcan".

Lo que hace que la frase de Closer sea tan potente, es precisamente el hecho de que justo antes de eso, el hombre que intenta convencer a Jane de tener relaciones sexuales con él desata una diatriba. "Todas las chicas en este infierno", ruge furiosamente, tratando de convencerla de que ella le debe su fuerza a su sensualidad, "los robots neumáticos, las muñecas de silicona, y tú no eres diferente. Todas vosotras usan nombres artísticos para referirse a otra persona, por lo que no sienten vergüenza cuando muestran sus coños para complacer a jodidos extraños. Pensáis que no habéis dado nada de vosotras mismas". En sus zapatos, estoy seguro de que elegiría esconderme también.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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